Esperó a que se fueran todos de la oficina; esperó a que ella se pusiera el abrigo y, turbada, se dirigiera a la puerta. Allí, contra el quicio, Pessoa se abalanzó y la besó ardientemente, como nunca había besado a una mujer. Como nunca besó a otra mujer. Aquella noche del 24 de enero de 1920 quedó grabada en la memoria de Ofélia, pero no tanto en la de Fernando. Ella tenía 19, él los 32: “Me quedé loco, me quedé tonto / Mis besos no vinieron a cuento. / La apreté contra mí, / La enlacé en mis brazos, / Me embriagué de abrazos, / Me quedé tonto, eso fue todo”, escribió el poeta. Pasión, desazón y desasosiego, mucho desasosiego. Luis Morales reproduce en Un amor como éste uno de los grandes culebrones del siglo XX del mundo literario, el de Fernando Pessoa (1888-1935) con Ofélia Queiroz (1990-1991) , la única mujer en la vida íntima del atormentado genio portugués. Vaya por delante que nada nuevo hay en el material que maneja Morales. Su mérito, que no...