La desaparición que amenaza a los libros de los escritores recién fallecidos no se cumple cuando éstos cuentan con discípulos, lectores, amigos o familiares que los defienden y reivindican. El caso del antropólogo y unas cuantas cosas más José Antonio Jáuregui es paradigmático a este respecto. Fallecido en 2005, Jáuregui cuenta con una legión de todo lo dicho. No ya familiares (él tuvo cinco hijos), a los que el amor y la fidelidad se les supone, sino lectores, amigos y colegas, etiquetas que no son excluyentes. Incluso quienes no le conocieron en persona, pero sí por sus obras. Este es el caso de Max Lacruz, editor de Funambulista. Fiel a su principio de publicar voces nuevas o no nuevas pero que conviene que no se dejen de escuchar, ha querido recuperar algunos títulos importantes de José Antonio Jáuregui. Ha empezado por El ordenador emocional, y con motivo de la reedición se ha celebrado una mesa redonda en la Fundación Ramón Areces en homenaje a este pensador que ...