viernes, 9 de marzo de 2012

10ª reseña en el blog Mis lecturas y más cositas

La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa

Nos encontramos en este libro con la historia de un anciano profesor de matemáticas, de una joven madre soltera que trabaja de asistenta en su casa y de su hijo de diez años. Un profesor que tiene una triste razón para permanecer aislado del mundo que le rodea. Para vivir y permanecer siempre dentro de los muros de su casa.
Profesor de deslumbrante inteligencia y con una prometedora carrera, en 1975 sufrió un trágico accidente de coche. Y su cerebro fue el que se llevó la peor parte. Desde ese momento, su memoria sólo retiene los últimos 80 minutos. Los 80 minutos y toda su vida hasta antes de de ese accidente. No hay nada más. Así que el mundo siempre le resulta extraño. Para sobrellevarlo mejor siempre lleva notas cosidas a su ropa. Notas que le explican quién es quién a su alrededor. Así reconoce a la mujer que todos los días va a limpiar su casa. Y al hijo de ésta, que se cuela en su casa, y que ve en el profesor lo más parecido a una figura paterna.
Y es la asistenta quien nos cuenta esta historia. Quien recuerda este período tan especial en su vida. Porque fue una relación intensa la que estos tres personajes tuvieron. Por un tiempo fueron una familia, atípica, pero familia. Porque esos son los sentimientos de los que nos habla esta novela. Cada uno de ellos rellenaba un espacio de soledad que tenía el otro, un espacio que necesitaban que fuera ocupado. Para el profesor, la asistenta y su hijo, se convierten en lo más cercano a una familia que ha tenido en los últimos años, el único nexo que lo unía al mundo actual. Para el niño, el profesor es lo más cercano a un padre que ha tenido. Y es que esta figura en su vida siempre ha estado ausente.  Y para la asistenta, el profesor supone el apoyo que necesitaba para cuidar a su hijo. Y además, es la primera persona que tiene en cuenta su opinión, que le pregunta, que le estimula. Su autoestima crece junto al profesor. Y al mismo tiempo, admira al profesor mucho, por su inteligencia, por su conocimiento, por su debilidad... Porque el profesor ha perdido la memoria, que no la inteligencia. Y se sirve de las matemáticas en todo momento para explicar el mundo que le rodea, para dar todo tipo de respuestas. En este sentido, preciosa es la escena en que el profesor hace uso de la fórmula de Euler, fórmula que ni conocía ni hace falta comprender. Y es que el simbolismo de este hecho es inmenso. El profesor la usa, a modo de rebeldía, ante una situación injusta, ante una situación que vuelve a condenar a cada uno de ellos a la soledad. 

No hay comentarios: