miércoles, 15 de marzo de 2017

Entrevista a Félix Teira en Ràdio 4

Félix Teira nos habla de su libro “El último sol” en Wonderland en Rádio 4, entrevista de Rosa Gil.
Escucha la entrevista

martes, 7 de marzo de 2017

Miguel Sáenz en El País


(El traductor y catedrático de la Lengua, Miguel Saenz, en su casa de Madrid.
Los niños siempre o casi siempre son felices. Es el único momento de la vida en que la felicidad se da en estado duradero. No caminan, corren. No corren, saltan sobre una pierna y sobre la otra como si fueran a echar a volar. El suelo, sin embargo, es su casa y ven todo lo que hay en él. Encuentran cosas insólitas entre baldosas. Brincan y cantan al mismo tiempo. Nunca más volverán a hacerlo.
Algunos ciudadanos carecemos de recuerdos infantiles. Otros tienen la suerte de llevar consigo aquel paraíso toda la vida. Mi amigo Miguel Sáenz, por ejemplo, recuerda con detalle una infancia feliz en África. Hasta los 11 años vivió en un lugar mítico que ya solo existe en la literatura, Sidi Ifni. Los mayores recordamos entre brumas aquella guerra fingida que mantuvimos con Marruecos por la posesión de un lugar inútil, desértico y que apenas daba de comer a sus lugareños. No obstante, para el niño Miguel aquello fue el paraíso. La infancia sólo vive en lugares expresamente inventados para los niños.

LEER MÁS

Juan López-Herrera nos habla de "La ínsula inefable" en El Rincón Literario de Paco en Cartagena Actualidad.

Entre trabajo y mudanza… nos atiende Juan, gracias…

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace La ínsula inefable?

R.- Comencé a escribir el libro poco después de mi llegada a Lima en 2011 y lo acabé justo antes de mi partida en 2014. La novela se nutre de experiencias vividas en varios de los países donde he residido (el propio Perú, Cuba, Brasil…), pero nace sobre todo de una historia que comenzó a gestarse mientras vivía en La Habana entre 2007 y 2009 -aunque entonces no era consciente de sus implicaciones- y que tuvo su desenlace un tiempo después de dejar yo la isla. Una lectura concreta me ayudó a dar una estructura coherente a la trama: el libro “The File”, de Timothy Garton Ash.

P.- ¿Por qué comenzó a escribir?

R.- Como todos empecé a hacer mis pinitos literarios escribiendo poesía en mi época universitaria. Algunos de esos poemas están publicados en la edición de 1984 de los premios de poesía de la Facultad de Filología de la Hispalense. Entre 1996 y 1998, durante un periodo de excedencia en el que regresé a mi Sevilla natal, escribí mi primera novela, La Cream Coneshion, que fue el resultado del encontronazo con una realidad andaluza muy “gatopardiana”: aparentemente todo había cambiado desde que yo había dejado la ciudad en 1985, pero en el fondo todo seguía igual, tanto en Sevilla como en Andalucía. Decidí utilizar el humor, que es la subversión no violenta del ciudadano oprimido.

P.- No me resulta fácil encuadrar la novela en un género concreto…es divertida, misteriosa, santería incluida, con un desfile de personajes variados…Willy Toledo, Nino Bravo, Julio Iglesias…¿su clasificación?

R.- Creo que sigue la estela de mi primer libro, que era una novela negra bastante sui generis, con un humor quiero pensar que muy español, mezcla de astracanada, surrealismo y sátira de trazo grueso.

P.- ¿Se ha encontrado de frente con santones? ¿cree en sus prácticas?

R.- Sí que me he encontrado con esas prácticas muchas veces, en Brasil, Sudáfrica, Cuba o Perú, pero también en Galicia o en Andalucía (las llamadas “sabias” del campo andaluz). Creer no creo, “pero haberlas haylas.”

P.- Usted, como diplomático, ha ejercido en países tan distintos como: Brasil, Sudáfrica, Bélgica, Cuba, Perú, Reino Unido… ¿cuál de ellos le ha sorprendido más y por qué?

R.- Todos son sorprendentes a su manera. Incluso países tan desarrollados y aparentemente convencionales como Bélgica o el Reino Unido pueden ser una caja de sorpresas. El Reino Unido, por ejemplo, es en ciertos aspectos una ínsula aún más inefable que la de la novela. Y no hay que olvidar que la normalidad aparente bajo la que se esconden secretos inconfesables es la base de gran parte de la novela negra contemporánea.

P.- En las embajadas ¿se espían unos a otros y otros a unos?

R.- No, por supuesto que no…salvo en la Ínsula Inefable, claro está.

LEER MÁS

jueves, 2 de marzo de 2017

"La ínsula inefable" en Pandora Magazine

la-insula-inefable

La novela que hoy presentamos tiene evidentes guiños intertextuales. El primero, sin duda, cervantino. Se nos presenta una ínsula utópica que recuerda al inicio del libro a esa ínsula prometida al bueno de Sancho Panza. Ese lugar perfecto en el que sería feliz.
Al igual que con Sancho Panza, o que con la Vetusta, de “La Regenta”; se trata de un lugar imaginario que puede sonar a muchos lugares, como bien explica el autor en el prefacio pero no es ninguno en concreto. Al menos, en teoría. Si avanzan la lectura sacarán sus propias conclusiones.
Dicho esto, también tiene mucho el relato de tragicomedia o de ya que arranca siendo ese lugar propicio a las copas, la diversión y la frivolidad y acaba siendo un en el que el miedo, el sufrimiento y la contrariedad están a la orden del día.
En definitiva, el libro, al igual que la “Tragicomedia de Calixto y Melibea> nos pone en aviso sobre los peligros del loco amor, sobre lo fácil que es picar un anzuelo y no hacer caso a los avisos de la gente sensata en el sentido del abuso de la diversión, la frivolidad, el sexo y las malas compañías.
Cómo hace todo eso queda pendiente de la lectura ya que si se desvela el misterio se pierde el encanto y se trata de un libro divertido, didáctico e interesante que no pierde la tensión en ningún momento.

lunes, 20 de febrero de 2017

"El hombre-pluma", de Flaubert, en Kilómetro 0

¿Que si soñé algo anoche?, quieres decir. Soñé con la muerte y grité con los ojos. Me incorporé en la cama, cortando la madrugada con los dientes y me froté los párpados en busca de respuestas. Había sido una noche tranquila. “¿Por qué un triciclo?”, me preguntaba en sudores.
Pero había conversado con el hombre-pluma, así que en sueños sentí por él, a causa de él, con relación a él y mucho más con él. Pues me había colado en la intimidad de su correspondencia amorosa. Allí estaba yo, todo un intruso en pijama, a medio camino del cruce de miradas entre un hombre y una mujer que se hablaban con el corazón en la mano. ¿Qué hacía yo allí husmeando en una pasión que no era la mía? Me sentía culpable y a la vez afanoso por saber más y más. El hombre-pluma, que bregó toda su vida con las palabras, tuvo su máxima ambición en borrar de una vez por todas su huella en las historias que contaba; ahora estaba ante mí desnudo. Yo le conocía, de verdad, por primera vez. Yo le conocía a él, al muerto.
Y me quedé dormido entre sus confesiones a Louise Colet, cuando aún las paredes eran de color cobre y él la besaba en los ojos y bajo el cuello. Suyo. Me quedé dormido con el libro en la mano y la trompeta de Chet Baker en el estómago.
Por eso, en el otro mundo, yo conocía todo de él. Pensaba en él como un viejo amigo o, mejor, como un pariente. Sabía de su sufrimiento y de cuánto le costaba escribir. Siempre pensé en el agujero que se le formaría a la altura del ombligo con cada punto y final que trazó en su vida. En parte admiraba su genio de manera ferviente y, por otro lado, me transmitía el pesar del penitente en su torre de marfil. Flagelándose con una fusta de palabras para modelar a “su Bovary”, leía y releía los párrafos consumidos en su pluma, en busca de un resbalón. No sé si consiguió finalmente la perfección que él tenía en mente, pero yo le conozco y le quiero. Le leo. Le persigo a él y a su Frédéric por el Jardín de las Tullerías el día de la Revolución. Le leo y le releo, y no soy capaz de encontrar ningún resbalón.

LEER MÁS