viernes, 29 de junio de 2018

"Corazón de las tinieblas" en Sonograma Magazine


Joseph Conrad hizo de sus vivencias como marino y trabajador para una empresa de expolio de marfil, un banco de pruebas para sus relatos. Novelas como Lord Jim recrean el universo náutico, desde todas las perspectivas posibles: partiendo de los entresijos técnicos hasta llegar a la visceralidad más humana, del hombre en lucha contra el mar. Y en Corazón de las tinieblas vuelven a surgir los mismos demonios del enfrentamiento contra la naturaleza, forzada por la codicia de los europeos, y contra los “salvajes” que se cruzan en el trayecto.
Conrad es consciente de la magnitud de la destrucción, y proyecta en el relato de Marlow una visión de África llena de oscuridad, pantanos y niebla, que no son otra cosa que el correlativo geográfico de los remordimientos que el hombre blanco provoca con su barbarie “civilizada”. Un entorno hostil e incomprensible, que destruye físicamente y acerca a la locura -o a la fascinación y al misticismo- a quienes se adentran en él.

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Sangre en la hierba en La Razón

David Cerdá, entre muchas otras actividades que le ocupan la vida, se dedica a pensar y a reflexionar. En ocasiones lo que saca de esas cavilaciones lo pasa a papel y le sale un libro como «Sangre en la hierba (Los porqués del fútbol)», editado en Funambulista, que dedica a trata de explicar por qué lo amamos u odiamos de manera tan visceral. A primera vista parece una cuestión fácil de dirimir, pero como sucede con las grandes cuestiones de la existencia humana, y el fútbol es una de ellas, no hay una respuesta clara que desvele el origen de una pasión de estas proporciones. «Se trata de algo terrenal, que todos podemos hacer», explica mientras trata de encontrar una explicación saludable. Al ser algo terreno, sus héroes, los futbolistas, adoptan la forma de los grandes héroes clásicos al asumir lo mejor y lo peor de nosotros. Tienen las mismas pulsiones: honradez, elegancia, suerte, solidaridad, por hablar del lado positivo, pero también lo peor de la mala bilis que todos llevan en su interior. «Podemos sentir empatía por lo que sucede en el campo, porque en cierto modo es una especie de metáfora de la vida».
El autor ahonda en «un deporte de pobres», porque no se necesita nada más que algo para darle con el pie. En cualquier calle del mundo, un niño o un anciano puede sentirse como el mejor delantero centro al meter una lata de refrescos por un hueco hecho en la pared. Es la magia. «Se trata de un deporte que está lleno de cenicientas, es muy injusto a veces y presenta grandes miserias». Por eso, pese a que ahora no haya tantos, los jugadores con vidas complicadas, los antihéroes, reciben los mayores elogios, las grandes muestras de adhesión y el honor de colocarse en la cima de los semidioses del balompié. Ahí están Cruyff, Best, Maradona o Mágico González; personalidades repletas de aristas ante las que no se puede enfrentar casi ninguno de los grandes astros, como dicen en Sudamérica, del panorama actual. Vidas que sirven al resto de la humanidad de espejo en el que mirarse para amar o para odiar.

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lunes, 25 de junio de 2018

James Joyce i l''Ulisses'

James Joyce i l''Ulisses': Avui commemorem el Bloomsday, el dia en què transcorre la novel·la més revolucionària de James Joyce. Parlem d''Ulisses' amb el primer gran traductor al català, Joaquim Mallafrè; els escriptors Borja Bagunyà i Lana Bastasic, creadors de l'Escola Bloom; la Maria Bohigas; el Jordi Puntí, i també amb l'autor de la nova traducció (Funambulista), Carles Llorach Freixes.

jueves, 14 de junio de 2018

Entrevista a Loreto Urraca en el programa "Contratiempo" de Radio Círculo de Bellas Artes sobre su libro «Entre hienas»


'Entre hienas', la novel·la al voltant del policia franquista Pedro Urraca escrita per la seva neta

'Entre hienas', la novel·la al voltant del policia franquista Pedro Urraca escrita per la seva neta: Loreto Urraca descobreix fa deu anys, gràcies a una tesi doctoral presentada a la UB, quina era la feina del seu avi. Pedro Urraca va ser un policia franquista destinat a París que va col·laborar amb la Gestapo i tenir l'encàrrec de perseguir els polítics republicans refugiats a França. Va ser també el policia encarregat d'acompanyar el president Companys fins a la frontera espanyola per entregar-lo als franquistes, que el van afusellar.

Entrevista a Loreto Urraca en el programa «La Nit» de 8tv


miércoles, 13 de junio de 2018

La vida y las aventuras de Jack Engle en el blog de Jimena de la Almena

Su lectura me ha parecido: interesante, a ratos divertida, en ocasiones terrible por la situación de los personajes, inocente, iniciática...No se si he comentado alguna vez por aquí que, y si no lo confieso sin problemas ahora mismo, El club de los poetas muertos es una de mis películas favoritas. Lo se, dado que soy una apasionada de la lectura y de la literatura es normal que esta cinta me gustase, por el contrario, lo que resulta verdaderamente sorprendente es que existan muchos detractores de ésta. Algo que sinceramente, y con todo el respeto del mundo, me parece increíble. Volviendo al tema que nos ocupa, El club de los poetas muertos está dentro de mi selecta lista de películas imprescindibles. Pero si algo diferencia a esta cinta de otras de mis favoritas, las cuales no voy a nombrar porque si no este párrafo sería eterno, es que la descubrí en un momento bastante delicado anímicamente. Durante la etapa estudiantil todos te dicen que tienes que perseguir tus sueños, que no debes desistir en el intento y que con trabajo duro los frutos no tardarán en aparecer. Lo que nadie te dice es que una vez finalices esa maravillosa y dura etapa, en la que los apuntes conviven con las relaciones sociales, es que la que sigue a continuación es más dura, más devastadora psicológicamente, menos estimulante en muchos sentidos y en la que esos sueños confeccionados durante años se rompen haciéndose añicos contra el suelo. Es en ese contexto, durante los años previos a finalizar la carrera, en los que por primera vez sentí ese vértigo ante el abismo que pronto se abriría ante mi, cuando redescubrí El club de los poetas muertos. El pesimismo inundaba las conversaciones que tenía con compañeras/os de carrera y nadie era capaz de ver el lado positivo, es más, alguno incluso me confesó que en más de una ocasión estuvo a punto de dejarse la carrera ante la falta de perspectivas profesionales y laborales que ofrece una carrera como la de Historia. Yo, aunque nunca me he arrepentido de haberla cursado, no pude evitar sentirme invadida por ese oscuro sentimiento de fracaso. Estaba comenzando a perder la fe en la humanidad y en las humanidades, tan maltratadas como ignoradas. Y entonces, El club de los poetas muertos me demostró que no todo estaba perdido, que las letras podían calar hondo en las futuras generaciones y que podían servir para cuestionar y cambiar los comportamientos sociales. Si antes la película había pasado sin pena ni gloria ante mis ojos, en aquellos momentos cobró un nuevo sentido, más revolucionario, más crítico, más inconformista. En pocas palabras vino a evidenciar, mediante el uso de la imagen, los diálogos y unos personajes inolvidables, lo que yo había estado defendiendo desde hacía mucho tiempo: la literatura puede cambiar a las personas, y por extensión, al mundo entero. ¿Por qué os he soltado todo este rollo sobre El club de los poetas muertos? Los que la hayan visto lo saben de sobra, pues la culpa de que hoy siga manteniendo esta opinión la tiene Walt Whitman. El escritor y poeta cuyos versos son pronunciados enérgicamente por el profesor Keating y sus alumnos a lo largo del film, un autor del que hoy tengo el placer de hablar a través de La vida y las aventuras de Jack Engle: la novela que la humanidad estuvo a punto de perderse.

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