jueves, 27 de septiembre de 2018

Coreazón de las tinieblas en el blog Jimena de la Almena

 
Su lectura me ha parecido: estremecedora, dura, algo densa en el desarrollo de su trama, atemporal, reflexiva, un documento histórico en toda regla...Queridas lectoras y lectores, ¿os he dicho alguna vez que Página Dos me parece de lo mejor que se hace actualmente en televisión? No se si lo conocéis o es la primera vez que escucháis hablar de el, sea lo que sea, desde mi humilde posición de espectadora os animo a que sintonicéis la 2, sí, ese programa tan "aburrido" en el que no hacen más que poner documentales, y le deis una oportunidad a este, por desgracia breve, programa. Entrevistas a afamadas/os escritores, las últimas novedades editoriales, adaptaciones literarias al cine o a la televisión, cuestionarios lectores y reportajes entorno a temas tan actuales e interesantes como el mundo de la autoedición, la novela juvenil, la poesía, la literatura en la red, los clubs de lectura, bibliotecas del mundo o incluso el futuro del sector del libro en la era de las nuevas tecnologías. Todo eso y más se aborda en tan solo media hora, media hora que se pasa volando y que en ocasiones, sobre todo para quienes estamos interesados en el tema, nos sabe realmente a poco. ¿Por qué os cuento todo esto? Por la sencilla razón de que en Página Dos, son muchas las autoras y autores que no tienen pudor alguno a confesar sus secretos lectores más inconfesables. Desde el libro que les hizo amar la literatura hasta que novela prestaron y nunca les devolvieron, pasando por esa lectura que dejaron a medias. Y de entre todas ellas, a la pregunta de qué título considera imprescindible, son muchas y muchos los que nombran, sin pensárselo dos veces, el libro que hoy tengo el honor de presentaros. Cuando escuchas que tantos escritores de éxito lo consideran parte de su corpus literario tiendes a dejarte llevar por el escepticismo, sin embargo, una vez te adentras en él, entiendes el por qué de tanto halago y no puedes evitar preguntarte ¿por qué no me lo he leído antes? Pero sobre todo ¿por qué no lo he reseñado?, ¿por qué he tardado tanto? En fin, ya va siendo hora de enmendar esta injusticia, así que me pongo los cascos, sintonizo a Richard Wagner en el Spotify y comienzo a redactar estas líneas sobre Corazón de las tinieblas y Cuadernos del Congo: el ejemplo perfecto de como la ficción puede llegar a describir un tema histórico en su dimensión más crítica e impactante.

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El callejero maldito en Letras en vena


Las placas con nombre de verdugo

Por José Luis Marín

Pese a que la Guerra (in)Civil ocurrió hace más de 80 años, sus consecuencias aún perviven en nuestra sociedad. La llamada reconciliación nacional no se ha producido y pese a que a algún partido político que todavía no tiene totalmente claro su espacio ideológico niegue las dos Españas, cada vez que algún Gobierno propone sacar a un sátrapa de un lugar con honores unos se alegran y otros entran en cólera.
Lo que es claro es que quienes se sublevaron contra un régimen democrático, elegido por el pueblo y, por tanto, legítimo; se pueden considerar unos traidores a la patria y a la Democracia. Sin embargo, en este país los únicos que saltan las leyes y la Constitución son los catalanes, que incluso se atrevieron a proclamar un Estado Catalán dentro de la “República Federal Española”.
Nos muestran como un ejemplo a seguir la Transición española, pero en realidad un parte tuvo que ceder mucho puesto que los momentos por los que atravesaba el país eran extremadamente difíciles y convulsos, junto a los problemas económicos, la ultraderecha exacerbada cometiendo asesinatos de forma indiscriminada como la Matanza de Atocha y la banda terrorista ETA perpetrando atentados a lo largo y ancho de la península Ibérica.
La postguerra y la dictadura fueron incluso mucho más difíciles que la guerra puesto que se estableció un régimen capaz de aniquilar y exterminar a cualquier persona que pensara de forma diferente al canon establecido. La forma déspota con la que se trataba a una parte importante de la población en la que no respetaba ni de lejos los Derechos Humanos es sólo un ejemplo. Las torturas, las extorsiones, las coacciones y las detenciones eran sistémicas y sistemáticas contra los rojos y en ese saco estaban los nacionalistas catalanes, los comunistas, los socialistas, los anarquistas, los sindicalistas y cualquier persona que no comulgara con las tesis tradicionales-católicas y conservadoras impuestas por el Régimen.
La transición dejó muchos flecos abiertos porque no se resolvieron de forma satisfactoria las pretensiones de una parte de la población que durante décadas había sufrido violaciones, prisión, deportaciones, exilio, confiscación de bienes, trabajos forzados o internamientos en campos de concentración. No se anularon los juicios políticos, que ni siquiera cumplían con las garantías judiciales mínimas, ni se devolvieron los bienes objeto de confiscación a los legítimos herederos o a sus causahabientes.

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lunes, 10 de septiembre de 2018

'El Callejero Maldito', una novela que pasea por las calles indignas del franquismo

Portada del libro 'El Callejero maldito' de Javier Ruiz MartínEl callejero de Madrid está sucio. Está manchado de la sangre de la historia. Las placas de las calles de la capital quedan en las nuca de los transeúntes y desde las esquinas recuerdan los nombres más indignos que protagonizaron el franquismo. Ésta es la idea que quiere transmitir El Callejero Maldito, la última novela escrita por Javier Ruiz Martín y editada por Funambulista.
El cambio de los nombres de algunas de las calles de la vergüenza por parte del Ayuntamiento de Madrid para cumplir con la Ley de Memoria Histórica de 2007 podría ser el móvil necesario para explicar por qué Ruiz Martín decidió escribir esta novela compleja y necesaria. Narrada en primera persona, el autor ofrece una ruta insólita por 14 de las calles que evocan a la dictadura en las que se encuentra con esos personajes franquistas que hacen del pasado de España un ente negro y oscuro.
En esos pequeños encuentros ficticios, el protagonista y narrador se topa con algunos fascistas que dan nombre a las calles de la capital española como Asensio Cabanillas, Moscardó, Eduardo Aunós o Mola. “Les doy la oportunidad de hablar y que se retraten como asesinos”, explica a Público.
“Es un libro difícil de escribir”, reconoce el escritor. Lo es, precisamente, por su originalidad. Porque, como él mismo reconoce, no quiso ofrecer un ensayo más y se aventuró a escavar en el pasado con un relato en primera persona que parte de sus recuerdos. “Era pequeño, pero era consciente de lo que significaba la dictadura porque esas experiencias te hacen madurar a la fuerza y te hacen ver que vives en un país anormal”, apunta.

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Sangre en la hierba en Relibro

El subtítulo del libro, «los porqués del fútbol», es mucho más delatador que el título para hacerse una idea de su contenido.
Esperaba encontrar un sinfín de anécdotas futbolísticas, aunque nada más ver su extensión, fue más bien lo esperado «un confín» de estos chascarrillos. Pero no fue al principio nada de eso, sino más bien los porqués del éxito del deporte rey.
David Cerdá desarrolla para ello unas hipótesis muy gregarias del porqué de la fama del fútbol, pero con una exposición que al lector no pasará desapercibida, y además de lectura llevadera debido, en gran medida, a la decisión de Cerdá como escritor de expresar todo en un número reducido de páginas que no da lugar a los sobrantes artificios que con frecuencia aparecen en la no ficción. Y, después, sí, vendrá el anecdotario.
El fútbol, cuando de curiosidades se trata, es único como él solo. En el reducido espacio de letras y balompié que David Cerdá nos propone, no hay espacio para un extenso glosario, pero se atreve con historietas muy variopintas y que me han sorprendido. Habla del maltrecho pasado del Torino, del incierto origen de la chilena, del sambenito que por su mera condición lleva siempre colgado el portero, y de unas cuantas cosas más entre las que me ha llamado soberanamente la atención el momento del libro en el que se gradúa, asociándole a cada énfasis una palabra, la pertenencia a un equipo de fútbol por parte del individuo a raíz del interés que en este espectáculo deposita.

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