viernes, 28 de diciembre de 2018

Una visita a Portugal en el blog Mis críticas sobre libros leídos


Poca gente no conocerá al autor de este libro de viajes, un autor que su renombre quizás para casi todo el mundo estará lejos de este género narrativo y al que casi siempre uniremos al del cuento, que ha sido el que lo ha llevado a la inmortalidad.


El libro sencillo, corto y muy fácil de leer a pesar de tener un estilo narrativo como marca la época en la que lo escribió, en la que el romanticismo era la seña distintiva en los narradores de viajes, nos puede venir fácilmente por ejemplo Cuentos de la Alhambra de Washington Irvin, pero al que realmente el que tenemos hoy entre nuestras manos es diametralmente distinto.

Aquí más que la historia del lugar o lugares que visita el escritor, aunque también nos brinda algo de historia, solo cuando lo considera totalmente necesario para situarnos en algún echo o lugar muy concreto, por ejemplo en el momento de conocer al rey emérito en el que nos narra cómo ha llegado a  reinar esta familia, sin separarse mucho de la época en la que se realiza el viaje. El autor prefiere centrarse en mostrar su visión no ya de las ciudades que visita sino de las sensaciones que le producen la estancia y la gente con la que comparte el tiempo.

Realiza unas someras descripciones de los lugares, aunque en contraposición a lo que un viajero actual buscaría, que no son otra cosa que los lugares históricos, el autor se centra aquí en los lugares donde la gente reside o ha residido, en la naturaleza, dando una mayor importancia a esto que a un palacio u otro lugar de los que en la actualidad nos interesaría. Esto lo podemos ver desde un primer momento, su llegada a la casa donde va a residir y en la que basa casi toda su estancia en Lisboa, en los alrededores de la finca de los amigos de juventud del autor, donde nos muestra el abandono y la campiña de portuguesa.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Ladrones de vidas en los blogs "Mi pequeño rincón" y "La orilla de las letras"

Con Ladrones de vidas, estamos delante de una novela de búsqueda (física y emocional) basada en hechos reales, unos hechos escalofriantes que tuvieron lugar en España no hace tantos años: el drama impune del robo de bebés entre 1940 y 1990.
Como nos cuenta Soledad Luque en su prólogo, brillante, durante el franquismo y años posteriores, muchas mujeres embarazadas eran manipuladas o coaccionadas para dar a sus retoños en adopción. Primero, las víctimas eran mujeres republicanas, más tarde madres solteras, madres de familia numerosa humildes, madres separadas o parejas jóvenes primerizas. Unas eran engañadas al decirles que su bebé había fallecido (enseñándoles un bebé muerto, congelado, siempre el mismo – abominable); otras, eran víctimas de amenazas e intimidaciones para que entregaran forzadamente a su pequeñ@ en adopción. Fueron víctimas de una horrible represión de género que anula los derechos más básicos de las mujeres.
Para acercarnos a estos horribles sucesos, la autora toma como ejemplo a Olga Bari, protagonista de un caso real, y va reconstruyendo su historia de madre a la que arrebatan las posibilidades de serlo y al propio hijo (en este caso hija), cuya verdadera identidad siempre está en conflicto. Olga, embarazada, fue ingresada en un centro de acogida en un estado casi catatónico, insultada, humillada, sintiéndose terriblemente sola y, al dar a luz, unas monjas le quitaron a su bebé, diciéndole que estaba muert@ y sin saber si era niño o niña. Años más tarde, se supo que toda la trama fue urdida por un tal Dr. Vela y una tal Sor María, monstruos de dos caras los dos. Se me revuelve el estómago. (El mismo Benicio nos amplía toda esta información entre las páginas 174 a 176.)
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Existen en el mundo muchas personas que querrían ser padres y no pueden por infertilidad, problemas de salud, etc. Muchas de estas personas recurren a métodos legales para llegar a tener un hijo. Otras, sin embargo, prefieren optar por otras vías nada claras y que suponen un gran negocio para los que las ponen en marcha. Hoy en día sabemos que un gran número de bebés fueron robados durante décadas para darlos en adopción a familias pudientes en España. Bebés como una de las protagonistas de Ladrones de vidas, la novela basada en hechos reales de Eugenia Tusquets de la que hoy vamos a hablar.
Madrid, 1978. Benicio es un joven investigador privado que trabaja en una agencia de detectives en la que no se encuentra del todo a gusto. Un día llega a la agencia Olga Bari, una joven que quiere encontrar a su bebé. Olga, le cuenta, se quedó embarazada de un novio polaco que desapareció enseguida de su vida. Cuando su abuela se enteró de su estado, la obligó a entrar en una residencia para chicas embarazadas a las que se les obligaba a dar en adopción a sus bebés.
Nueva York, 1992. Emma es una chica rebelde e inconformista que está deseando marcharse a California para labrarse una carrera como actriz. Años más tarde, conoce a Steven, un productor de cine divorciado con el que tendrá un hijo, Kyle. Pronto descubren que Kyle tiene una enfermedad rara. Los médicos necesitan estudiar el ADN de los padres y abuelos. Es entonces cuando Emma descubre que en realidad es adoptada y que su verdadera madre está en algún lugar de España. 
 
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