martes, 6 de marzo de 2012

6ª reseña en Espiral de Letras



formulaLa mejor parte de leer una novela como esta, es sin duda alguna el poder saborear con plenitud la belleza que esconde la unión de la literatura y la ciencia. Poder tener el privilegio de cruzar una puerta y descubrir ahí dentro cuánto se puede disfrutar con un libro como el que hoy les reseño.

Yoko Ogawa nos adentra en la historia de una asistenta con mucha intuición, un pequeño al que llamaremos Root (Raíz Cuadrada en inglés) y un inteligente profesor de matemáticas  con una memoria que solo tiene 80 minutos de vigencia. De ahí, partimos a un camino que nos llevará a conocer las vivencias e incidencias de estos tres personajes.

Contada desde el punto de vista de la asistenta, se nos irá desvelando una historia de conocimientos y sentimientos, en la que los números juegan un papel principal. Narrando la magia de esa ciencia que nos compone la vida a diario, y que sin ella no seríamos nada. Enseñándonos la belleza del aprendizaje y la intuición, cuando de problemas matemáticas se trate.

No me gusta desvelar más de lo obligado, y en este caso como no son muchas páginas, corro el riesgo. Por ello, me limito a aclarar que en su mayoría, La fórmula preferida del profesor, no es más que un libro de segundos descubrimientos, de nostalgia, melancolía y afecto del bueno. Soy estudiante de ingeniería, y este libro me gustó bastante porque conjuga dos áreas que siempre intentan mantenerse alejadas pero que una a la otra pueden llegar a complementarse con total éxito, logrando un acabado admirable.
Me preguntaba yo gracias a qué truco de magia algunas palabras ordinarias adquieren una resonancia romántica en cuanto son utilizadas en matemáticas. En el número amigo, y también en el número primo gemelo, se percibe precisión y a la vez una especie de timidez, como si se hubieran escapado de un poema. La imagen aparece entonces de forma vívida, y en ella los números se abrazan, o están de pie cogidos de la mano, vestidos de la misma forma.
Ahora entiendo perfectamente el éxito que ha tenido esta autora, pues alcanzar tal producto no tuvo que ser del todo fácil. Entre páginas, se puede palpar perfectamente el don que muchos profesores de matemática no tienen y que mucha falta ha hecho a lo largo de los años. Estoy seguro que si existieran más copias de este Profesor como libros de ficción en el mundo, muchos más sucumbirían al encanto de los números. 
 

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