lunes, 10 de septiembre de 2018

'El Callejero Maldito', una novela que pasea por las calles indignas del franquismo

Portada del libro 'El Callejero maldito' de Javier Ruiz MartínEl callejero de Madrid está sucio. Está manchado de la sangre de la historia. Las placas de las calles de la capital quedan en las nuca de los transeúntes y desde las esquinas recuerdan los nombres más indignos que protagonizaron el franquismo. Ésta es la idea que quiere transmitir El Callejero Maldito, la última novela escrita por Javier Ruiz Martín y editada por Funambulista.
El cambio de los nombres de algunas de las calles de la vergüenza por parte del Ayuntamiento de Madrid para cumplir con la Ley de Memoria Histórica de 2007 podría ser el móvil necesario para explicar por qué Ruiz Martín decidió escribir esta novela compleja y necesaria. Narrada en primera persona, el autor ofrece una ruta insólita por 14 de las calles que evocan a la dictadura en las que se encuentra con esos personajes franquistas que hacen del pasado de España un ente negro y oscuro.
En esos pequeños encuentros ficticios, el protagonista y narrador se topa con algunos fascistas que dan nombre a las calles de la capital española como Asensio Cabanillas, Moscardó, Eduardo Aunós o Mola. “Les doy la oportunidad de hablar y que se retraten como asesinos”, explica a Público.
“Es un libro difícil de escribir”, reconoce el escritor. Lo es, precisamente, por su originalidad. Porque, como él mismo reconoce, no quiso ofrecer un ensayo más y se aventuró a escavar en el pasado con un relato en primera persona que parte de sus recuerdos. “Era pequeño, pero era consciente de lo que significaba la dictadura porque esas experiencias te hacen madurar a la fuerza y te hacen ver que vives en un país anormal”, apunta.

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Sangre en la hierba en Relibro

El subtítulo del libro, «los porqués del fútbol», es mucho más delatador que el título para hacerse una idea de su contenido.
Esperaba encontrar un sinfín de anécdotas futbolísticas, aunque nada más ver su extensión, fue más bien lo esperado «un confín» de estos chascarrillos. Pero no fue al principio nada de eso, sino más bien los porqués del éxito del deporte rey.
David Cerdá desarrolla para ello unas hipótesis muy gregarias del porqué de la fama del fútbol, pero con una exposición que al lector no pasará desapercibida, y además de lectura llevadera debido, en gran medida, a la decisión de Cerdá como escritor de expresar todo en un número reducido de páginas que no da lugar a los sobrantes artificios que con frecuencia aparecen en la no ficción. Y, después, sí, vendrá el anecdotario.
El fútbol, cuando de curiosidades se trata, es único como él solo. En el reducido espacio de letras y balompié que David Cerdá nos propone, no hay espacio para un extenso glosario, pero se atreve con historietas muy variopintas y que me han sorprendido. Habla del maltrecho pasado del Torino, del incierto origen de la chilena, del sambenito que por su mera condición lleva siempre colgado el portero, y de unas cuantas cosas más entre las que me ha llamado soberanamente la atención el momento del libro en el que se gradúa, asociándole a cada énfasis una palabra, la pertenencia a un equipo de fútbol por parte del individuo a raíz del interés que en este espectáculo deposita.

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lunes, 23 de julio de 2018

Nova traducció del ‘Ulisses’ de Joyce al català

Fa trenta-set anys que Joaquim Mallafrè va traduir al català l’Ulisses de James Joyce. El 1981 es va convertir en la primera edició d’aquesta obra, referent de la literatura universal, publicada per l’editorial Leteradura. És la més destacada i Mallafrè n’ha anat incorporant precisions en edicions successives. Ara, tants anys després, n’arriba una de nova, de Carles Llorach-Freixes, que publica l’editorial Funambulista.
A diferència de l’anterior, aquesta incorpora un aparat crític que el traductor proposa com a ajuda divulgativa, amb la voluntat d’arribar a un públic més ampli, especialment jove, sobretot a través un català més actual. És una informació addicional per a evitar problemes de recepció. El text incorpora una introducció per a cada episodi i conté gran abundància de notes a peu de pàgina.

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jueves, 19 de julio de 2018

Dos artículos sobre Entre hienas", de Loreto Urraca

La mejor manera de esconderse es pasar desapercibido entre una multitud, a plena vista. Pero eso es imposible para Loreto Urraca (Madrid, 1964), propietaria de un apellido poco frecuente y que llama la atención. Si se hubiera apellidado López, García o Martínez, seguiría siendo una funcionaria del ámbito de la propiedad intelectual que vive en El Campello después de haber estudiado Filología Hispánica en la Complutense. Pero desde el colegio ya supo que su apellido era “feo, raro, sonoro y ridículo”. Y fácil de identificar. Tanto, que la relacionó inequívocamente con su abuelo, Pedro Urraca, agente policial enviado por Franco a Francia con la misión inicial de localizar y detener a destacados dirigentes republicanos en el exilio. Con otro apellido, no habría tenido que profundizar en las andanzas de su abuelo, a quien apenas conoció en vida. Con otro apellido, no habría escrito su primer libro, Entre hienas (Editorial Funambulista), en el que rinde cuentas con su antepasado y que ayer presentó en la librería Pynchon&Co de Alicante. Con otro apellido, no se habría implicado en la necesidad de preservar la Memoria Histórica desde el otro bando. Desde el bando del que nadie habla. El de los nietos de los sublevados.

“Me tropecé con la historia en un reportaje de El País, titulado El cazador de rojos, ilustrado con una foto en la que reconocí a mi abuelo, Pedro Urraca”, recuerda la escritora madrileña. “Yo no tenía relación con él, porque mi padre nos había abandonado cuando yo era pequeña y apenas sabía nada de mi familia paterna. El reportaje se basaba en una tesis doctoral en la que se demostraba que mi abuelo pertenecía a una agencia policial de la España de [LEER MÁS EN http://elfarodelimpostor.com/la-memoria-del-otro-bando/]

LA COLABORACIÓN DEL FRANQUISMO CON LOS NAZIS EN LA FRANCIA OCUPADA

viernes, 29 de junio de 2018

"Corazón de las tinieblas" en Sonograma Magazine


Joseph Conrad hizo de sus vivencias como marino y trabajador para una empresa de expolio de marfil, un banco de pruebas para sus relatos. Novelas como Lord Jim recrean el universo náutico, desde todas las perspectivas posibles: partiendo de los entresijos técnicos hasta llegar a la visceralidad más humana, del hombre en lucha contra el mar. Y en Corazón de las tinieblas vuelven a surgir los mismos demonios del enfrentamiento contra la naturaleza, forzada por la codicia de los europeos, y contra los “salvajes” que se cruzan en el trayecto.
Conrad es consciente de la magnitud de la destrucción, y proyecta en el relato de Marlow una visión de África llena de oscuridad, pantanos y niebla, que no son otra cosa que el correlativo geográfico de los remordimientos que el hombre blanco provoca con su barbarie “civilizada”. Un entorno hostil e incomprensible, que destruye físicamente y acerca a la locura -o a la fascinación y al misticismo- a quienes se adentran en él.

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Sangre en la hierba en La Razón

David Cerdá, entre muchas otras actividades que le ocupan la vida, se dedica a pensar y a reflexionar. En ocasiones lo que saca de esas cavilaciones lo pasa a papel y le sale un libro como «Sangre en la hierba (Los porqués del fútbol)», editado en Funambulista, que dedica a trata de explicar por qué lo amamos u odiamos de manera tan visceral. A primera vista parece una cuestión fácil de dirimir, pero como sucede con las grandes cuestiones de la existencia humana, y el fútbol es una de ellas, no hay una respuesta clara que desvele el origen de una pasión de estas proporciones. «Se trata de algo terrenal, que todos podemos hacer», explica mientras trata de encontrar una explicación saludable. Al ser algo terreno, sus héroes, los futbolistas, adoptan la forma de los grandes héroes clásicos al asumir lo mejor y lo peor de nosotros. Tienen las mismas pulsiones: honradez, elegancia, suerte, solidaridad, por hablar del lado positivo, pero también lo peor de la mala bilis que todos llevan en su interior. «Podemos sentir empatía por lo que sucede en el campo, porque en cierto modo es una especie de metáfora de la vida».
El autor ahonda en «un deporte de pobres», porque no se necesita nada más que algo para darle con el pie. En cualquier calle del mundo, un niño o un anciano puede sentirse como el mejor delantero centro al meter una lata de refrescos por un hueco hecho en la pared. Es la magia. «Se trata de un deporte que está lleno de cenicientas, es muy injusto a veces y presenta grandes miserias». Por eso, pese a que ahora no haya tantos, los jugadores con vidas complicadas, los antihéroes, reciben los mayores elogios, las grandes muestras de adhesión y el honor de colocarse en la cima de los semidioses del balompié. Ahí están Cruyff, Best, Maradona o Mágico González; personalidades repletas de aristas ante las que no se puede enfrentar casi ninguno de los grandes astros, como dicen en Sudamérica, del panorama actual. Vidas que sirven al resto de la humanidad de espejo en el que mirarse para amar o para odiar.

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