viernes, 30 de septiembre de 2011

"El Coronel Chabert" en la revista Cambio 16



Reseña sobre "Trilogía de la culpa" de Mario Lacruz de Leandro Pérez Miguel


“Todo el mundo sabía que los presupuestos se inflaban”


Este parrafito figura en una novela. Alude al cine en tiempos de Franco, aunque bien podríamos cambiar tres o cuatro palabras para hablar de este tiempo, y de otros ámbitos. Pero digamos que es ficticio:
“Los tiempos de producir películas con vistas a permisos de importación quedaban en la lejanía, pero había otras ayudas nada despreciables. Con el crédito sindical y unas cuantas letras de cambio de la distribuidora, un productor avezado podía comenzar sin invertir ni cinco céntimos de su bolsillo. La distribuidora soltaba las letras sin más garantías que el nombre de los protagonistas y del director, porque los exhibidores estaban obligados a consumir una cucharadita de cine nacional por cada cucharada grande de cine extranjero. El crédito sindical se concedía sobre un presupuesto que era preciso inflar, pues todo el mundo sabía que los presupuestos se inflaban. Era como humedecer el recorte de papel. El que no lo hacía, estaba frito. Terminada la película, y de acuerdo con la clasificación obtenida, llegaban las ayudas a fondo perdido. Resultaba, en conjunto, un negocio tentador. Y más seguro, todavía, en caso de coproducción, pues el film se consideraba nacional en los países participantes”.
(Las negritas las he puesto yo.) Aparece en El ayudante del verdugo (1971), una de las tres novelas que Mario Lacruz (1929-2000) publicó en vida. Las otras dos, El inocente (1951) y La tarde (1955), también figuran en Trilogía de la culpa (2009, Editorial Funambulista), un tocho muy recomendable.

Aunque Lacruz quizá no aparezca en los manuales de literatura española del siglo XX (en su tiempo fue más conocido por su labor editorial en sellos como Plaza & Janés o Seix Barral), sus novelas resisten muy bien el paso del tiempo. Más que modernas, parecen actuales, escritas hoy, aunque nos trasladen a la España franquista. Narra sin artificios, directo. En fin, no voy de crítico literario por la vida, sino de citador. He abierto esta entrada porque, además de las anteriores, he subrayado estas líneas de El ayudante del verdugo:
“No es de extrañar que una generación corrompida engendre una generación de necios”.
“Yo puedo estar podrido, pero al menos no me hago ilusiones” LEER MÁS

martes, 27 de septiembre de 2011

El Diario del Amazonas en El imparcial

“Si alguna vez ha habido personas indefensas sobre la faz de la tierra, son estos desnudos salvajes de la selva. No son más que unos niños grandes”. Roger Casement anotaba estas contundentes —y condescendientes— palabras al comienzo de su diario, tras ser enviado a la región amazónica del Putumayo, en septiembre de 1910, por el Foreign Office para investigar ciertas denuncias sobre las atrocidades que la empresa cauchera, de capital inglés, Peruvian Amazon Company estaba cometiendo sobre las poblaciones indias. Lo que allí se encontró el cónsul británico —nacido en Irlanda— corroboraría la corrupción, el abuso de poder, el maltrato y el asesinato de indígenas por parte de los responsables de dicha compañía.
La selección de fragmentos publicada en la presente edición procede de las anotaciones que llevó a cabo Casement en aquel viaje y que sirvieron de base para el informe oficial que elaboró después. En ellas plasmaría su entusiasmo y perseverancia en defensa de los derechos humanos, en un relato donde vemos deambular indios famélicos sin apenas comida y cargando, en interminables caminatas, pesados fardos del anhelado caucho. La primera persona aporta dramatismo al informe: el diplomático vive con horror las “correrías” —batidas para, literalmente, cazar indios que sirvan de esclavos—, y sus comparaciones con África, donde estuvo destinado varios años, son incesantes. El estilo conciso y duro de su narración, con afán continuo de exactitud, no excluye sin embargo ciertos pespuntes literarios, en especial ante la contemplación de la naturaleza amazónica.
En una línea acusatoria semejante a la de Bartolomé de las Casas, Casement aseverará, con frase lapidaria, que “cuando la casta española domina, toda decencia desaparece”. Su mirada compasiva de la población indígena está impregnada, por otra parte, del mito del “buen salvaje”: “Los indios aún conservan parte de su originalidad, la moralidad de su espíritu, la dulzura de su comportamiento y la sencillez de su alma”. Como se afirma en la Introducción, Diario del Amazonas es también una obra en la que alienta la ideología liberal e imperial dominante en aquellos años; Casement se revela en su diario como un protector de los indios pero, al mismo tiempo, "como un fiel defensor de los valores capitalistas liberales que están en la base (…) del propio imperialismo colonial”. Al igual que Conrad en El corazón de las tinieblas, Casement no pudo vislumbrar un porvenir independiente y soberano de los pueblos colonizados, sin el dominio del hombre blanco, sino una gran empresa capitalista y civilizadora que, con un trato más justo y humano, convirtiera el Amazonas en uno de los “graneros más grandes del mundo”. LEER MÁS

lunes, 26 de septiembre de 2011

Opiniones sobre el libro de Yoko Ogawa "La niña que iba en hipopótamo a la escuela"

La escritora nos sitúa en el Japón de los años sesenta y nos presenta a Tomoko, una niña en la recta final de su infancia que tras morir su padre, dado que su madre necesita poder formarse para tener un oficio y mantenerla y manternerse, se traslada a Ashya para vivir con su prima y sus tíos una temporada.
La niña está acostumbrada a una vida sencilla con su madre, y se encuentra con un hogar muy adinerado y con una enorme finca que en otra época había sido un zoo. Tomoko enseguida hace migas con su prima Mina, una niña que debido a su asma no puede hacer el esfuerzo de ir al colegio andando y se desplaza en el hipopótamo enano que tiene la familia, el último animal del zoo al que todos profesan un gran cariño.

Otros personajes que acompañan a Tomoko son la abuela Rosa, una alemana peculiar que aún no se maneja con el japonés a pesar de llevar décadas en el país y que descubre Europa a la niña. Aunque no sea un personaje en sí, la literatura, a la que es aficionada Mina y que descubre Tomoko gracias a ella, así como la biblioteca y el bibliotecario también tendrán una gran importancia para la protagonista.


Este libro nos muestra dos infancias muy diferentes que nos hacen llegar a la conclusión de que los niños, aunque el ambiente adulto que les rodea sea muy diferente, siempre son iguales en el fondo, inocentes, con gran capacidad de superación y de ilusionarse con lo más pequeño.

Con un estilo sencillo la autora logra, ayudada por una excelente traducción, tocarnos el corazón con su ternura, con la sencillez de unos personajes infantiles muy bien perfilados y construidos.
Se nos narra el día a día de una familia de lo más peculiar haciendo que ni siquiera el hecho de ir en hipopótamo al colegio lo veamos como un hecho extraño, todo va rodado, el lector se mete totalmente en el ambiente creado por la escritora.  LEER MÁS
 

"La fórmula preferida del profesor" en viajesdeprimera.com

La fórmula preferida del profesor, poesía y matemáticas desde Japón

Detalle de la portada de La fórmula preferida del profesor, editorial FunambulistaUna autora japonesa y un argumento basado en las matemáticas. ¿Es posible que la combinación resulte interesante? Sí. Aunque lo más fascinante es que se trata también de una de las novelas más sencillas y bellas de cuantas han caído en nuestra mochila este verano.





Pasamos tanto tiempo esperando grandes acontecimientos, o momentos que creemos fantásticos, que nos olvidamos de que la felicidad, la que sirve para apuntalar los recuerdos de la vida, está en las cosas pequeñas de cada día. No es broma. Ni una fórmula simplista y manida.
En Oriente parecen tenerlo más claro. Y quizá por eso el haikuYoko Ogawa, solapa de La fórmula preferida del profesora, editorial Funambulista, experimento poético nipón por antonomasia, se basa en esa fórmula… Fórmula tan sencilla y directa como la de cualquier ejercicio matemático…
Otra cosa es que los ojos profanos sean capaces de percibir la sencillez y, claro, la belleza de las dos cosas: del poema y de los números, de la chispa de unos deberes compartidos, de una cena sencilla pero sabrosa, de un regalo envuelto con todo el cariño.

Si Nieves Conscontrina le dedica uno de sus últimos libros a sus profesores de Historia por no haberla sabido sumergir en sus apasionantes misterios, La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa, debería ser lectura obligada para todos aquellos maestros que en lugar de enseñarnos a abrazar los números nos han obligado a temerlos; también para quienes sudaban tinta a la hora de afrontar el problema de los trenes que salen de A y B o las integrales. De todo ello surgen cosas prácticas y de las que, en ocasiones, nos aprovechamos a diario.
 Interesante reflexión la del epílogo aunque más emocionante es el redescubrimiento que se va haciendo de las raíces cuadradas y las fórmulas más básicas…
 Tranquilos, porque tampoco se trata de un cuadernillo Rubio (¿existen todavía?) si no de una historia tierna, sencilla, crujiente y cercana, la de una madre soltera que trabaja como asistenta, su hijo, amante del deporte japonés por excelencia (el béisbol), y un profesor lumbreras aquejado de una extraña dolencia que limita su capacidad de recordar a 80 minutos (aunque esta última característica parece disiparse hacia el final). LEER MÁS

jueves, 22 de septiembre de 2011

"Refrescante y divertida. Así es esta aproximación novelada a la filosofía zen y su expresión poética por excelencia: el haiku"


Refrescante y divertida. Así es esta aproximación novelada a la filosofía zen y su expresión poética por excelencia: el haiku, esa composición de tres versos que intenta fijar un instante para después reflejar muchos otros. Además, encontraremos en ella sugerentes relatos y sorprendentes personajes, cargados de simbolismo unos, cotidianos y familiares otros: de hecho Lanoue consigue que el propio lector se convierte temporalmente en uno de ellos. Pero sobre todo es una novela exenta de gravedad y cargada de una conveniente y amable ironía.

Se trata de la historia de Dientes Salientes, discípulo del maestro de haiku Taza de Te, historia que se desarrolla en un Antiguo Japón de bosques nevados y parajes aislados, y que el narrador y autor va presentando, casi a la vez que al lector, a un grupo de escritores que se reúnen periódicamente en la Nueva Orleans actual.

Es la alternancia entre estos dos mundos la que termina por hacer proponer al narrador-autor unos divertidos juegos metaliterarios mediante los que, además de convertir en personaje al lector, consigue trasladar a sus compañeros de tertulia al Antiguo Japón, o traer al propio Dientes Salientes a una inesperada Nueva Orleans.

E igual de divertidos son los personajes que vamos encontrando: los estereotipados miembros del grupo de escritores; las hijas del titiritero Yamakura que “A partir de cierto momento, comenzaron a emular a los mudos títeres de su padre, hablando menos y menos; dando a conocer a familiares y amigos todas sus necesidades con coreografías exquisitas”; y sobre todo, el trío de poetas de haiku formado por Kiro, el oscuro maestro de la impermanencia, el alocado y bebedor Mido, y el silencioso Shiro, tan silencioso que Lanoue transcribe sus haikus mediante un descriptivo espacio en blanco, un trío, en fin, tan heterogéneo y extraño como el que podrían formar, contra todo pronóstico, Heráclito, Bukowski y Harpo Marx. LEER MÁS

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Reseña de Sarah Manzano sobre "Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible" en Papel en blanco


'Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible', de Constance de Salm


Ha tardado, pero por fin llegó a mis manos. Descubrí Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible de Constance de Salm a primeros de agosto y desde entonces quise tenerlo. Lo pedí, no llegaba, lo volví a pedir, me dijeron que no tenían existencias en ese momento, que tendría que esperar. Un sinvivir, vamos. Como si no tuviera libros en casa por leer. Pero la semana pasada por fin llegaba a mi poder, para ser devorado en dos ratos libres que tuve con inmensa satisfacción.
‘Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible’ es una novelita corta, de esas que tanto me gustan a mí, publicada en 1824 y reeditada hace nada en Francia donde ha causado un furor imprevisto, vendiendo más de cien mil ejemplares en unas pocas semanas. Esto, y saber además que en esta obra se inspiraría Stefan Zweig para su célebre Veinticuatro horas en la vida de una mujer, pues fue lo que desató mi ansia.
Nos encontramos ante una novela epistolar. A través de cuarenta y seis cartas nos colaremos en la vida de esta mujer sensible, sin nombre, que ve como su amado se marcha con otra mujer a la salida de la ópera. A partir de aquí, la desolación, el amor, los celos y la humillación se darán cita en sucesión de cartas que escribirá sin obtener respuesta. Veinticuatro horas, sí, veinticuatro horas de desesperación…

Podéis imaginar el sufrimiento de la pobre mujer, creyendo que su amante se ha marchado con otra, sin poder hacer otra cosa que escribir cartas, una detrás de otra, que su fiel criado llevará sin recibir respuesta. La incertidumbre, la desesperación y los celos la llevarán a realizar actos en los que su honor quedará en entredicho, y sin embargo, no podemos sino compadecernos de ella… O si no, que levante la mano el que nunca haya sufrido por amor… LEER MÁS

Referencia a "Diario del Amazonas" de Roger Casement en este artículo publicado en Babelia

La literatura del mundo amazónico ha sido en cinco siglos un largo diálogo de mitologías. Las que concibieron en centenares de lenguas los diez millones de nativos que habitaban sus orillas a la llegada de los europeos, y las que aportaron el español y el portugués, que se consolidaban entonces y que con la aventura americana se convirtieron en grandes lenguas planetarias. Hay que leer El hablador, de Mario Vargas Llosa, o Macunaíma, de Mario de Andrade, para sentir la complejidad de los mitos indígenas y el modo libre, audaz y conmovedor como la sensibilidad mestiza los interroga y los transforma en inquietantes parábolas de la modernidad. "Una lengua", escribió Jorge Luis Borges, "es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos". Los mayores idiomas nativos de la región son el ticuna, el shipibo-conibo, el guahibo y el warao, pero, aunque decrecientes en términos demográficos, ahí están el tupí-guaraní, el mbyá, el kaiwá, el pai tavytera, el chiripá, el omagua, el ñengatú, las lenguas boras como el muinane y el miraña, y las huitoto como el ocaina, el nipode, el meneca, el murui, el nonuya y el coixoma.
"Las poblaciones y lenguas del río llegaron del mar. Lo narran los distintos pueblos en el mito compartido de las grandes anacondas"
Innumerables son las recopilaciones que se han hecho de tradiciones, relatos, mitos y sueños indígenas, pero podemos mencionar Los piros, relatos recopilados en el Perú por el sacerdote español Ricardo Álvarez en 1960; los Mitos e historias aguarunas, recopilados por José Jordana Laguna en 1974; La verdadera biblia de los cashinahuas, cuentos recopilados por el antropólogo francés André Marcel d'Ans en 1975, que ha sido llamada "Las mil y una noches del mundo indígena amazónico"; El universo sagrado, recopilado y reelaborado por Luis Urteaga Cabrera, de Cajamarca, quien convivió diez años con los indígenas shipibos; y las recopilaciones Yaunchuck I y II que recoge la literatura oral de los jíbaros huambisa, publicadas en 1994. LEER MÁS

Diario del Amazonas. Roger Casement. Traducción de Cristina Oñoro y Stella Ramos (Funambulista).

martes, 20 de septiembre de 2011

"El libro de las nubes", la mirada sobre Berlín de la mexicana Chloe Aridjis

México , 6 sep (EFE).- La escritora estadounidense de origen mexicano Chloe Aridjis presentó hoy la versión en español de su primera novela, "El libro de las nubes", una visión de la ciudad de Berlín a través de la mirada de su protagonista, una mujer que vive sola en la capital alemana intentando desprenderse de su pasado.
"El libro de las nubes" fue publicado originalmente en Estados Unidos bajo el título de "Book of Clouds" en 2009, y ve ahora la luz en español por la editorial Fondo de Cultura Económica.
La protagonista de la novela, Tatiana, es una mexicana proveniente de una familia en la que el autoritarismo se alza sobre todas las cosas y que se instala en Berlín para escapar del yugo familiar. Su soledad se ve interrumpida cuando empieza a transcribir los textos de un viejo historiador.
"No soy Tatiana, pese a que siempre existe una línea borrosa entre el autor y sus personajes, sobre todo cuando se comparte geografía, como es el caso", comentó Chloe Aridjis, quien en el pasado vivió cinco años en Berlín, al igual que la protagonista.
Chloe Aridjis es hija del escritor y diplomático mexicano Homero Aridjis.
Doctorada en lengua francesa por la Universidad de Oxford, la autora afirmó que quiso crear "una narradora poco sociable" pero al mismo tiempo integrar en ella sus "obsesiones sobre esta ciudad tan extraña y compleja".
La historia de "El libro de las nubes" centra su atención en la importancia que tiene el pasado en la cimentación y construcción del ser humano y de una ciudad como Berlín.
"Gracias al libro he visitado Berlín por segunda vez y con ello otros recuerdos del primer viaje han vuelto a mí y he recordado anécdotas de aquel entonces", dijo Pablo Boullosa, escritor mexicano que acompaño a Aridjis en la presentación de su libro.
Junto a ellos ocuparon también la mesa central del auditorio de la Librería del Fondo de Cultura Económica Rosario Castellanos, el también escritor mexicano Guillermo Fadanelli y la escritora y periodista del diario Reforma Guadalupe Loaeza. LEER MÁS

viernes, 16 de septiembre de 2011

Sobre la presentación de "El libro de las nubes" en México

Por
Guadalupe Loaeza

"Siempre estás en las nubes", solían reprocharme, constantemente, mis monjas del colegio francés. Es cierto, entonces, nada me gustaba más que abstraerme de las clases y refugiarme en mi propia nube, sensación que me causaba un bienestar indescriptible. Desde allí, vigilaba si mis compañeras copiaban en los exámenes; desde allí, observaba todo lo que hacía la directora, pero sobre todo, desde allí pensaba que nadie podía alcanzarme y mucho menos invadir mi privacidad. Con ese mismo sentimiento, sentada en mi nube, devoré la espléndida obra de Chloe Aridjis.
Aridjis
Tatiana, protagonista de El libro de las nubes (editorial Fondo de Cultura), ganadora del Premio Mercurio de Francia, como la mejor primera novela extranjera, 2009 (traducida en ocho idiomas y muy elogiada por Paul Auster), empieza a escribir sus vivencias en Berlín, el 11 de agosto de 1986. Entonces tenía 14 años, y acababa de hacer un largo viaje con su familia por toda Europa. Berlín era la última etapa. Una noche, después de cenar, Tatiana fue con toda su familia a una manifestación contra el muro, "la verdadera cara del comunismo", como acostumbraban decir sus padres, al referirse, asimismo, al "ícono de la guerra fría". Eran las doce de la noche, cuando decidieron tomar el metro en la estación de Gleisdreieck. De pronto en medio de un tumulto de pasajeros, Tatiana descubrió a una anciana casi centenaria, con una mascada en la cabeza que le enmarcaba una frente sumamente ancha, una cara cuadrada y unas mandíbulas particularmente masculinas. Lo más llamativo de todo era su mirada oscura y negra y un cuadradito sombreado allí donde hubiera debido estar el bigote. "Como la tenía justo enfrente, la pude observar perfectamente, y cuanto más la miraba, más convencida estaba de que ella era... sí, sí, ella era... Hitler. Hitler viajando al oeste... Es Hitler -me dije-, no hay ninguna duda de que es Hitler". Lo que más exasperaba a Tatiana era que entre más señales le hacía, desde su lugar, a sus hermanos y hermanas, más la tiraban a lucas. Casi al borde de un ataque cardiaco se preguntaba cómo era posible que 40 años después de la guerra se encontrase frente a frente "con el demonio en persona, aquel cuyo solo nombre arrojaba una sombra sobre casi cada uno de los paisajes de mi joven existencia...". Tres años después de esta extraña vivencia, cayó el Muro, y Tatiana crecía al mismo tiempo que los frutos de su imaginación iban madurando de más en más. LEER MÁS

jueves, 15 de septiembre de 2011

Chloe Aridjis en la presentación de "El libro de las nubes" en México

La escritora presenta su trabajo literario 'El libro de las nubes'; la acompaña Guadalupe Loaeza
CIUDAD DE MEXICO .- Son escasas las buenas escritoras y Chloe Aridjis es una de ellas, aseveró anoche el narrador Guillermo Fadanelli. Lo es, argumentó, por su capacidad para desordenar la realidad y ordenarla a su manera, como lo demuestra en "El libro de las nubes", novela que se presentó en la Librería Rosario Castellanos.El relato, que protagoniza una mujer mexicano-judía de nombre Tatiana, acerca al lector hasta un Berlín de personajes solitarios, donde la historia, el mito y la imaginación se entreveran.
"Tatiana es una mujer sola, camina en Berlín siempre atenta y miedosa, como es por lo regular la gente inteligente, alerta y emotiva, observadora sobre todo, y bella moralmente".
La soledad no sólo marca a los personajes, sino a la novela misma, destacó Fadanelli.
"El tema de la obra es la soledad, no el quedarse solo, sino el hacerse solo y caminar con la absoluta conciencia de que suceda lo que suceda, la soledad es lo único que nos conviene, porque en Tatiana no hay nada más conciencia de la soledad, sino sobre todo convicción de la soledad".
Aridjis aclaró que no es Tatiana, aunque compartan rasgos biográficos.
"Quise crear más bien una narradora poco confiable y una ironía dramática; al mismo tiempo le incorporé mis observaciones y reflexiones sobre esta ciudad extraña, compleja".
La escritora Guadalupe Loaeza recordó que "El libro de las nubes" arranca con las vivencias de la protagonista en Berlín, el 11 de agosto de 1986, cuando tenía 14 años y se le apareció Hitler en la estación del metro Gleisdreieck.
"Casi al borde de un ataque cardiaco se preguntaba cómo era posible que 40 años después de la guerra se encontrase frente a frente 'con el demonio en persona, aquel cuyo solo nombre arrojaba una sombra sobre casi cada uno de los paisajes de mi joven existencia...'" LEER MÁS

jueves, 8 de septiembre de 2011

"Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible" de Constance de Salm en el blog de Isi

Una pequeñita novela espistolar -ficticia- con la que he disfrutado muchísimo.
veinticuatro-horas-en-la-vida-de-una-mujer-sensible 
La importancia de hacer una buena combinación entre merienda y lectura

La protagonista es una mujer viuda, con una gran fortuna, que tiene un amante y, pese a estar ambos locos el uno por el otro, no pueden hacer pública su relación por ciertos asuntos de imagen, que son su tormento más íntimo. Pues bien; todo comienza cuando ella le ve subirse en el carruaje de otra mujer a la salida de la Ópera. Ya en su casa es presa de la desesperación por lo que ha visto y también porque no recibe la misiva diaria de su amante, así que comienza a escribirle una serie de cartas en la que le cuenta lo mal que se siente ante esa situación… ¿Por qué se ha ido con otra cuando tantas veces se han jurado amor eterno?
Son las cartas lo que nosotros leemos, totalmente unilaterales, que comienzan bien entrada la noche después de la Ópera y en la que la protagonista hace un despliegue literario de sentimientos. Se siente traicionada y sus más profundos temores se hacen realidad conforme pasan las horas, llega el día, y sigue sin saber nada del amante que, al parecer, ha pasado la noche con la otra. Os imagináis los celos… Y a Charles llevando las misivas a la residencia del muchacho con cara de circunstancia…
Entre reproches, brotes de delirio y momentos en los que piensa que seguro que todo tiene una explicación, van pasando las horas y nuestra protagonista sigue pegada al papel y a la pluma para dar parte a su amante de las locuras que esta situación le ha obligado a hacer. Y es que cuando los momentos lúcidos la abandonan, la pobre se deja llevar por sus arrebatos de celos y… digamos que todo le lleva a la deshonra. Copio una frase de la sinopsis de la novela que me ha encantado: “la narradora pasa por todas las etapas del calvario”. Tal cual. LEER MÁS

lunes, 5 de septiembre de 2011

"Trivium" de Enrique Badosa en el blog Mis (re)lecturas

Trivium (Editorial Funambulista, 2010), reúne la poesía que Enrique Badosa ha escrito entre 1956 y 2010 haciendo manifiesto homenaje a uno de los poetas españoles más lúcidos y brillantes de la generación de los años 50. La rica biografía de un hombre que, como revela Joaquín Marco en un pormenorizado postfacio, dice carecer de biografía.

La edición de Trivium constituye un verdadero acontecimiento editorial no sólo por el esfuerzo en la publicación de un libro de poesía de este volumen -casi 1.200 páginas- en tiempos de crisis económica, sino por lo que tiene hoy de reivindicación de una obra poética mayor. Una obra sólida que se inicia con Más allá del viento, libro que pone de manifiesto una singular sensibilidad para revelar el latido humano en la naturaleza y demás cosas del mundo, y ese sentimiento de desconcierto existencial que busca sostén en una religiosidad diáfana en la que se oyen ecos de la tradición mística española del siglo XVI. Es sobre esta sutil materia que Enrique Badosa levanta su edificio de tiempo y esperanza - El roce de las horas que nos llagan la frente, / abrirá cauces vivos para la flor ausente - a modo de refugio frente a la ineludible contingencia del silencio ante el cual opone su Canto de las cinco estaciones. Un canto cuya secuencia  culmina con esa «estación ausente» que se solapa - ¿Quién regará los campos que ayer abandonabas? - tras el ciclo natural de la vida. No es superfluo acotar aquí que los cimientos de la casa de Badosa se hunden en el sustrato romance y clásico greco-romano, de aquí el cultivo de silvas, epigramas y sonetos, para configurar una cartografía existencial y poética única, una exploración geográfica  y espiritual recogida en sus cuadernos de viaje y que alcanza un punto poético culminante en el bellísimo Mapa de Grecia, donde dice de Esparta que De noche, hasta en verano bajan fríos, / los aires del Taigeto..., y en el no menos bello Cuaderno de Teotihuacán, de cuya Pirámide de las inscripciones dice: Con sol de amanecer lavo mis ojos, / me desnudo y me amparo / en la penumbra azul de agua y de piedra, / siento cercanas todas las palabras / de la serenidad, / y nunca más he de volver a ver / mi rostro en un espejo de serpientes. LEER MÁS

Banderas Negras en Babelia

 August Strindberg - Banderas Negras

Extremo Strindberg, templado Söderberg

SERGIO RODRÍGUEZ PRIETO
Narrativa. El hondo proceso de modernización que transformó Suecia en el penúltimo cambio de siglo tuvo su reflejo en la literatura, como cabía esperar, aunque a la burguesía no le solía gustar demasiado la imagen que el espejo en cuestión le devolvía y, haciendo justicia a sus acusaciones de hipocresía, recibió con gran escándalo a los escritores que hoy constituyen la columna vertebral de su cultura. Por aquel entonces August Strindberg ya había regresado sano y salvo -o al menos eso decía él- de su "Inferno" particular, y aunque empezaba a gozar en su tierra natal de parte del reconocimiento que merecía, todos esos años de exilio voluntario habían hecho que otros escritores de menor talla artística pero mayores habilidades mundanas se colocaran en el primer plano de la escena literaria. Ese pudo ser el caso de Gustaf af Geijerstam, escritor y periodista que se había erigido en la figura central del movimiento generacional "la joven Suecia" y que en su día llegó a ser comparado con el mismísimo Goethe. El elogio desató la ira de August Strindberg, quien únicamente le reconocía talento para la manipulación y la mentira y que, a pesar de una supuesta vieja amistad -o precisamente por ello-, acabaría retratándole como Lars Petter Zachrisson, el arribista zafio, chupasangre y sin escrúpulos que protagoniza Banderas Negras. LEER MÁS

jueves, 1 de septiembre de 2011

"Metrópolis" de Ferenc Karinthy en el blog "Entre montones de libros"





"Debe de ser una ciudad grande, esto parece evidente, una de esas grandes metrópolis en las que jamás ha estado. No alcanza todavía ni siquiera a imaginar en qué parte del globo se sitúa, en qué dirección respecto de su hogar, e incluso aproximadamente a qué distancia..." 
     Esta vez voy a empezar haciendo un resumen. Nos presenta el autor a Budai, un prestigioso lingüista húngaro, que vuela a un congreso a Helsinki. Sale con prisa, sin reloj, y se duerme durante el vuelo. Cuando llega es por la noche ya y lo montan en un autobús que lo lleva al hotel. Una vez allí descubre que no está en Helsinki, así que asume que se ha equivocado de avión. Supuesto eso, trata de corregir su ruta y comprueba que, pese a hablar varios idiomas, no es capaz de entender a nadie y tampoco consigue que lo entiendan a él. Está en una ciudad enorme y desconocida en la que parece no poder comunicarse con nadie. Hay una cosa clara, tiene que salir de allí.

     Es un libro singular, no nos prepara para la trama, como tampoco lo está su protagonista. Sale con prisa, sin reloj y aterriza por la noche, cansado y es transportado en autobús a un hotel en el cual, no se entiende con la recepcionista. Y todo eso en las primeras páginas. A partir de ahí vamos evolucionando con Budai; primero le preocupa faltar a la conferencia. Necesita el pasaporte que se ha quedado la recepcionista. Y no lo entiende, y eso que habla una docena de idiomas. La escucha con atención y sólo ve un parloteo rápido interminable y por escrito tampoco es mejor, así que sale a buscar ayuda. El metro es otro caos, las líneas no parecen circulares pero tampoco se ve el final de la linea, es como si nunca terminase, algo que sabe es imposible, y la gente lo abarrota, lo mismo que las calles. Se fija entonces en ellas, grises, con casas viejas junto a nuevos y altos edificios, todo lleno de gente que parece tener prisa o hacer cola, no hay punto intermedio. Y tampoco lo entiende nadie ahí. Ni él a ellos, ni los carteles.
     Pero el protagonista resiste a estos choques brutales. Lo que le minan son las diferencias sutiles, ahí es donde empieza a sentir miedo, en las bebidas dulces que no debieran serlo, en las salchichas también dulces. Le chirrían subiéndole por la espalda, incubando el pánico y haciéndonos recodar el caso del inmigrante que retuvieron quince años en un psiquiátrico por encontrarlo sin documentación, como él, y tomarlo por loco al escuchar su jerga ininteligible. ¿Y si le pasa igual? LEER MÁS

‎"El coronel Chabert" de Balzac en el blog literario de la Cope

Honor o posición

Es Balzac autor de la monumental Comedia humana (en francés, La Comédie humaine). La Comédie humaine consta de 95 obras completadas -de las cuales 85 son novelas, y el resto relatos y ensayos analíticos-, y de 48 obras inacabadas (de algunas sólo se tiene el título). Estas obras abarcan la práctica totalidad de la producción de Balzac entre 1830 y 1850. Probablemente tengan más valor como conjunto que tomadas una a una (ningún título merece una gran reseña) pero sin duda entre ellas encontramos muchas estimables.
La editorial funambulista nos trae una de ellas traducida por Max Lacruz (el editor e hijo del gigante editor Mario Lacruz). El coronel Chabert nos llega por doble vía. Y es que en Abril lo publicaba la editorial aún más minoritaria “reino de redonda” del escritor Javier Marías. Dicha coincidencia, de dos personas de evidente buen gusto, es la primera y más clara señal de que el texto encierra una gran calidad. LEER MÁS