viernes, 2 de marzo de 2012

Mark Twain íntimo

A los que nos apasiona la literatura, no sólo nos satisface leer una buena novela, o un buen libro de poesía. Una de las cosas que más nos agradan son los libros de memorias en los que conocemos las vicisitudes del día a día del oficio de escritor.  
El libro que hoy presentamos, Cartas de amor, de Mark Twain –Editorial Funambulista- , no sólo aporta el aspecto de unas cartas que nos pueden dar muchas ideas a la hora de coger papel y pluma, o un teclado, y escribir al ser amado, sino que se convierten en una especie de diario en el que Mark Twain -o Samuel L. Clemens, su nombre real, y con el que, evidentemente, firma sus cartas- va relatando su periplo por Estados Unidos dictando conferencias.
Para los lectores más jóvenes, supondrá toda una revelación descubrir los usos amorosos del final del siglo XIX en un país como Estados Unidos, que estaba a la vanguardia del liberalismo mundial. Ellos deberían darse cuenta de que, si esa era la vanguardia, un país como España, por muy liberales que fueran los isabelinos, debería tener unas tradiciones absolutamente impensables hoy en día.
Frente a otros epistolarios repasados en esta sección, el que hoy proponemos destaca por su frescura, naturalidad e intimidad. Recuerdo, por ejemplo, el que vimos recientemente entre Máximo Gorki y Antón Chejov, en el que se hablaban de usted. En este sentido, creo que las Cartas de amor, de Mark Twain son las que más se podrían aproximar a la redacción de hoy en día. Las que más útiles serían a nuestros lectores a la hora de tomar prestada una idea o recuperar un giro que nos llame la atención por su belleza.
Esta propuesta no es tan descabellada. En la biblioteca de mis abuelos aparecieron libros relativos a la correcta redacción de cartas. Desde una adecuada elección del papel, los espacios, los encabezamientos, las abreviaturas, hasta los contenidos, suponían una ayuda virtualmente desaparecida hoy en día. A falta de estos libritos, no estaría de más leer algún buen libro de este tipo para mimetizarse con un buen estilo epistolar.
El aspecto formal nos lleva a una de nuestras editoriales favoritas en cuanto a la presentación. Los ejemplares de la Editorial Funambulista suelen destacar por lo acertado de las cubiertas, y sobre todo, por el buen gusto.

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