viernes, 16 de marzo de 2012

18ª reseña sobre La fórmula preferida del profesor


Una lectura que tenía pendiente desde hacía mucho, es la de La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa. Quizá conozcáis la fórmula: se publica un libro, oyes hablar de él, quieres leerlo y lo compras, lo sacas de la biblioteca o lo que sea. Pero el libro languidece en un rincón hasta que un día te acuerdas de él. Esto es lo que me ha pasado con esta novela. Pero gracias a Isi y su lectura conjunta, el libro pudo salir de la wishlist. Y lo único de lo que me arrepiento es que se haya pasado tanto tiempo en el limbo.



La fórmula preferida del profesor me ha entusiasmado. Tenía dudas al momento de empezarlo, como otros, puesto que las matemáticas, un tema presente en todo el libro, no me entusiasmaba mucho. Pero han sido superadas con creces.


"Mi hijo y yo le llamábamos profesor. Y el profesor llamaba a mi hijo "Root", porque su coronilla era tan plana como el signo de la raíz cuadrada."

Así es como Yoko Ogawa nos introduce en la historia. De repente nos encontramos en un pequeño despacho, junto a tres personas, los tres protagonistas, concentrados en resolver "qué magia es la que coloca los números bajo el símbolo de la raíz cuadrada". Magia, matemáticas... la idea me ha trasportado desde el principio a Los viajes de Gulliver, donde había una isla voladora donde las matemáticas y la geometría sonaban tan perfectos como una buena pieza musical.


"- [...] Si hubieran sido descubiertos por nosotros, nadie tendría tantas dificultades, y los matemáticos no harían falta siquiera. Nadie fue testigo presencial del nacimiento de los números. Cuando nos dimos cuenta, ya estaban ahí. 
- Por eso las personas inteligentes están dale que dale para entender su mecanismo, ¿verdad?
- Nosotros, los seres humanos, somos demasiado estúpidos para haber creado los números."

En fin... volviendo al Japón de los años 90, previos a los Juegos Olímpicos de Barcelona, nos encontramos con estos tres personajes, el profesor, su asistenta y su hijo. El profesor perdió la memoria en un accidente de coche durante los años 70 y su memoria es incapaz de funcionar más allá de 80 minutos. Su asistenta es una madre soltera que ni siquiera ha llegado a los 30 años y que está sola en el mundo junto a su pequeño hijo Root. Los tres son el motor de la historia y en su historia les vemos evolucionar y crecer, pero también esforzarse y luchar. Las matemáticas son la ¿excusa? para ver a través de ellas sus relaciones y su espíritu. A pesar del poco tiempo que he tenido para leerla, se me ha hecho muy rápida porque no cuesta nada meterse en ella gracias al lenguaje que emplea Ogawa, sencillo, directo y a la vez, poético. En esto es muy japonesa. Igual que en la obsesión de Root y el profesor con el béisbol, el deporte nacional de Japón.

Si tuviera que escoger a uno de los tres protagonistas, me quedaría con Root sin dudarlo. Root me parece un amor. Un niño pequeño, que crece casi solo, pero que como su madre, es despierto e inteligente. Si ella fue una niña que aprendió enseguida a cuidar de si misma, Root aprende a hacerse adulto gracias a su relación con el profesor. Recuerdo sobre todo aquella escena en la que se da cuenta del desconcierto del profesor cuando le menciona que uno de sus jugadores favoritos de béisbol ya se ha retirado.

Incluso la dedicación del profesor por las matemáticas ha hecho que me entraran ganas de tomar notas e incluso como la protagonista, he pasado un tiempo intentando buscar la solución a los problemas que se plantean en el libro. Quien lo diría de alguien a quien no le gustaban demasiado las matemáticas (aunque sí hacer cálculos como los de la novela)...

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