martes, 30 de septiembre de 2014

'Li' en la revista Vísperas

kavadias

LiNicos Cavadías (Manchuria, 1910- Atenas, 1975), el afamado poeta griego “del mar”, compuso la novela corta Li en la navidad de 1968, en Cefalonia, la tierra natal de sus padres, adonde había viajado después de treinta y cinco años de ausencia. Se trata de una obra que quedó inédita y que no se publicaría hasta 1987, junto a otras dos novelas cortas, también inéditas: Sto alogó  mu y Tu polemu. Antes, en 1954, había escrito -y publicado- su única novela larga: La guardia.
Sin embargo, su fama se debe a su producción poética.
Marabú, su primer poemario, de 1933 (y escrito con veintitrés años) fue acogido con gran entusiasmo por el público griego (y además sería este el apodo por el que se le conocería en adelante -Marabú-, que significa “ave de mal agüero”). Igualmente sucederá con su segundo poemario, Pusi (Calima), publicado en 1947, pues que conectará de inmediato con el lectorado griego. Tras su muerte, en 1975, se publicará aun un tercer poemario: Traverso (De través).
La figura poética de Cavadías, la de “un marino romántico y nostálgico, siempre ausente”, nos dice Mercè Guitart, traductora del libro y responsable del prólogo, “con un aparente desinterés por los conflictos de la época, perdido en océanos reales o interiores y nadando contracorriente de los movimientos literarios del momento” hace que se le tratase en su época con un cierto recelo y que se le mantuviese al margen de las tendencias literarias dominantes de su tiempo.
Li es un breve relato en el que se nos cuenta el encuentro fugaz entre un viejo marino varado (un trasunto del autor), de cuarenta años de edad, y una niña china de ojos hambrientos, “ni triste ni contenta” (p. 40), que trabajará para él, ocupándose de las labores domésticas, durante los diez días que el marino esperará para embarcarse de nuevo.
Li es una novelita de apariencia sencilla, llena de malentendidos culturales entre los dos protagonistas y con una fuerte carga simbólica. Tiene un algo baudeleriano, en los temas especialmente (y en la sordidez del ambiente del que surge un deseo inconcreto, una sensualidad pecaminosa, pero nunca explicitada plenamente). Su composición narrativa se basa en lo que Kyriakos Kassimis, que es quien firma el postfacio, denomina “puntillismo elíptico”. Esto es: escenas descritas en breves trazos, llenos de lagunas y que fuerzan al lector a evocar los contornos, lo cual produce en él una constante -y nervuda- sensación de nostalgia (pues coadyuva en su re-creación), pero también favorece que se mistifique lo fugaz, lo ordinario y lo anodino (el encuentro pasajero y azaroso que se cuenta en Li).
Gracias a esta incertidumbre es que el texto adquiere un tono grave, ambiguo. Y es que sospechamos que la muchachita, Li, no es tan inocente como se nos presenta y que tampoco el protagonista es tan puro como dice. A ello contribuye la violencia general del ambiente (la venta de niños y mujeres, la presencia incesante de prostitutas -y las naturales referencias que a ellas hace el narrador-, la suciedad, la enfermedad, el abandono y la miseria) y que siembra el texto con un leve aroma de sospecha, de doblez.

"El museo del silencio", de Yoko Ogawa

La editorial Funambulista celebra sus diez años de vida con la nueva novela de uno de sus buques insignia, Yoko Ogawa, que además representa a la perfección las señas de identidad y el tipo de libro que aporta Funambulista.
Por otro lado, se acerca el Día de Difuntos y no es de extrañar que encontremos en nuestras librerías favoritas títulos que rindan homenaje a los seres queridos.
Así, en El museo del silencio, de Yoko Ogawa –Editorial Funambulista- tendremos la oportunidad de conocer cómo viven en Japón la relación con el más allá. Evidentemente, allí hay bastante ateísmo y la religión dominante es la budista. Por lo tanto, la relación con los seres queridos es mucho más espiritual y simbólica.
El misterioso museo que da título al libro consiste en un espacio dedicado a los objetos más relevantes relacionados con las personas que van muriendo en el pueblo. Desde que la anciana protagonista, alma máter del museo, arrebatara sus tijeras de podar al jardinero de la casa tras haber fallecido al instante al caer de una escalera, la creación de este museo se convierte en una obsesión para la mujer.
Los seguidores de Yoko Ogawa van a poder disfrutar de casi todos los ingredientes de las obras de la autora. Pocos personajes, casi siempre arquetípicos, es decir, sin nombre de referencia, son mencionados como la anciana, el jardinero, la niña, el monje… Es muy fácil seguir la trama porque al ser el número de ellos reducido, enseguida estaremos familiarizados con todos.
La escritura manual está muy presente en la novela, la plumas, el papel, las máquinas de escribir… leer a Yoko Ogawa es disfrutar de auténticos homenajes a la escritura, de hecho, en Japón es muy valorada una buena caligrafía y los aficionados a las estilográficas aprecian mucho las marcas japonesas, como Namiki o Pilot.
A parte, los lugares, auténticos escenarios que cobran protagonismo en sí mismos o los accidentes meteorológicos son otras de las características de la autora que encontrarán en esta novela. Un poco como ya ocurriera con Miguel de Unamuno, el viento o la lluvia reflejan el estado de ánimo o lo que se avecina en la trama.

lunes, 22 de septiembre de 2014

En Librópatas una reseña sobre 'El museo del silencio', de Yoko Ogawa

Ogawa entre lo inquietante y lo siniestro: El Museo del silencio

el-museo-del-silencioReunir en un museo objetos y formar con ellos una colección, conservarlos en las mejores condiciones para que el público pueda observarlos dentro de sus vitrinas… Labores que forman parte del trabajo de cualquier museógrafo. Pero los objetos de los que hablamos cuentan con una particular procedencia: han sido sustraídos a los habitantes del pueblo en el momento de su muerte.
El protagonista y narrador de ‘El museo del silencio’ deberá continuar la labor que durante toda su vida ha llevado a cabo la anciana que es su empleadora: reunir los objetos de sus vecinos, tras la muerte de estos. Una labor que su delicado estado de salud le impide realizar y que dejará en manos del joven. Todos los objetos recopilados a lo largo de su vida poseen una historia que la anciana conoce muy bien, una historia que representa la vida de las personas a las que pertenecieron.
En la casa solariega donde además de la anciana habita su hija adoptiva, el jardinero y una asistenta, se instalará nuestro protagonista. Con la ayuda de la joven muchacha comenzará su ardua labor de clasificación y catalogación, hasta que un día fallece la primera persona en el pueblo y el museógrafo debe hacerse con el objeto para incorporar al futuro museo. Una labor que empieza siendo sencilla, pero que se complica cuando aparecen los cuerpos sin vida de varias jóvenes de la localidad.
Desde este momento, la novela gira hacia la trama de los asesinatos, lo que era una apacible labor, se acaba convirtiendo en motivo de angustia para el protagonista, que se ve salpicado por los terribles crímenes. ¿Hasta dónde será capaz de llegar para cumplir con la misión que la anciana le ha encargado?
Ogawa teje una red de relaciones entre los personajes: el museógrafo, la anciana, la joven, el jardinero… donde todos participan en algo que va a unirles para siempre. Un pacto no escrito del que han aceptado formar parte, con un mismo objetivo en común: el Museo del Silencio.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Las correciones de Chejov a Gorki

La lectura de la correspondencia entre Chejov y Gorki nos permite tener una idea cabal del tipo de relación que mantuvieron, una relación amistosa y cordial, de admiración mutua, en la que Chejov cumplía el papel de maestro y Gorki el de discípulo.
Fuente: Wikimedia commons
Fuente: Wikimedia commons
Para Gorki era un honor, un privilegio, contar con la lectura atenta de Chejov, y le mandaba algunos de sus textos en busca de una opinión sincera. Este cumplía el encargo con una carta plagada de correcciones y consejos. Normalmente, empezaba con algún elogio antes de resaltar los defectos que había encontrado. Así lo hizo en una misiva fechada el 3 de diciembre de 1898 (por aquel entonces Chejov tenía 38 años y Gorki 30).
“Me pide mi opinión sobre sus cuentos. ¿Mi opinión? Un talento indiscutible y también auténtico, un gran talento. Por ejemplo, en el cuento En la estepa ese talento se manifiesta con una fuerza extraordinaria, hasta tal punto que he sentido envidia, que habría querido escribirlo yo mismo”.
Imagínense que un escritor de la talla de Chejov le dice algo semejante. A partir de ahí, cualquier crítica es música para los oídos, más aún cuando el susodicho encuentra una manera elegante de dar su parecer.
“Hablar de los defectos del genio es lo mismo que hablar de los defectos de un gran árbol que crece en el jardín. Y es que en esto lo esencial de la cuestión no está en el árbol mismo, sino en el placer de quien lo contempla. ¿No es verdad?”
Dicho esto. Chejov considera que Gorki ya está preparado para escuchar lo que tiene que decirle. A partir de ahora, ya no hay pelos en la lengua:
“Comenzaré por lo que, en mi opinión, me parece una desproporción en su estilo. Usted es como el espectador de un teatro que manifiesta su entusiasmo con tan poca discreción que ni él mismo ni los demás pueden oír la obra. Se evidencia especialmente en las descripciones de la naturaleza con las que entrecorta los diálogos. Cuando leemos esas descripciones, desearíamos que fueran más concisas, más breves, de dos o tres líneas. El empleo frecuente de palabras como “delicadeza”, “murmullo”, “aterciopelado”, etc, les da un aire retórico, una monotonía que enfría, que agota casi. Estos excesos se notan también en los retratos femeninos (…) y en las escenas de amor. No se trata de la extensión, no se trata de la amplitud de la pincelada, sino de intemperancia. Y junto a ello está la utilización frecuente de palabras que no convienen en absoluto al género de sus relatos”.
La respuesta de Gorki no se hace esperar. Se nota que sabe encajar los golpes, apenas rebate la crítica, al contrario, piensa que Chejov tiene razón en todo cuanto dice.
“Me ha escrito una carta bastante larga, Anton Pavlovich; es exacto y cierto cuanto dice de mis expresiones ampulosas. No consigo desterrarlas de mi vocabulario; lo que más me lo impide es el temor a ser vulgar. Además, me precipito siempre en alguna parte, hago deprisa y corriendo todo cuanto escribo, y lo que es peor, vivo exclusivamente de mi trabajo literario. No sé hacer ninguna otra cosa”.
Suponemos que a Gorki le empuja un deseo de perfección. Cree que tiene margen de mejora y que Chejov le va ayudar a mejorar. Tan agradecido está que le quiere dedicar su último libro (Tomas Gordiev). Chejov acepta la dedicatoria y, de paso, le da algunos consejos. Entre ellos el siguiente. Se ve que nunca es tarde para realizar nuevas correcciones.

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lunes, 15 de septiembre de 2014

En la segunda jornada de las Converses a Formentor se habla también de 'Amarga Luz', de Marga Clark, "un libro de gran belleza estilística, con una prosa poética"

´El artista es el diablo´

Valentín Gómez, Pere Joan, Antonio Lucas, José Ovejero y Chantal Maillard, que con la frase del titular provocó reacciones de todo tipo entre el auditorio, participaron en una amena mesa redonda en torno a la destrucción y el sufrimiento humano

Antonio Lucas, Valentí Gómez, José Ovejero, Pere Joan y Chantal Maillard, ayer en el salón Orfeo del hotel Formentor.
Antonio Lucas, Valentí Gómez, José Ovejero, Pere Joan y Chantal Maillard, ayer en el salón Orfeo del hotel Formentor.
­La segunda jornada de las Converses a Formentor transcurrieron entre la "perdición" y la "destrucción", temas elegidos por Basilio Baltasar, director de la Fundación Santillana –institución coorganizadora de esta cita literaria– para debatir sobre el destino del mundo en la narrativa contemporánea.
Ya se encargó Basilio Baltasar de aclarar, en el saludo de bienvenida a los autores, críticos, editores y lectores, que este año tocaba "meditar en la catástrofe, porque hoy nuestra inquietud es apocalíptica. Nos interesa cómo nos consolamos en el cuento del optimismo y cómo la literatura enmascara la condición humana".
Con el propósito de mostrar la "paleta de tonos del sufrimiento humano", las mesas de esta edición navegaron "desde la amenaza a la hecatombe", con paradas en la "devastación" o la "desgracia", asunto que trataron Valentí Gómez, Pere Joan, Antonio Lucas, Chantal Maillard y José Ovejero.
"A nosotros nos toca tratar la relación funesta entre aquello que llamamos belleza y las terribles realidades que recibimos con placer", señaló la poeta y filósofa Chantal Maillard ante un salón Orfeo (hotel Formentor) prácticamente lleno. "El título elegido debería ser el de Placer, violencia y dolor, eliminando el concepto de belleza", añadió la autora de Matar a Platón, libro que le valió en 2004 el Premio Nacional de Poesía. "No he podido pasar del título de las Converses. Tropecé con la primera palabra, belleza, y ahí me he quedado. Cuando se habla de violencia y dolor en el ámbito literario no se habla de ello a secas, pues pertenecen al terreno de la medicina o la política, sino de recepción estética, de sentimientos, de emociones", añadió.
"La representación del dolor y la violencia no está relacionada con la categoría de lo bello, sino con la de lo odioso, lo terrible, lo trágico y lo repugnante", defendió Maillard, quien eligió la obra de Cioran En las cimas de la desesperación para recordar que "nuestra época ya no es trágica, sino tragicómica", y denunciar "el placer que sentimos, frente a un telediario, ante las representaciones del dolor y la herida".
"Lo terrible del arte –concluyó– es que produce placer y cuanto más hábil es el autor, mayor será el placer. El terror, la náusea, el vértigo, la repulsión... se tornarán placenteras por la mediación. El artista es el diablo", subrayó, una afirmación que chocó con algunas opiniones del auditorio.
El novelista, poeta y ensayista José Ovejero se decantó por Los anillos de Saturno para sus argumentaciones, que arrancaron aclarando que le gusta "leer sin saber nada del autor", algo que le sucedió con el escritor alemán W. G. Sebald. "Mi primer contacto con él fue frustrante, con la novela Austerlitz. La dejé y tuve la impresión de que era culpa mía. Con el tiempo llegué a Los anillos..., y desde entonces he leído cinco obras suyas".
Para Ovejero, Sebald es un maestro en "la crónica de la destrucción, de la desgracia, pero también de la belleza. Un autor difícil que vale la pena", aseguró.
Por su "gran violencia literaria" y por el contexto en el que se desarrolla, marcado por "el dolor, el suicidio y el abandono del padre", el poeta Valentí Gómez ensalzó la que fue la primera novela de la fotógrafa y escritora Marga Clark, Amarga luz, volumen que presenta dos protagonistas: una escultora suicidada por un enamoramiento fatal con el poeta Juan Ramon Jiménez y la narradora de la novela, sobrina de la escultora. "Un libro de gran belleza estilística, con una prosa poética", apuntó el profesor barcelonés.

Leer más:  ´El artista es el diablo´ - Diario de Mallorca  http://www.diariodemallorca.es/sociedad-cultura/2014/09/14/artista-diablo/961598.html#WvF3SCEEMJ2HZPOO

jueves, 4 de septiembre de 2014

'El caso del bar Balto', de Faïza Guène, en el blog De tinta en vena


No es la primera novela que leo de la editorial Funambulista y me sigue llamando la atención el formato de sus libros, más pequeño de lo habitual, con tapas en mate en color azul o amarillo, una pequeña fotografía y un titulo casi siempre poco habitual. Pero quizás lo que más me sigue sorprendiendo es la calidad de las encuadernaciones, en una letra aceptable y unos márgenes generosos, que para nada perjudican la vista.
El tamaño y la longitud lo hacían ideal para los  traslados laborales en transporte público, y además la novela se encuadraba dentro de mi género favorito, la novela negra. Tantas excelencias reunía que todavía no entiendo porque ha estado en mi estantería dos largos años.
Reconozco que también me llamó la atención  su autora, a la que yo no conocía, ni había oído nombrar a pesar de haber conseguido premios con sus novelas anteriores. Una vez terminado  el libro puedo reconocer que me ha sorprendido tanto el contenido como el continente. Me he encontrado con un soplo de aire fresco dentro del género, con un análisis profundo del mundo marginal, con que la víctima disponía de información que jamás podría ser conocida por los investigadores y además se convierte en narrador activo.
Una novela narrada las más de las veces en primera persona por protagonistas distintos que aportan una heterogeneidad a veces caótica y al mismo tiempo tremendamente ordenada. No me contradigo no creáis, me costó entender la forma en la que la autora nos expone la trama, su fina ironía se mantiene hasta el final, y después de marear la perdiz durante toda la historia, le da al lector un golpe que lo noquea, un final que como poco sorprende y deja al desnudo la naturaleza perversa de la víctima, la inocencia de un niño con retraso mental y el coraje de una madre. Todo un retrato social de los bajos fondos, en los que la autora es una verdadera especialista.
La autora:

Faïza Guène nació en Paris en 1985, de padres argelinos que emigraron a Francia. De pequeña ya contaba historias a sus compañeros a cambio de caramelos. Más tarde, en el instituto, participo en cursos de lectura y escritura. Durante años asistió a un taller de guiones en el centro cultural del barrio. Ha escrito diversos guiones y ha  realizado cortos y  mediometrajes. Mañana será otro día, su primera novela, que fue un best-seller mundial traducido a 27 idiomas, la catapultó a los platós de televisión y estudios de radio en 2004, pero Faïza Guène no ha desistido de su espontaneidad ni de su afán por dar "otra imagen" de la vida de los barrios franceses donde viven las clases menos favorecidas. En 2006 publicó Sueños para marginados, con mucho éxito también. Ha dirigido diversos cortometrajes: La zonzonniére, en 1999, RTT i Rummeurs, en 2002, Rien que des mots, en 2004. En 2002 realizó un documental titulado Memoires du 17 octobre 61. En 2008 apareció El caso del Bar Balto traducida también a muchas lenguas y que ha supuesto su consagración literaria.
Argumento:

En una población de mala muerte de Francia, el Balto (el bar-quiosco-estanco del pueblo) es el punto de encuentro de toda una serie de personajes maltratados por la vida, pero cada cual a su manera. Joël Morvier, el amo del Balto, aparece apuñalado una mañana en el bar, pero no se puede decir que sea una tragedia para nadie, vistas las taras que acumulaba: racista, avaro, concuspisciente con las clientas...Igual que el lector del libro, el policía encargado de resolver el asesinato se va percatando de que la mayoria de los clientes del Balto tenían buenas razones para haber matado un tipo tan poco recomendable. Uno por uno todos ellos van desfilando para dar su propia versión de los hechos.
Con finura sicológica y humor negro a raudales, Faïza Guène se mete en la piel de cada uno de los personajes, recrea polifónicamente el lenguaje de cada uno de ellos al tiempo que nos brinda una radiografía de la Francia más profunda... y real.
Como afirma Marianne Payot, critica l'Express: "Es un análisis finísimo, de ritmo sostenido: rara vez alguien habrá pintado la Francia de "abajo" con tanto acierto como jovialidad".
La novela y yo:

A pesar de ser un género que frecuento, que me gusta y proporciona ratos de autentico placer lector reconozco que esta novela me chocó, me costó cogerle el hilo, un crimen, un protagonista que nos cuenta su propia muerte como podría estar contándonos una película o radiando un partido de futbol. Original, sí por supuesto, porque es la primera vez que me encuentro a una víctima dándonos su visión del hecho, incluso juraría que disfrutando del hecho de estar desangrándose, sintiendo una pizca de orgullo por saberse en la prensa al día siguiente, e incluso de la impresión que podría dar la simple visión de la escena en cuanto la descubrieran  los clientes del bar. El personaje no se gana las simpatías del lector en cuando habla en primera persona, pero tampoco cuando lo hacen el resto de personajes, sin duda era una joyita digna de poner a buen recaudo, por ello ninguno siente la muerte del dueño del bar y todos ellos se transforman en sospechosos.
Todos los capítulos están narrados en primera persona, pero por un narrador distinto, cada uno de los personajes incluso la víctima se presentan al lector, y nos dejan ver que sus relaciones no siempre son cordiales, sin embargo son muy verosimiles porque todo no son mieles entre amigos, vecinos, clientes... cada personaje tiene su propio modo de hablar, y la autora es capaz de ponerse en la piel de cada uno de ellos y crear registros distintos adaptados a la edad de cada personaje y su condición social, todos ellos de extracto bajo, pero generacionalmente a años luz.
Un mismo hecho lo vemos desde distintos puntos de vista, se trata de una comunidad pequeña, en la que todos se conocen y todos interactúan entre sí, el punto de encuentro el Bar Balto, así que por momento podemos darnos cuenta de cuan distintamente perciben cada uno de ellos el mismo suceso, sin embargo todos coinciden en lo mismo, la víctima merecía morir y la población no se ha perdido nada con su muerte.
Sabemos que ha habido un asesinato porque el autor nos lo cuenta en el primer capítulo con una pizca de orgullo. Una vez conocemos a todos y cada uno de ellos, y creedme que podemos hacer una radiografía bastante buena de ellos sicológicamente hablando, nos encontramos un artículo de la prensa, exponiendo los hechos, unos que el lector conoce de primera mano y que la policía descubre más tarde.
De nuevo toma la palabra la víctima, para explicarnos el momento estrella de su muerte, aquel en el que los parroquianos descubren el cuerpo sin vida del que fuera el dueño del bar, es desconcertante la forma en la que nos presenta el hecho, como mínimo el lector se pregunta si realmente la víctima no tenía algún trastorno mental. Acto seguido todos y cada uno de ellos vuelven a  tomar la palabra, como si contestaran a un interrogatorio policial, al que le faltan las preguntas... y dan su visión de los hechos, explican sus coartadas y vamos conociéndoles con mayor profundidad, y al mismo tiempo vemos como se ven entre ellos, porque en el relato de uno van apareciendo otros personajes. El lector se da cuenta de que todos se guardan un as en la manga que no se lo cuentan todo a la policía y supongo que por ende esta también se da cuenta.
Una vez terminada la ronda, aparece una nueva noticia del caso, y se produce de nuevo una toma de palabra de los personajes, aunque esta vez no la encabeza la víctima, puesto que ella es quién tiene toda la información y cierra la novela. El orden en el que se presentan los personajes y hacen sus distintas apariciones es aleatorio y no se repite nunca, excepto la victima que toma dos veces la palabra en primer lugar para luego cerrar la novela.