sábado, 30 de julio de 2011

"El Coronel Chabert" en el placer de la lectura


Tremenda historia ésta, que tan magistralmente sale de la pluma del genial Balzac. Un relato que nos llega al alma, nos emociona, nos conmueve profundamente. Una narración que trata dramas universales originados por los lazos del matrimonio, los lazos de la amistad, las convenciones sociales, la actuación de la justicia, valores como la verdad, la honradez…la vida y la muerte. Es la historia de un muerto que vuelve a la vida, o mejor, un muerto en vida. Porque obviamente, el muerto no es tal, pero se le da como tal. Y al reaparecer se crea una cantidad de conflictos inimaginables para el que, ilusionado, inicia el retorno a lo que cree su hogar, su esposa, su patrimonio. Pero el mundo al que vuelve ya no es el que dejó.
Nacido el último año del siglo dieciocho, Honoré Balssa, de Balzac, (Tours, 1799-París,1850) y tras una infeliz infancia, tuvo una vida turbulenta, siempre oscilando entre la bancarrota y algunos periodos de derroche, probó distintos negocios, todos desastrosos, empezando muy pronto a escribir. Su enorme producción, englobada dentro de lo que él mismo tituló La Comedia Humana, comprende unas ciento y pico novelas, numerosos relatos y artículos de prensa, así como obras teatrales. Convencido de que los humanos son el producto de las presiones sociales y el entorno que les rodea, recreó en sus obras todo un mundo y un submundo absolutamente realista, poblado de cientos de personajes. Escrita en 1832, cuando ya llevaba publicadas, entre otras, Eugenia Grandet, La piel de zapa, y Papá Goriot, en esta breve novela, El coronel Chabert, hace un pequeño cameo de sí mismo, en la persona del abogado Derville, que estudia sus casos por la noche, en medio del silencio y la total tranquilidad, como el propio Balzac hacía cuando se ponía a escribir, bebiendo café tras café, a lo largo de las horas nocturnas mientras la ciudad dormía. Era su horario habitual, retratado por Zweig perfectamente en su biografía. LEER MÁS


"La niña que iba en hipopótamo a la escuela" en el blog de Isi


Como debo de ser la única persona del país que no ha leído La fórmula preferida del profesor, tengo que confesar que este que reseño hoy es mi primer libro de Yoko Ogawa. Casi se me había olvidado que la autora era japonesa hasta que comencé a leer, porque no sé qué tienen los nipones que escriben, a todas luces, distinto. Y tampoco podría decir qué es lo que les diferencia de los escritores occidentales; tal vez sea la manera de hacerte creer que algo tan disparatado como es montarse encima de un hipopótamo sea de lo más normal.

Si la autora y la protagonista no tuvieran nombres distintos, habría pensado que es una novela autobiográfica porque nos presenta una historia nada corriente vista desde la perspectiva de una niña, y lo hace de tal manera que te encuentras allí; viviendo aquellas anécdotas que acontecieron en su infancia y sintiendo las cosas tal y como se sienten a esa edad.

Tomoko es una niña a la que su madre envía fuera de casa para empezar la educación secundaria en una nueva escuela; se irá a vivir con sus tíos, a los que todavía no conoce. Es la misma Tomoko la que nos narra la historia. Sus tíos son gente de dinero y viven en una gran casa de estio occidental con un gran terreno alrededor para recreo de los niños y de una mascota, Pochiko: la hipopótamo enana de Liberia que antes fuera una de las atracciones del zoo que se encontraba en la propiedad. LEER MÁS

"Trilogía de la culpa" de Mario Lacruz en el Blog de Félix de Azúa

Para quienes hemos hecho de la escritura una faena infinita, es decir, no tanto un trabajo o tarea sujeta al régimen laboral, con sus progresos, despidos y jubilaciones, cuanto una relación de por vida que sólo acaba cuando lo decide la muerte, es siempre motivo de envidia la supervivencia de la obra de los artistas plásticos.

Los cuadros de un pintor suelen subir de precio y aprecio justamente cuando el artista muere. Se diría que al cerrar con un portazo irreparable el conjunto de la obra, ésta se convierte en un sólido único que de inmediato se valora en más que la individualidad de las piezas. Muy al contrario, cuando un escritor muere desaparece del mercado y sólo por milagro regresará algún día. Los editores calculan en unos diez años el plazo para poder reeditar obra de escritor muerto. Y en esta segunda salida por lo general naufragan.

Pensaba yo estas melancólicas cavilaciones tras leer una excelente novela publicada en 1953, "El Inocente", de Mario Lacruz, relato sin duda superior al noventa por ciento de lo que se ha editado en los últimos diez años y que tiene ese tinte de novela negra cuyo auténtico matiz marengo y humo de tabaco es imposible de reproducir en la actualidad. En las novelas negras de nuestros días no hay quien pueda creer en los personajes, especialmente en las mujeres fatales (no fuman), ni quien se tome en serio al delincuente grandioso, ya que a los de hoy es obligado dotarles de maquinaria técnica, lo que los convierte en una especie de aficionados al Campus Party.

En "El Inocente" la trama policial es secundaria respecto del recorrido mental del acusado o perseguido, el cual se atosiga a sí mismo en primer lugar y de ahí la apelación a su inocencia. La fatalidad griega del desenlace, la muerte anunciada, responde sobre todo a la necesidad del protagonista de acabar con su insoportable culpabilidad. En aquel tiempo estos elementos hicieron que los críticos la tildaran de novela "existencialista". Hacía pocos años que se había publicado "La Peste" de Camus. Mucho más exacto fue que le concedieran el premio "Simenon" porque domina en el relato, en efecto, una atmósfera similar a la del maestro belga, una elegante sordidez, por decirlo con un oxímoron sencillo. LEER MÁS

La frescura de los clásicos (Banderas Negras en Babelia)


Nuevas ediciones de Humphry Clinker, Bel Ami, Humillados y ofendidos, Caballería Roja, Banderas Negras... muestran la hondura extraordinaria de los relatos de Smollett, Maupassant, Dostoievski, Bábel, Strindberg y otros autores.

En el XVIII inglés, junto a Fielding, Defoe y el excéntrico y genial Sterne, brilló con luz propia -y lo sigue haciendo todavía- el escocés Tobias Smollett. Fue autor de varias novelas en las que mostró la cara sórdida de una picaresca donde su carácter pesimista se luce a fondo realzando la fealdad y brutalidad del mundo; con una sola excepción: la que representa su muy divertida novela La expedición de Humphry Clinker, una novela epistolar donde relata el viaje por la Inglaterra del rey Jorge III, el rey loco, de un caballero misántropo y atacado de gota como corresponde a su dignidad de tal, el señor Matthew Bramble; un viaje en el que lo acompañan sus sobrinos, su hermana solterona y un tal Humphry Clinker, un mozo de cuadra abandonado al nacer que se les incorpora como criado. La trama es simple, pero lo que convierte a esta obra en una delicia es tanto el cuadro de costumbres y peripecias que retrata como las voces de los diversos miembros del grupo que van contando y complementando desde sus diversos puntos de vista el fascinante transcurso del viaje, todo ello expuesto con un humor excelente para regocijo del lector.

...

En Suecia no sólo se escribe macabra novela negra, como piensan muchos hoy en día, sino alta literatura; tan alta como la que firma August Strindberg, uno de los genios del siglo, autor dramático excepcional que no dudó en tocar otros géneros como la novela. Precisamente su última novela, que muchos juzgan testamentaria, se acaba de publicar en España: Banderas Negras, un panfleto particularmente cruel contra el mundo intelectual y literario de su tiempo que no deja títere con cabeza. Strindberg tenía una personalidad "que ofrecía componentes psicótico-paranoides que se manifestaban en la relación con casi todas las personas de su entorno y que se agravaron en alguna de sus crisis a causa del abuso del alcohol y los estupefacientes". La novela posee manifiestas irregularidades de estructura y a veces se apelmaza, pero en su escritura emerge un autor cuya fuerza expresiva supera todos los obstáculos con una fuerza satírica demoledora. LEER MÁS

miércoles, 20 de julio de 2011

El coronel Chabert en el blog de la FNAC


Para variar la tónica veraniega de recomendar lecturas “fresquitas“, término que no acabo de entender, voy a recomendaros dos títulos que han sido reeditados recientemente de Honoré de Balzac, clásico decimonónico, creador de la comedia humana, con entre otras “Tío Goriot” o “Eugenie Grandet” como sus máximos exponentes. Se trata de “El coronel Chabert”, editado por la editorial Funambulista, y “Tratado de la vida elegante”, de la editorial Impedimenta. Dos obras, de no muy larga extensión, muy recomendables.

La primera, “El coronel Chabert” es la historia de un coronel dado por muerto en una de las campañas napoleonicas, quien contra todo pronóstico se presenta en Paris algunos años después, para reclamar a su esposa, su dinero y el restablecimiento de su honor. El problema es que se encuentra una sociedad que ya nada tiene que ver con el mundo que él dejó para ir al campo de batalla. Nadie le cree – le daban por muerto – y sobre todo nadie quiere creerle, pues acceder a sus demandas significaría para muchas personas renunciar a una fortuna y a posición social. Chabert se encontrará con un mundo abiertamente hostil nada dispuesto a reconocer a un heroe de un tiempo pasado.

El relato es muy fácil de leer, contado todo por el abogado, procurador, que trata de restablecer al pobre Coronel Chabert, el cual nos da una imagen de la Francia post napoleónica bastante cruda, donde todo son apariencias y ansias desbocadas por dinero y posición. LEER MÁS

martes, 12 de julio de 2011

Mi abuelo, el Premio Nobel en Aceprensa del 13 de julio


Narrada en primera persona por su
nieto, esta novela, poética y fantástica
a la vez, cuenta la historia del escritor
Dante Darnius, que consiguió el Premio Nobel de Literatura sin haber escrito ni una línea. Dante es un magnífico contador
de historias que, sin embargo, es incapaz de llevar al papel. Lo suyo es la narración oral, contar en directo relatos que, como él dice, tiene completos en la cabeza. Toda la familia se siente fascinada por la capacidad fabuladora del
abuelo. Pero es con su nieto con quien Dante Darnius tiene
una relación especial.
La novela tiene un argumento sencillo y leve, aderezado
con la consecución del Nobel de Literatura y la entrega del
premio en Estocolmo, adonde acude toda la familia. La novela contiene algunos de los relatos fantásticos que Dante cuenta a su nieto, imaginativos y muy bellos, de gran calidad literaria, como toda la novela, escritos con un estilo que
imita la fábula y que en ocasiones se asemeja, de manera de liberada, a ciertos relatos infantiles.
Se trata de una novela muy distinta y original en el panorama
literario actual que contiene, por otra parte, muchas
de las opiniones que su autor ha ido desplegando en sus
en sayos publicados y en su blog. Perlado, doctor en Filosofía y Letras y periodista, ha sido profesor titular de Redacción Periodística en la Universidad Complutense y ha impartido también numerosos cursos de creación literaria.
Como escritor, ha publicado tres novelas antes de esta:
El viento que atraviesa (1968), Contramuerte (1984) y Lágrimas negras (1996). Como ensayista, es autor de Diálogo con la cultura. La entrevista periodística, El ojo y la palabra,
El artículo literario y periodístico y París, mayo 1968. También es autor de un blog de gran prestigio, “Mi Siglo” (misiglo.wordpress.com), donde Perlado, al hilo de la actualidad,
reflexiona sobre el arte y la creación artística y literaria.
Reivindica Perlado en sus escritos artísticos la “necesidad
de asombro” y la práctica de la contemplación para descubrir
la belleza en cualquier situación.
En Mi abuelo, el Premio Nobel, Perlado transforma en literatura estas ideas, por otra parte muy relacionadas con la creación literaria, actividad a la que vive entregado Dante
Darnius. La intensa relación entre el abuelo y el nieto es uno
de los mejores ingredientes de una novela refrescante,
emotiva, que sorprende gratamente por su experimentalismo
positivo y el sentido imaginativo y poético que transmite
de la vida y del arte. Adolfo Torrecilla.

lunes, 11 de julio de 2011

Interesante artículo sobre la literatura japonesa en el ABC Cultural

Este año, las mesas de novedades españolas se han dejado inundar por el «tsunami» de la literatura nipona, de la que Haruki Murakami es uno de sus grandes nombres. Pero hay más

















Amor puro

Recordemos que la novela de Haruki Murakami de más éxito en Japón es Tokio Blues, la más costumbrista, la más sentimental y, francamente, la más aburrida de sus novelas. Pero el éxito de Tokio Blues fue ampliamente superado hace unos pocos años por Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama, historia de amor enormemente sentimental que dio origen a un manga, una serie televisiva y una película, y se convirtió en el libro japonés más leído de todos los tiempos.

Comencemos, pues, con Katayama, nuestro recorrido, necesariamente parcial y sesgado, por lo último de la literatura japonesa. Digamos que el éxito de Un grito de amor desde el centro del mundo dio lugar a una especie de movimiento en Japón (me resisto a llamarlo movimiento «literario») llamado «amor puro». «Amor puro» quería decir historias sentimentales, delicadas, llenas de ternura, protagonizadas por seres cuasi angelicales que nos hacen recordar ese resurgimiento del «amor angelical» del que habla Philippe Ariès en su Historia de la vida privada y que tuvo lugar en Europa a mediados del siglo XIX.

En El año de Saeko (Alfaguara), su nueva novela, Katayama ha querido poner algo de acíbar en su azúcar y nos cuenta una historia más compleja y turbadora, en la que una pareja de vida prodigiosamente tediosa y rutinaria (desde la perspectiva de este lector, aunque no creo que fuera esa la impresión que quería causar el autor) llena de coladas y desayunos minuciosamente descritos, ve su idilio doméstico roto cuando la hermana de la esposa le pide que haga de madre del hijo que ella no puede tener mediante inseminación artificial. El resultado es insoportable y cursi, una desesperante sucesión de vaciedades.

Diálogos muy picados

Katayama ha querido desligarse del movimiento «amor puro», mientras que Takuji Ichikawa nos cuenta que «se vio arrastrado» por él. Después de publicar sus ficciones en internet con bastante éxito, Ichikawa escribió Separación, que se convirtió en un best seller, y a continuación Sayonara, Mio (Alfaguara), un éxito rotundo. Se preguntarán ustedes si Sayonara, Mio dio también origen a un manga, una serie de televisión y una película. La respuesta es afirmativa. Se preguntarán también si Sayonara, Mio es tan ñoña y sentimental como las ficciones de Katayama. La respuesta es que probablemente lo sea todavía más.

La novela está toda constituida por diálogos muy picados y cuenta una historia de amor en que la mujer, Mio, es un fantasma. Una literatura que quiere ser tan delicada, tan frágil y tan poética, que acaba siendo vacua e insignificante. Ichikawa declara que Sayonara, Mio se trata de una obra autobiográfica y que «nunca ha sido su intención escribir para un grupo restringido de lectores». Y uno no sabe qué es lo que le causa más estupor, si la ingenuidad del novelista (que cree que su libro es realmente muy raro y especial) o su ignorancia del aspecto que tiene la verdadera literatura.
La gran ola japonesa
ABC
Yoko Ogawa

Pero no es para ponerse trágico, porque verdadera literatura la hay en Japón en abundancia. Por ejemplo, la nueva novela de Yoko Ogawa, La niña que iba en hipopótamo a la escuela (Funambulista), un maravilloso relato de amistad y aprendizaje (la protagonista es una niña que va a pasar un año con sus tíos) en el que Ogawa, una autora dotada de todas las virtudes clásicas de la ficción japonesa (elegancia, humor, delicadeza, gusto por los detalles, imaginación, capacidad evocativa), crea para nosotros un mundo de misteriosa belleza e inolvidables imágenes alrededor de una rica familia que vive en una mansión situada en los terrenos de un antiguo parque zoológico. LEER MÁS

"Mi abuelo, el Premio Nobel" en Trabalibros

Mi abuelo, el premio Nobel

Mi abuelo, el Premio Nobel

De un tirón se lee esta novela corta de José Julio Perlado. ¿De qué trata? De un escritor, Dante Darnius, que gana el Premio Nobel sin poder escribir nada: lo tiene todo en la cabeza, pero no le sale. De la mirada de su nieto Juan, el que narra la historia. De la familia de los Darnius: el tío Byron, la hermana Amuhka y la Madre total. También de Blasa y de otros muchos tiernos, chocantes y geniales.

Esta novela no se parece a nada que yo haya leído antes, es un tono y un estilo realmente sorprendentes, diferentes.

Va sobre leer y escribir, sobre la vida y el asombro y la imaginación de todo escritor –y lector- que viene antes que escribir y leer. En el principio estaba lo que imaginábamos. Sin imaginar, sin mundo interior, no somos nada o somos menos. De la soledad y el silencio también habla. Y de todos esos personajes que se sientan con nosotros cuando leemos o escribimos algo, en nuestra mesa, por derecho propio, y nos desbaratan. ¿Qué hace toda esa gente que se mete en nuestra vida sin permiso ni nada?

No he sido exacta. Esta novela sí que tiene algo, mucho, de antes o de siempre. Algo que me recuerda a otros relatos.

Tiene algo de película neorrealista o fantástica u onírica, de teatro del absurdo con esperanza, donde todo puede suceder. Viajamos a Creta donde las sílabas o letras nos hablan, también a Nueva York y África donde la gente cuando no duerme son como luciérnagas, no se apagan. Hasta Japón llegamos. Se da un aire por momentos a “La familia” de Éttore Scola. Y una parte, la de la rueda de prensa tras recibir el Nobel, tronchante, es como si fuera interpretada por aquellos escritores humoristas finos y elegantes españoles de antes (Tono, Mihura, Jardiel Poncela). Es también una novela muy delicada y amable. Y es por eso hoy muy rara.

Una joya como ésta pequeña y engarzada por quien sabe ver los colores, sabores, sonidos y matices, todo lo que el ojo, el paladar o el oído humano a veces no capta porque no nos lo presentan delante, y solo lo ve, gusta u oye Dios, o lo ve Cousteau, por poner un ejemplo, en su caso, porque es el único que baja a las profundidades, nos lo escribe José Julio Perlado para que lo disfrutemos.

Se pasa genial leyendo “Mi abuelo, el premio Nobel”, te da pena que acabe. LEER MÁS

viernes, 8 de julio de 2011

Encanto y compañía de Edith Wharton en el placerdelalectura.com


El libro que hoy comentamos agrupa una serie de siete relatos en el más puro estilo Wharton: una mirada profunda, certera y, por qué no decirlo, dramática, del alma femenina. La escritura es, como siempre, elegante, pero lo que de ella extraemos son las almas de mujeres en toda su crudeza, en su infelicidad, muy en su papel desvaído, secundario, de soporte, siempre a dos pasos por detrás del marido. Echamos en falta en esas vidas lo que Virginia Woolf llamó muy acertadamente “una habitación propia”. La propia existencia de la escritora probablemente le dio mucho tema para sus relatos. Su anodino e infeliz matrimonio y su posterior divorcio le permiten analizar su interior y poner sobre el papel sus vivencias. Los relatos están ordenados y presentados cronológicamente y seguidos por un Postfacio de Laura Gimeno.

Edith Newbold Jones Wharton (Nueva York, 1862-Saint-Brice-sous-Fôret, 1937) escritora norteamericana con vocación europea, nació y vivió en ambientes aristocráticos de alto nivel económico. Su conveniente matrimonio a los veintitrés años con E. R. Wharton, mucho mayor que ella, acabó en divorcio tras veinte desafortunados años. Empezó a publicar a los veintinueve, lo que la convertía en punto discordante en un mundo superficial y elegante, mundo que diseccionó en sus novelas, siguiendo la sugerencia de James, sobre que debía escribir de aquello que conocía: “the first hand account is precious”: Lo importante es contar aquello que hemos vivido, aquello que conocemos muy bien; hablar de lo que sabemos. Y lo que Wharton conocía perfectamente era la alta sociedad neoyorquina, que tan magistralmente plasmó en La edad de la inocencia.
El primer relato, Las vistas de la señora Manstey (1881) casi recuerda a aquella película La calle sin sol, en la que los vecinos se turnan para recibir los pocos rayos de sol que en un rincón del patio duran apenas unos minutos. La viuda Manstey sobrevive mirando por su ventana, que da a la parte trasera del edificio, y desde allí ve pasar las nubes, atisba reflejos de sol en las copas de algún árbol,…Esa ventana es su mundo, su perspectiva vital hecha de retazos, pero que aún así le sirve de tabla de salvación. Tabla que amenaza hundirse cuando las próximas obras en el edificio colindante se anuncian, y su universo se tambalea.
La plenitud de la vida (1893) es el siguiente relato, que personalmente me ha parecido más flojo, un relato que desarrolla la fantasía de una conversación -en una especie de limbo – entre una dama que acaba de morir y el Espíritu de la Vida, desarrollando una reflexión sobre su matrimonio y lo que esperaba encontrar en la vida y ahora, tras la muerte.
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lunes, 4 de julio de 2011

Entrevista a José Julio Perlado en el periódico digital del Centro Universitario Villanueva


José Julio Perlado ha sacado a la luz su última novela “Mi abuelo, el Premio Nobel”, en la que narra la historia de Dante Darnius, un escritor invandido por ideas brillantes que no es capaz de plasmar en un papel. Sin embargo, sí tiene un talento prodigioso para contarlas. Su capacidad creadora y su imaginación no pasarán inadvertidas en Estocolmo, de tal forma que se le concede el Premio Nobel de literatura al escritor que no ha escrito nunca una línea pero que todo lo lleva en su cabeza.

José Julio Perlado, nacido en Madrid, Doctor en Filosofía y Letras y periodista, ha sido durante treinta años Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de Información de la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es profesor en el Centro Universitario Villanueva.

Ha ejercido la corresponsalía en Roma de los periódicos Diario de Barcelona y diario Madrid (1963- 1965) y la corresponsalía en París del diario ABC (1968-1970). Redactor- Jefe de La Estafeta Literaria, ha dirigido dos revistas de información general. Ha impartido Cursos de Creación Literaria en Madrid y en México, en el Instituto Tecnológico de Monterrey y en la Universidad de Villahermosa (México).

Como novelista ha publicado El viento que atraviesa (1968), Contramuerte (Premio de Novela Ateneo de Santander (1984) y Lágrimas negras (1996). Como cuentista ha sido cuatro veces finalista del Premio Antonio Machado y es autor de «Ya aquí no hay nada» (1993), «El viaje inverosímil» (1996), «Los agujeros blancos» (1997) y «Todo es literatura» (2001).

Como ensayista ha publicado Diálogos con la cultura (2ª edición) (2002), El ojo y la palabra (2003), El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes (2007) yParís, mayo 1968 (2008).

1. ¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

A veces las ideas para escribir libros no se pueden definir bien cómo surgen. Hay libros en que se sabe hasta el momento preciso en que surgió la idea y en otros no. En este caso, en “Mi abuelo, el Premio Nobel”, lo que me interesó es ese modo de contar historias que los escritores solemos tener antes de escribirlas – algo que no es recomendable porque se pueden abortar esas historias y no escribirlas nunca – y el paso siguiente, que es escribirlas y llevarlas al papel. Cuando se dice en la literatura actual – y aún más en el cine – que faltan ideas, la pregunta que hay que hacerse es: ¿es más importante crear una idea en la cabeza o materializarla escribiéndola? Siempre he dicho que la segunda parte – escribirla – es cuestión de estilo, trabajo, técnica y disciplina. La primera es principalmente la creación pura, algo anterior a toda creación posterior del lenguaje. De la primera idea sale todo lo demás.

2. Usted, a través de su personaje, recupera la tradición de la literatura oral, ¿no es así?

Mi personaje, el escritor Dante Darnius, va contando todo lo que lleva en su imaginación y que desearía concretarlo en el papel aunque le es imposible. Ahí puede estar escondida también esa sensación del “pánico escénico” ante la página en blanco, eso que los escritores llaman a veces “bloqueo” ante lo desconocido, el “pánico escénico” que tienen a veces los actores antes de entrar en escena por mucho que hayan representado esa misma obra. Mi novela no es esencialmente literatura oral sino una mezcla consciente de la literatura oral escrita en un libro, es decir, leemos ya escrita en una novela lo que el escritor dice que no ha podido escribir. Ese es el juego consciente que he querido hacer porque me parecía, al menos, singular. LEER MÁS

viernes, 1 de julio de 2011

Entrevista radiofónica a José Julio Perlado


Este domingo 3 de julio a partir de las 16 horas José Julio Perlado hablará en Radiointereconomía de su novela Mi abuelo, el Premio Nobel

Una buena excusa para volver a Balzac



A quienes hayan leído Los enamoramientos, de Javier Marías, no les pasará desapercibida la relación entre el libro que hoy reseñamos El Coronel Chabert, de Honoré de Balzac –Editorial Funambulista-, y el mencionado de Javier Marías.

Allí se nos resume y glosa la obra del genio francés dejándonos sin duda las ganas de conocer esa obrita de Balzac que tanto le gusta al personaje de Javier Marías.

Lo primero que hay que decir es que el madrileño sigue al pie de la letra el relato del francés, y con mucha idea nos deja sin conocer el colofón. ¿Qué pasa al final con ese Coronel Chabert dado por muerto, que realmente no ha muerto? ¿Cómo acaba su historia? Evidentemente, no vamos a desvelarlo, pero sí informamos de que el final merece la pena. Que el juego intertextual que propone Javier Marías sólo se puede disfrutar plenamente leyendo ambas obras.

La editorial Funambulista ha estado muy acertada con la reedición de la obra abriéndonos la posibilidad de esta lectura enriquecedora de la literatura que dialoga con otras literaturas.

En sí, la novela de El Coronel Chabert es entretenida, nos relata la vida del mundo de los abogados, de los pasantes y de los notarios en el siglo XIX, tiene curiosidades en lo relativo al vestuario, a la decoración, una especie de arqueología moderna de un mundo que ya ha desaparecido pese a estar relativamente próximo.

Al aparecer la referencia en la última novela de Javier Marías se abre una nueva perspectiva desde la óptica de la historia que nos está relatando el autor madrileño. De este modo, una novela que posiblemente no habría sido nuestra primera opción, se nos hace necesaria para completar el diálogo que quedaría en monólogo de no leer la obra de Balzac.

En el aspecto formal, se trata de un libro de auténtico bolsillo, manejable, de lenguaje ágil, casi periodístico y 181 páginas, que nos harán una compañía magnífica en el transporte público, en cualquier consulta, y con la que está cayendo, entre un baño y otro.