viernes, 23 de junio de 2017

"Giovanni Episcopo" en Libros de Cíbola

Después del éxito de la decadentista y controvertida Il piacere (1889), Gabriele D’Annunzio escribe Giovanni Episcopo (1891), una novela corta que, inspirada en el relato-confesión de algunos autores rusos (Gogol, Dostoyevski), narra la triste historia de un humilde empleado acosado por colegas y mortificado por la sociedad que le rodea. Giovanni Episcopo es una confesión en un sentido literal, porque esta nouvelle se abre en una comisaría, donde nuestro protagonista, cansado y angustiado por los fantasmas que perturban su sueño, empieza a contar su dramática historia.
El argumento es, resumido, el que sigue. Giovanni Episcopo tiene una vida de rutina y mediocridad y después del trabajo trata de divertirse con sus colegas (más bien sus colegas se divierten a su costa) cenando cada noche en la misma casa de huéspedes. Allí conoce a Ginevra, una camarera joven y apuesta, pero de dudoso pasado (y presente), de la que se enamora y con la que se casará casi por accidente y medio a escondidas. Mientras tanto, su colega y cabecilla del grupo de “amigos”, Giulio Wanzer, que ejerce sobre Episcopo un dominio total y cruel, es acusado de robo y escapa a Argentina. Después de unos días de matrimonio, Ginevra comienza a cambiar el carácter y a mostrarse hostil a su marido. Giovanni piensa que todavía puede salvar su matrimonio después del nacimiento de si hijo, pero la esperanza es en vano. Los problemas familiares hacen que descuide sus deberes en el trabajo y acaba despedido. Nuestro protagonista comenzará a ahogar sus frustraciones en la bebida ya que su casa se convierte, según sus propias palabras, en un lupanar y él prácticamente en un sirviente. En esta espiral de abyección y degradación, aparece su viejo amigo Wanzer que seducirá a Ginevra. Tras maltratar a su mujer en una ocasión, Episcopo asesina Wanzer en un acceso de valor e ira. Para colmo Ciro, el hijo de Episcopo, muere por una enfermedad. Como se ve, todos los ingredientes de una obra adscrita al más ortodoxo modelo naturalista de finales del XIX. Pero D’annunzio trasciende estos elementos gracias a una gran intensidad de escritura tal, que en apenas cien páginas es capaz de crear un drama y un personaje inolvidable a pesar de su infelicidad.

LEER MÁS

jueves, 22 de junio de 2017

Devoradora de libros: Hotel Iris - Yōko Ogawa

Devoradora de libros: Hotel Iris - Yōko Ogawa: Edición: Funambulista, 2017 (trad. Juan Francisco González Sánchez) Páginas: 256 ISBN: 9788494616457 Precio: 16,00 € ...

martes, 20 de junio de 2017

Hotel Iris en El Imparcial

En el año 2002, Ediciones B publicó una novela de Yoko Ogawa, Hotel Iris, que pasó desapercibida para la mayoría de la crítica y del público. Solo algún articulista se fijó en la extraña magia de la historia de amor entre una menor de edad y un traductor en el ocaso de su vida. Ahora, la editorial Funambulista la ha rescatado y nos la ofrece en una nueva traducción. Vale la pena no pasarla por alto.
En principio, el argumento, una historia de amor entre un hombre mayor, solitario, apegado a un trabajo menor (traductor del ruso de folletos técnicos, retirado en una isla solitaria, sospechoso de haber asesinado a su antigua mujer) y una niña de diecisiete años que ha dejado el colegio y que trabaja en el hotel familiar bajo la férrea autoridad de su madre, podría predisponer al lector a pensar que se trata de una delicada historia de sombras japonesas con algún matiz dickensiano. Y delicada lo es, sin duda, pero su lectura es como una patada en el estómago; o como el grito sordo de un ser solitario.
La sexualidad femenina es un terreno todavía huérfano de una cartografía precisa. También la masculina, pero hoy nos ocupa la femenina. Sí, es cierto que hay suplementos dominicales, programas de radio o televisión que se ocupan de describir órganos y funciones, de dar unas pautas “sanas” de lo que debe ser el sexo. Pero también hay dos escritoras japonesas, Hiromi Kawakami y Yoko Ogawa empeñadas en ir más allá, en pasear por los límites y la zona de sombra de esa sexualidad para tratar de contarnos lo que ven, sienten y piensan.
Son dos heroínas inesperadas, que bucean en los abismos de la diferencia de edad, en la aparente lisura de las relaciones del mismo sexo, en las pasiones mudas que permean a los jóvenes en la soledad de sus habitaciones urbanas. Allí encuentran sentimientos y pasiones inexpresables en otro país que no sea Japón. Porque, de la literatura actual, solo la japonesa es tan delicadamente anticonvencional, tan incorrecta políticamente en un sentido sutil y profundo.

LEER MÁS

miércoles, 14 de junio de 2017

Infancia en Sidi Ifni (reseña de Revista de Libros sobre Territorio, de Miguel Sáenz)


La filatelia es una pasión incomprensible, pues no nace del amor a la belleza, sino a lo raro e insólito. Nunca entendí que un pequeño sello marrón con la imagen de Manuel de Falla y un matasellos que conmemoraba la visita del general Franco a las Islas Canarias constituyera una pieza particularmente codiciada, con un precio escandalosamente alto. Por el contrario, los sellos del territorio de Ifni poseen un escaso valor material, pese a su enorme belleza: costas con palmeras, nativos tocando instrumentos exóticos, solemnes camellos recortados contra el cielo, pastores oteando un horizonte infinito, artesanos trabajando en la pequeña casba. Al escribir esta nota, mi imaginación rescata una imagen que probablemente no se corresponda con ningún sello, pero que flota en mi recuerdo como una invitación permanente a la aventura: una hilera de indígenas armados con espingardas cabalgando sobre una nube de polvo. La verdad casi nunca coincide con nuestros mejores sueños, pero nuestra memoria no miente: sólo destaca lo esencial, reinventando o deformando los aspectos de la realidad que arrojan sombras sobre nuestros arrebatos de nostalgia.
El territorio de Ifni fue una provincia española de ultramar entre 1860 y 1969. La infancia y primera juventud del traductor, académico y escritor Miguel Sáenz transcurrieron en ese espacio, que siempre estará asociado –al menos, para quienes crecimos con las proezas de los hermanos Geste en la imaginaria Zinderneff− al romanticismo exasperado de los aventureros europeos que huían de sí mismos, internándose en el bullicio de los zocos o el silencio de los desiertos. Nacido en 1932 en Larache, Sáenz no ha pretendido realizar un ejercicio de exactitud histórica, geográfica o biográfica, sino rescatar las vivencias de ese período de su vida, reproduciendo emociones que aún perduran en su memoria, con independencia de su grado de objetividad. La verdadera fidelidad no consiste en ser escrupuloso con el dato, sino con lo que ha sobrevivido a la criba del tiempo. De niño, Sáenz no apreciaba nada exótico en el Territorio, pese a la escasez de agua, las plagas de langosta y el azote del siroco. Sólo «era un trocito de España como cualquier otro», pero habitado por bereberes, cuyas mujeres vestían de un azul casi negro y los hombres –por lo general, espigados− de blanco o cualquier otro color. Los legendarios Ju 52 sorteaban el Atlántico, tendiendo un puente sobre las Islas Canarias. Los cárabos, pequeñas embarcaciones de vela y remo, acercaban a los viajeros a la costa. Aunque la Real Academia establece un acento esdrújulo para el término, Sáenz señala que todo el mundo hablaba de «cárabos», desafiando a las misteriosas leyes de la ortografía.

LEER MÁS

viernes, 2 de junio de 2017

La pasión de un naturalista ("El Cuaderno")

Es probable que, cuando a muchos nos pregunten por Émile Zola, únicamente podamos aportar su condición de fundador del naturalismo y su prolija producción novelística, la mayor parte de ella en torno a ese hipotético linaje de los Rougon-Macquart que sintetiza la vida en la Francia del Segundo Imperio. Lo que muchos desconocíamos es que Zola cultivó también la narrativa breve al mismo nivel de maestría que sus novelas. Los editores y traductores de este libro, Gonzalo Gómez Montoro y Rubén Pujante Corbalán, han sabido verlo y nos presentan en una edición tan amena como rigurosa un conjunto de cuentos o novelas breves del autor francés. Los criterios de selección de estas obras no son arbitrarios, sino que tienen en cuenta el elemento común de haber sido escritos todas ellas para la revista rusa El mensajero de Europa, con la que Zola colaboró entre 1875 y 1880, y que presentan unos elementos literarios comunes al estar dirigidas al lector ruso; de ahí el objetivo de mostrar de la manera más detallada y didáctica posible los personajes y escenarios que caracterizaban a la sociedad francesa del momento. Además, y según afirman los editores en el postfacio, «el estilo de los relatos de Zola también experimentaría una manifiesta evolución desde 1875, marcando una distancia cualitativa con respecto a los cuentos anteriores», e impregnándose del estilo naturalista propugnado por el autor (p. 235).
Los cuatro cuentos de la antología comparten, además, una misma filiación temática en torno al amor pasional, y es a través de la exploración de los matices y situaciones a las que dan lugar estas tramas de índole amorosa como Zola nos muestra tanto su inmensa y aguda capacidad de observación del mundo en que vive, como su dominio de las técnicas narrativas sea cual sea la situación inicial planteada en la historia: desde el amor entre clases sociales hasta las sutilidades de la vida conyugal, pasando por la iniciación amorosa de un joven de provincias en la capital y el drama sentimental al más puro estilo romántico.

LEER MÁS

jueves, 1 de junio de 2017

Con ocasión de sus 90 años, homenaje al gran Enrique Badosa en la Universidad de Barcelona.

Con motivo de sus 90 años, el 1 de junio del 2017 tiene lugar en la facultad de Filología de la Universitat de Barcelona un homenaje que cuenta con los más destacados especialistas en los distintos aspectos de la ocupación literaria de Enrique Badosa.
Aquí pueden consultar el programa.