viernes, 21 de julio de 2017

MIguel Sáenz y "Territorio" en La Luna de Alcalá

Desde la Biblioteca de Babel

En 1980, el premio de Alcalá-Narrativa en su segunda edición, se le otorgaba a Miguel Sáenz por Memsahib, un relato construido con las cartas que el protagonista escribe desde Nueva Delhi a Natacha en Madrid, una mujer casada (memsahib). Ninguna llegará a su destinataria porque su autor se negará a ponerlas en el correo. Sin embargo el lector descubrirá en ellas, con pinceladas certeras, parte de los secretos de un sugerente pero complejo territorio sobre el que Flashman, el personaje creado por MacDonald Fraser, afirmaba: «Tal vez haya países mejores que la India para un soldado, pero yo no los he visto». Cita con la que se abre la narración epistolar de un funcionario que, integrado en una delegación europea, pasa unos días en aquel atractivo pero complejo país; experiencia que trata de compartir con un amor lejano e imposible.


Samuel Beckett en casa
Algunos meses más tarde de la concesión del premio, tuve ocasión de conocer personalmente a su autor. No en vano yo había sido artífice, en parte, de la creación de esos premios locales de narrativa y poesía que intentaban –a través de su publicación y jurados de prestigio– dar a conocer nuevos valores en dos géneros tan desatendidos por crítica y público. Durante bastante tiempo también fui responsable de su materialidad gráfica. Por eso cité en mi casa a Miguel Sáenz, para tratar del diseño de su libro. Cuando le abrí la puerta creí encontrarme con Samuel Beckett, su físico y su seriedad me hicieron pensar que tal vez había estado esperando a Godot. La conversación fue distendida y aceptó desde el primer momento mi idea para la cubierta. Ante su segundo apellido le comenté que yo conocía a un militar paracaidista en Alcalá llamado Sagaseta. «Es mi hermano», me respondió.
De Larache a Thomas Bernhard
Hijo de militar, Miguel Sáenz nació en 1932 en Larache ciudad al noroeste de Marruecos que por entonces pertenecía al Protectorado Español. Aparte de recordar que allí, ocho años antes, había nacido también el efímero novelista Luis Martín Santos y donde hoy están enterrados Jean Genet y Juan Goytisolo; aquella ciudad a orillas del río Lucus y del Atlántico supone para mí la evocación de un tiempo ya lejano, y por tanto romántico, que aún creo adivinar en el cartel que realizó Mariano Bertuchi para su promoción turística. A lo largo de estos casi cuarenta años, me he reencontrado continuamente con Miguel Sáenz en las páginas de los libros; desde aquella curiosa novela suya: Homenaje a F.K. (Ed. Planeta) hasta las traducciones del teatro de Brecht, algunas obras de Günter Grass, los inquietantes textos de W. G. Sebald… pero sobre todo en la controvertida figura de Thomas Bernhard que me descubrió con Una biografía (Ed. Siruela) y me obligó a ahondar en gran parte de la obra traducida del escritor austriaco, hasta llegar a Maestros antiguos (Alianza Ed.) desolador testimonio que nos aboca continuamente al morboso deseo de cambiar el nombre de Austria por el de España. Hace diez años coincidí con él en el Teatro Valle-Inclán. Se estrenaba Ante la jubilación, de Thomas Bernhard; traducción suya y dirección de Carme Portaceli. No me atreví a saludarle, temí que no me recordaría. Lo observé de cerca y comprobé que, con el paso del tiempo, a mi samuel beckett particular el pelo blanco le había inferido una atractiva serenidad a su rostro.
Territorio y Miguel Saenz
Cubierta de “Territorio” (Ed. Funambulista) y Miguel Sáenz.

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lunes, 3 de julio de 2017

Miguel Sáenz, memorias río arriba, árbol adentro (El Cultural)

Traductor de Bertolt Brecht, de Günter Grass, de Faulkner y Kafka, Miguel Sáenz ha publicado un libro de memorias que he leído con creciente interés. La verdad es que el ejercicio de sinceridad sin aspavientos que hace el autor mantiene la atención y además emociona. Hijo de militar, las palabras honor, dignidad, honradez, lealtad, tuvieron para él desde niño una significación de singular calado. Educado por los marianistas en el África española de la posguerra civil, Sáenz se esfuerza por contener la admiración que le suscita la figura de su padre. El niño vivía la novela vital del cabeza de familia, mutilado de guerra, con asombro. Se refiere a Sidi Ifni, que yo visité por cierto en el último vuelo de la avioneta del ABC verdadero, cuando el terremoto, y luego escribí un editorial por el que me dieron el Premio Luca de Tena 1960. Pero Sáenz, que titula su libro Territorio, se detiene más en Tánger, tal vez porque a sus oídos infantiles llegaban las consignas, “por el imperio hacia Dios”, de los falangistas ilusos de la época: “Tánger nuestro es, Gibraltar vendrá después”. “Tánger, de hecho, -escribe- marcó a toda nuestra familia”.

Como tantos otros militares, y en contra de lo que se cree, (el propio Miguel Sáenz es jurídico del Aire), su padre era un hombre muy culto que devoraba los libros y, en los almuerzos familiares, el niño Miguel escuchaba debatir sobre La montaña mágica, de Thomas Mann, o Por siempre ámbar, de Kathleen Winsor. Tuvo, sin embargo, el autor de Territorio la suerte de leer los tebeos y los libros propios de la infancia y la adolescencia. Aparte la revista Chicos, y tal vez El guerrero del antifaz, las aventuras de Guillermo, el niño rebelde de Richmal Crompton, las novelas de Emilio Salgari y de José Mallorquí eran sus lecturas preferidas. Después fue llegando, poco a poco y a su debido tiempo, la gran literatura, las Novelas ejemplares de Cervantes y hasta las Odas de Horacio, que el autor, haciendo alusión a Leuconia, asegura que todavía las recita de memoria. José Mallorquí, por cierto, autor de Tres hombres buenos y del centenar de novelas de El Coyote, se suicidó con el viejo revólver que utilizaba su personaje, un colt calibre 45, acción simple, modelo Paterson.


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Viaje al paraíso perdido de la infancia con Miguel Sáenz

Se puede ser una persona con prestigio, un traductor reconocido, un miembro de dos academias de la lengua, la española y la alemana, y , al mismo tiempo ser un descubrimiento literario?
Parece que sí.  Miguel Sáenz (Larache, Marruecos, 1932) lo ha hecho: sorprender, a los 85 años, cuando ya se está en la recta final de la vida, con Territorio (Funambulista), una pequeña obra que es memoria, recuerdo, historia, relato y testimonio. Él, que ha traducido a escritores como Franz Kafka, Bertol Brecht, Thomas Bernhard, Günter Grass y Peter Handke, y a otros autores de lengua francesa e inglesa, como Faulkner y Rushdie, además de traductor en la ONU.
“Desde hace medio siglo paseo por el mundo una novela (…)”.  Así comienza Sáenz para llevar de la mano al lector a través de su novela construida con la finura de los recuerdos y la delicadeza con la que los repasa para configurar un territorio que es lugar, Sidi Ifni, y también infancia. Allí vivió como hijo de un general de infantería.
Con una escritura transparente, limpia, sin alardes y, por lo mismo, bella, Sáenz se aproxima a geografías que fueron y que no volverán a ser. Es lo que dice quien ya no tiene que conquistar a nadie.

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Entrevista a Carlos Eugenio López en Cartagena Actualidad

El suicidio de Saúl no es, ni pretende serlo, literatura de consumo, no es un libro fácil de leer, es un libro magnífico para todos aquellos que le guste ir más allá en la lectura… que le haga pensar y plantearse una y mil preguntas sobre el nihilismo y lo absurdo, muchas veces, de la existencia, indagando además sobre el mal, todo ello envuelto en un genial humor negro al tiempo que paseamos por la filosofía pura y dura –curioso es que el libro esté publicado en la colección ‘literadura’-. Hay que ser muy buen lector para seguir la narración a través de la voz de un perro “Arturo Schopenhauer”… una auténtica delicia enfrentarse a los razonamientos y las reflexiones del personaje central.

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Arcadi Espada habla de Enrique Badosa en El Mundo

http://www.elmundo.es/opinion/2017/06/25/594ead0e46163f61768b457c.html

viernes, 23 de junio de 2017

"Giovanni Episcopo" en Libros de Cíbola

Después del éxito de la decadentista y controvertida Il piacere (1889), Gabriele D’Annunzio escribe Giovanni Episcopo (1891), una novela corta que, inspirada en el relato-confesión de algunos autores rusos (Gogol, Dostoyevski), narra la triste historia de un humilde empleado acosado por colegas y mortificado por la sociedad que le rodea. Giovanni Episcopo es una confesión en un sentido literal, porque esta nouvelle se abre en una comisaría, donde nuestro protagonista, cansado y angustiado por los fantasmas que perturban su sueño, empieza a contar su dramática historia.
El argumento es, resumido, el que sigue. Giovanni Episcopo tiene una vida de rutina y mediocridad y después del trabajo trata de divertirse con sus colegas (más bien sus colegas se divierten a su costa) cenando cada noche en la misma casa de huéspedes. Allí conoce a Ginevra, una camarera joven y apuesta, pero de dudoso pasado (y presente), de la que se enamora y con la que se casará casi por accidente y medio a escondidas. Mientras tanto, su colega y cabecilla del grupo de “amigos”, Giulio Wanzer, que ejerce sobre Episcopo un dominio total y cruel, es acusado de robo y escapa a Argentina. Después de unos días de matrimonio, Ginevra comienza a cambiar el carácter y a mostrarse hostil a su marido. Giovanni piensa que todavía puede salvar su matrimonio después del nacimiento de si hijo, pero la esperanza es en vano. Los problemas familiares hacen que descuide sus deberes en el trabajo y acaba despedido. Nuestro protagonista comenzará a ahogar sus frustraciones en la bebida ya que su casa se convierte, según sus propias palabras, en un lupanar y él prácticamente en un sirviente. En esta espiral de abyección y degradación, aparece su viejo amigo Wanzer que seducirá a Ginevra. Tras maltratar a su mujer en una ocasión, Episcopo asesina Wanzer en un acceso de valor e ira. Para colmo Ciro, el hijo de Episcopo, muere por una enfermedad. Como se ve, todos los ingredientes de una obra adscrita al más ortodoxo modelo naturalista de finales del XIX. Pero D’annunzio trasciende estos elementos gracias a una gran intensidad de escritura tal, que en apenas cien páginas es capaz de crear un drama y un personaje inolvidable a pesar de su infelicidad.

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jueves, 22 de junio de 2017

Devoradora de libros: Hotel Iris - Yōko Ogawa

Devoradora de libros: Hotel Iris - Yōko Ogawa: Edición: Funambulista, 2017 (trad. Juan Francisco González Sánchez) Páginas: 256 ISBN: 9788494616457 Precio: 16,00 € ...

martes, 20 de junio de 2017

Hotel Iris en El Imparcial

En el año 2002, Ediciones B publicó una novela de Yoko Ogawa, Hotel Iris, que pasó desapercibida para la mayoría de la crítica y del público. Solo algún articulista se fijó en la extraña magia de la historia de amor entre una menor de edad y un traductor en el ocaso de su vida. Ahora, la editorial Funambulista la ha rescatado y nos la ofrece en una nueva traducción. Vale la pena no pasarla por alto.
En principio, el argumento, una historia de amor entre un hombre mayor, solitario, apegado a un trabajo menor (traductor del ruso de folletos técnicos, retirado en una isla solitaria, sospechoso de haber asesinado a su antigua mujer) y una niña de diecisiete años que ha dejado el colegio y que trabaja en el hotel familiar bajo la férrea autoridad de su madre, podría predisponer al lector a pensar que se trata de una delicada historia de sombras japonesas con algún matiz dickensiano. Y delicada lo es, sin duda, pero su lectura es como una patada en el estómago; o como el grito sordo de un ser solitario.
La sexualidad femenina es un terreno todavía huérfano de una cartografía precisa. También la masculina, pero hoy nos ocupa la femenina. Sí, es cierto que hay suplementos dominicales, programas de radio o televisión que se ocupan de describir órganos y funciones, de dar unas pautas “sanas” de lo que debe ser el sexo. Pero también hay dos escritoras japonesas, Hiromi Kawakami y Yoko Ogawa empeñadas en ir más allá, en pasear por los límites y la zona de sombra de esa sexualidad para tratar de contarnos lo que ven, sienten y piensan.
Son dos heroínas inesperadas, que bucean en los abismos de la diferencia de edad, en la aparente lisura de las relaciones del mismo sexo, en las pasiones mudas que permean a los jóvenes en la soledad de sus habitaciones urbanas. Allí encuentran sentimientos y pasiones inexpresables en otro país que no sea Japón. Porque, de la literatura actual, solo la japonesa es tan delicadamente anticonvencional, tan incorrecta políticamente en un sentido sutil y profundo.

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miércoles, 14 de junio de 2017

Infancia en Sidi Ifni (reseña de Revista de Libros sobre Territorio, de Miguel Sáenz)


La filatelia es una pasión incomprensible, pues no nace del amor a la belleza, sino a lo raro e insólito. Nunca entendí que un pequeño sello marrón con la imagen de Manuel de Falla y un matasellos que conmemoraba la visita del general Franco a las Islas Canarias constituyera una pieza particularmente codiciada, con un precio escandalosamente alto. Por el contrario, los sellos del territorio de Ifni poseen un escaso valor material, pese a su enorme belleza: costas con palmeras, nativos tocando instrumentos exóticos, solemnes camellos recortados contra el cielo, pastores oteando un horizonte infinito, artesanos trabajando en la pequeña casba. Al escribir esta nota, mi imaginación rescata una imagen que probablemente no se corresponda con ningún sello, pero que flota en mi recuerdo como una invitación permanente a la aventura: una hilera de indígenas armados con espingardas cabalgando sobre una nube de polvo. La verdad casi nunca coincide con nuestros mejores sueños, pero nuestra memoria no miente: sólo destaca lo esencial, reinventando o deformando los aspectos de la realidad que arrojan sombras sobre nuestros arrebatos de nostalgia.
El territorio de Ifni fue una provincia española de ultramar entre 1860 y 1969. La infancia y primera juventud del traductor, académico y escritor Miguel Sáenz transcurrieron en ese espacio, que siempre estará asociado –al menos, para quienes crecimos con las proezas de los hermanos Geste en la imaginaria Zinderneff− al romanticismo exasperado de los aventureros europeos que huían de sí mismos, internándose en el bullicio de los zocos o el silencio de los desiertos. Nacido en 1932 en Larache, Sáenz no ha pretendido realizar un ejercicio de exactitud histórica, geográfica o biográfica, sino rescatar las vivencias de ese período de su vida, reproduciendo emociones que aún perduran en su memoria, con independencia de su grado de objetividad. La verdadera fidelidad no consiste en ser escrupuloso con el dato, sino con lo que ha sobrevivido a la criba del tiempo. De niño, Sáenz no apreciaba nada exótico en el Territorio, pese a la escasez de agua, las plagas de langosta y el azote del siroco. Sólo «era un trocito de España como cualquier otro», pero habitado por bereberes, cuyas mujeres vestían de un azul casi negro y los hombres –por lo general, espigados− de blanco o cualquier otro color. Los legendarios Ju 52 sorteaban el Atlántico, tendiendo un puente sobre las Islas Canarias. Los cárabos, pequeñas embarcaciones de vela y remo, acercaban a los viajeros a la costa. Aunque la Real Academia establece un acento esdrújulo para el término, Sáenz señala que todo el mundo hablaba de «cárabos», desafiando a las misteriosas leyes de la ortografía.

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viernes, 2 de junio de 2017

La pasión de un naturalista ("El Cuaderno")

Es probable que, cuando a muchos nos pregunten por Émile Zola, únicamente podamos aportar su condición de fundador del naturalismo y su prolija producción novelística, la mayor parte de ella en torno a ese hipotético linaje de los Rougon-Macquart que sintetiza la vida en la Francia del Segundo Imperio. Lo que muchos desconocíamos es que Zola cultivó también la narrativa breve al mismo nivel de maestría que sus novelas. Los editores y traductores de este libro, Gonzalo Gómez Montoro y Rubén Pujante Corbalán, han sabido verlo y nos presentan en una edición tan amena como rigurosa un conjunto de cuentos o novelas breves del autor francés. Los criterios de selección de estas obras no son arbitrarios, sino que tienen en cuenta el elemento común de haber sido escritos todas ellas para la revista rusa El mensajero de Europa, con la que Zola colaboró entre 1875 y 1880, y que presentan unos elementos literarios comunes al estar dirigidas al lector ruso; de ahí el objetivo de mostrar de la manera más detallada y didáctica posible los personajes y escenarios que caracterizaban a la sociedad francesa del momento. Además, y según afirman los editores en el postfacio, «el estilo de los relatos de Zola también experimentaría una manifiesta evolución desde 1875, marcando una distancia cualitativa con respecto a los cuentos anteriores», e impregnándose del estilo naturalista propugnado por el autor (p. 235).
Los cuatro cuentos de la antología comparten, además, una misma filiación temática en torno al amor pasional, y es a través de la exploración de los matices y situaciones a las que dan lugar estas tramas de índole amorosa como Zola nos muestra tanto su inmensa y aguda capacidad de observación del mundo en que vive, como su dominio de las técnicas narrativas sea cual sea la situación inicial planteada en la historia: desde el amor entre clases sociales hasta las sutilidades de la vida conyugal, pasando por la iniciación amorosa de un joven de provincias en la capital y el drama sentimental al más puro estilo romántico.

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jueves, 1 de junio de 2017

Con ocasión de sus 90 años, homenaje al gran Enrique Badosa en la Universidad de Barcelona.

Con motivo de sus 90 años, el 1 de junio del 2017 tiene lugar en la facultad de Filología de la Universitat de Barcelona un homenaje que cuenta con los más destacados especialistas en los distintos aspectos de la ocupación literaria de Enrique Badosa.
Aquí pueden consultar el programa.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Devoradora de libros: Giovanni Episcopo - Gabriele D'Annunzio

Devoradora de libros: Giovanni Episcopo - Gabriele D'Annunzio: Edición: Funambulista, 2017 (trad. y postfacio de Gian Luca Luisi) Páginas: 128 ISBN: 9788494616464 Precio: 15,00 € ...

martes, 30 de mayo de 2017

Hotel Iris en Libros y Literatura

El despertar de la sexualidad es algo intrínseco al ser humano. Bueno, en realidad también al resto de los animales, lo que pasa es que no le llamamos despertar, es un instinto básico de supervivencia de la especie. Los humanos con nuestro cerebro pensante le damos más vueltas y le ponemos romanticismo, al menos de cara a la galería, porque la mayoría de las veces es un calentón físico y químico. Además de la alteración física, nuestro pensamiento tiene mucha influencia en nuestras relaciones sexuales. La mitad de nuestra vida sexual está en nuestro cerebro y esta parte es mucho más difícil de entender que el mecanismo físico de la relación. En el cerebro se maquinan las diferentes formas de mantener relaciones sexuales. Por ejemplo: no conozco ningún otro animal que ate a su pareja, pero algunos humanos practican bondage.
No voy a nombrar todas las maneras diferentes de relacionarnos sexualmente, que esto es una reseña de un libro y no un ensayo sobre lo que hacemos en la intimidad (o en público), con nuestras partes íntimas y no tan íntimas, porque se puede utilizar de todo para el fornicio, pero es que el Hotel Iris va por estos derroteros. Se trata del descubrimiento o despertar del deseo carnal de Mari, una chica de diecisiete años, y es un despertar algo turbio, transgresor, que no entiende ni ella misma.
Mari, vive en un pueblo costero, de los de turismo estacional, y ayuda a su madre viuda en el hotelucho familiar que tienen cerca de la playa. Allí conoce a un hombre misterioso que le impresiona por su voz, autoritaria y tajante, pero solo cuando habla con la prostituta que había contratado para pasar un rato en el hotel. Fuera de la habitación el hombre es normal, anodino, educado, callado, simple. Mari se lo vuelve a encontrar y comienzan una relación extraña. El hombre anda por los sesenta años, es traductor de ruso y tiene un pasado oscuro y ambiguo; vive apartado en una isla casi desierta y prácticamente no se relaciona con nadie.

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lunes, 22 de mayo de 2017

"Territorio" de Miguel Sáenz en el blog Novela Colonial Hispanoafricana


   La solapa del libro nos informa de que Miguel Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz nació en Larache, es doctor en Derecho, traductor, funcionario internacional, etc. Vivió veintiún años en África y de esa experiencia resulta esta novela. Sus estancias en Marruecos (primero Tánger, después Sidi Ifni) se debieron a que el padre era militar y tuvo destinos en esas plazas. Como correspondía a un militar interventor (que era la élite de la milicia española en el Protectorado), el padre -Basilio Sáenz Aranaz- publicó un interesante trabajo sobre el régimen de tierras.

   El relato es una remembranza bien escrita de su existencia infantil y juvenil en la pequeña ciudad de Sidi Ifni. Una larga reflexión nostálgica, más recuerdo que novela, sobre los días en la colonia; desde la descripción del territorio humano a la introspección. La descripción es muy afortunada: la situación de aislamiento, la extraña vida colonial que no se asemejaba a nada, el trato con el natural del lugar –con el indígena, palabra que Sáenz considera injustamente tratada-.

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martes, 16 de mayo de 2017

Hotel Iris en la ventana de los libros





Los que habéis leído La fórmula preferida del profesor, El embarazo de mi hermana o Lecturas de rehenes lo sabéis: Yoko Ogawa se caracteriza por su dulzura, por su amabilidad (literaria), por ser tan luminosa como el fogonazo de un flash. Es como si dieran ganas de abrazarla. Pues ahora nos sorprende con una historia mucho más oscura, con ciertos tintes tenebrosos: Hotel Iris, de la editorial Finambulista –la encargada de reeditar muchos títulos de esta alabadísima autora japonesa-, donde explora un mundo poblado de sombras, unas relaciones personales turbias, complejas, y donde establece una correlación intensa, irremediables entre amor y la muerte. Mari, una jovencita de 17 años que trabaja en el hotel, huérfana de padre y bajo el mando de una madre dominadora y poco dialogante, conoce una noche por casualidad a un hombre cincuentón que tiene una bronca con una prostituta en una de las habitaciones. Él le grita a ella: “Cállate, puta”. Y esas palabras resonarán como un eco en la protagonista, le provocan una atracción inmediata hacia el desconocido. Y fíjense, tanto es así, que ella decide acercarse a él…
            Hotel Iris podría ser, con reservas –por supuesto-, una versión japonesa de la perturbadora Lolita, de Nabokov. ¿Por qué digo esto? Pues porque, de inmediato, se hace visible la atracción entre la jovencita y el cincuentón, esa seducción que va más allá de las convenciones sociales y que los dos protagonistas deciden vivir de forma oculta: un espacio donde las únicas reglas que existen son las que los dos ponen. Ella se deja llevar y accede a todo tipo de prácticas sexuales –no puedo contar demasiado, pero sí os digo que os quedaréis con la boca abierta- que se convierten en un símbolo de la pérdida de la inocencia, del poder del deseo y de la sumisión a la persona amada. Estamos ante una historia sobre el sexo, sobre la carne como refugio para dos personajes perdidos y apáticos, como bálsamo para las heridas y para los dolores, como único camino para encontrarse con uno mismo. Sí, se trata de una novela con un marcado carácter sexual, de cómo en el ámbito íntimo todo vale mientras dos personas estén de acuerdo. Hablamos, por qué no, del masoquismo, de la humillación, de convertir al objeto de deseo en una 'cosa'. Lean estas palabras: "al recibir un trato brutal, como si no fuera más que un pedazo de carne, una oleada de puro placer se formaba en lo más profundo de mi ser".
            Mari, la jovencita, es la que narra esta historia en primera persona, y los lectores somos conscientes de la pérdida de la voluntad ante el deseo -fuerza más poderosa que la de la gravedad-, de cómo es capaz de arriesgar cualquier cosa por encontrarse con el cincuentón, de cómo la sumisión a él le da una paz que no había conocido nunca. Curioso, ¿verdad? El estilo de Yoko Ogawa es tan delicado que parece un oxímoron: ¿cómo una relación tan tremenda y tan extrema puede narrarse con esa dulzura, casi como una nana? Pues sí, porque nunca sabemos de dónde nos puede venir la salvación. La autora sabe narrar la historia sin juzgar a los personajes, sin dar nada por hecho, dejándolos que sean ellos mismos. Además, tiene la virtud de retratarlos con pocas palabras, de dar los detalles precisos para que los conozcamos. Y así, fíjense, a través del sexo, nos habla de algo tan hondo como el sentido de la vida, como la soledad, como la necesidad de sentirnos deseados. Desde luego, lo consigue: nos remueve y nos conmueve, nos hace sudar.

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martes, 9 de mayo de 2017

Memorias de Ifni ("Territorio" de Miguel Sáenz en El Periódico de Aragón)

La confederación de Ait Ba Amrán, fue el nombre original del territorio marroquí que, en virtud de distintos tratados (desde los Reyes Católicos, hasta el definitivo, firmado en Madrid, el 27 de noviembre de 1912, entre España y Francia, relativo a la delimitación de sus posesiones y respectivos protectorados en Marruecos) pasó a incorporarse a España con el nombre de Territorio de Ifni. Una pequeña porción de tierra de alrededor de 1.500 km² (sus límites nunca fueron precisos), y con unos tan hermosos como peligrosos, para la navegación, 50 kilómetros de costa.
El Territorio de Ifni (que fue provincia española –la más pequeña– entre 1958 y 1969) distaba tan solo 187 millas de Canarias (Arrecife, en la isla de Lanzarote era el punto más cercano a Sidi Ifni, la capital del Territorio), y geográficamente se situaba al norte, y separadamente, del Sahara Occidental (ex territorio de soberanía y provincia española hasta el 20 de noviembre de 1975), a 664 kilómetros de su capital, El Aaiún.
Asimismo cabe señalar que, desde junio de 1957 y hasta finales de febrero de 1958, el Territorio fue escenario de la llamada Guerra de Ifni, en la que combatieron soldados españoles contra el entonces denominado Ejército de Liberación Nacional, del monarca Mohamed V. Una lucha que estuvo motivada por las aspiraciones del rey alauita de incorporar a Marruecos los territorios atlánticos bajo protectorado español, que entonces eran los territorios de Ifni y Sáhara Occidental.
Fueron ocho meses de duros combates en los que la España de Franco llegó a enviar hasta veinte mil soldados, incluidos paracaidistas (uno de ellos el hermano del autor de este libro, que en los primeros días resultó herido de gravedad en una pierna) y casi toda la Legión, quienes llegaron a la capital del Territorio, Sidi Ifni, casi al mismo tiempo que los irregulares marroquíes iniciaban el asedio. En el fragor de los combates, Carmen Sevilla y Miguel Gila fueron los artistas que la dictadura eligió para que actuaran allí (el día de Nochebuena de 1957), con la finalidad de infundir ánimo a los combatientes españoles, en su mayoría soldados de reemplazo. Llegada la paz, Ifni siguió siendo territorio español (lo fue hasta 1969, año en que fue incorporado a Marruecos durante el reinado de Hassan II). En el balance de bajas de aquella guerra, algunas fuentes apuntan a que del lado español, pudieron haber ascendendido a doscientos muertos, quinientos heridos, y ochenta soldados desaparecidos.
Éste, no obstante, no es el Ifni que Miguel Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz (nacido en la localidad marroquí de Larache en 1932), autor de Territorio, conoció. Por cuanto sus vivencias infantiles en aquella minúscula provincia de ultramar («una isla canaria varada en el continente africano») discurrieron entre 1942 –año en que su padre, general africanista, fue nombrado administrador del Territorio– y 1953, fecha en que la familia (sus padres, hermano mayor y hermana pequeña) regresaron a la Península.

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Hotel Iris en Readigs in the North

Yoko Ogawa es una autora con una amplia obra, y entre sus publicaciones se podría decir que hay un poco de todo. A veces, se acierta con la elección y otras no. Vamos, es lo que a mi me suele pasar con ella. Solamente he leído tres de sus títulos pero me gustaría ir ahondando más en su obra, no creo que tarde en hacerlo. La primera novela que leí suya fue ‘La residencia de estudiantes’, no me dejó muy convencida pero sí me dejó con ganas de leer algo más suyo. Luego me animé con ‘Lecturas de los rehenes’, del que os hablé en esta entrada, y que fue una grata lectura, quedé muy contenta. 18118590_421229454921838_6901430772856604151_nY ahora, he leído ‘Hotel Iris’, novela que me ha dejado con sentimientos encontrados.

Mari es la protagonista de esta historia, tiene diecisiete años y ayuda a su madre en la gestión del hotel familiar, el hotel Iris. Una noche, la discusión una mujer con un hombre, rompe la calma que había hasta el momento en el hotel. El hombre solamente dice una frase en esa discusión, pero esa frase atrae totalmente a nuestra protagonista. Mari se siente atraída irremediablemente por ese hombre, está deseando encontrarlo y cuando lo hace, su vida cambia completamente.
Me parece muy complicado hablar de este libro porque, como ya he dicho, es una lectura que me ha despertado sentimientos encontrados. En esta lectura te encuentras las dos caras de la moneda, puntos que gustan pero también puntos que despiertan recelo en el lector. Sinceramente, es un libro que no me atrevería a recomendar porque puedo acertar o todo lo contrario. Estamos ante una historia oscura que puede horrorizar o enamorar al lector. En mi caso, la historia me horrorizo pero la forma de escribir de la autora me encantó, como siempre.

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Jimena de la Almena: RESEÑA: Se llama usted Michelle Martin.

Jimena de la Almena: RESEÑA: Se llama usted Michelle Martin.: SE LLAMA USTED MICHELLE MARTIN Título: Se llama usted Michelle Martin. Autor: Nicole Malinconi (Dinant, Namur, 1946). De padre...

jueves, 6 de abril de 2017

RESEÑA (by MH) UN CUENTO DE ENFERMERA - Louisa May Alcott

Que Louisa May Alcott era mucho más que la autora de Mujercitas lo hemos comprobado quienes nos hemos acercado a otro tipo de obras suyas mucho menos conocidas que se adentran en el terreno de lo gótico o el misterio, como aquellas que escribió con el seudónimo de A. M. Barnard cuando ya era una autora famosa.

Esta novela que traigo hoy va también por esos derroteros del misterio y, sin embargo, es una obra muy temprana, escrita incluso antes del arrollador éxito de Mujercitas, que todo el mundo considera su primera novela. Y a mí, sabiendo precisamente esto, que fue de lo primero que escribió, me ha sorprendido mucho por lo bien elaborada y desarrollada que está la trama.


La protagonista de la historia, Kate Snow (que además narra en primera persona y por eso solo conocemos su punto de vista durante toda la trama), es una mujer muy independiente, inteligente, segura de sí misma y de su posición en el mundo. Inglesa pero viviendo en América, no tiene fortuna a pesar de ser hija de un caballero y debe trabajar para ganarse la vida. Es enfermera de profesión, especializada en enfermos mentales y en sus cuidados (ella incluso habla de "poderes" en algunas ocasiones), y tras un tiempo de búsqueda infructuosa de empleo, comienza a trabajar para la acomodada familia Carruth. Su paciente en la casa es la hija pequeña de la familia, Elinor, que da muestras de alguna enfermedad mental sin definir y que le sobrevino de repente algunos meses atrás. No permite que ninguna enfermera se ocupe de ella, pero Kate, gracias a su experiencia previa en situaciones similares y un carácter resolutivo y paciente, consigue lo que nadie ha conseguido antes: la confianza y el cariño de Elinor. Y es a partir de este momento cuando los misterios y los esqueletos en el armario de la familia Carruth comienzan a desplegarse ante ella.

La trama tiene dos vertientes muy definidas. Por un lado está el drama familiar de los Carruth, la incógnita que sobrevuela la casa en cuanto a la locura que padece Elinor y su origen. El cabeza de familia, muy débil de salud, vive apartado en una casa en el campo; su mujer, que de cara a los demás no aparenta ningún problema y cumple su rol de dama de la alta sociedad, vive angustiada por el rechazo de su hija Elinor, que desde que cayó enferma la repudia y le culpa de su locura; su otra hija, Amy, va a casarse a pesar de todo desoyendo la prudencia que aconseja la situación; y sus dos hijos varones, Augustine y Harry, totalmente opuestos en cuanto a carácter, viven también la situación con la espada de la enfermedad pendiendo sobre sus cabezas.

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Reseña de "La ínsula inefable" de Juan López-Herrera en Ni un día sin libros

La ínsula inefable, Juan López-Herrera (Funambulista)

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una lectura en el sentido más lúdico de la palabra. Y os hablo de esa sensación de júbilo (lamentablemente tan olvidada) que siendo un adolescente sentía cuando, tirado en el suelo, me dejaba llevar por las maravillosas historias de mosqueteros de Alejandro Dumas o los relatos que escribía un tal Watson sobre un tal Holmes (Conan Doyle que estás en los cielos). Eran tiempos de revelación, de darse de bruces con la literatura con mayúsculas, esa que está destinada a hacerse eterna. Ahí el niño que ahora es adulto se revolvía y buscaba una respuesta imposible a una pregunta que aún permanece: ¿Leer puede ser un modo de vida?


 
Podéis pensar que estoy exagerando, pero La insula inefable, del hasta ahora desconocido para mí Juan López-Herrera me ha devuelto esas sensaciones. Las de la buena literatura sin mayores pretensiones que el puro entretenimiento. Aunque, para ser justo, siempre hay algo más, y la novela admite otras posibles lecturas.

La ínsula inefable es la historia del regreso de Antonio, antiguo diplomático, a la isla caribeña donde ejerció su trabajo diez años atrás. El viaje tiene como propósito descubrir un misterio, una traición,  los secretos de una mujer por la que estuvo dispuesto a perderlo todo. ¿A quién no le ha pasado?
 
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miércoles, 15 de marzo de 2017

Entrevista a Félix Teira en Ràdio 4

Félix Teira nos habla de su libro “El último sol” en Wonderland en Rádio 4, entrevista de Rosa Gil.
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martes, 7 de marzo de 2017

Miguel Sáenz en El País


(El traductor y catedrático de la Lengua, Miguel Saenz, en su casa de Madrid.
Los niños siempre o casi siempre son felices. Es el único momento de la vida en que la felicidad se da en estado duradero. No caminan, corren. No corren, saltan sobre una pierna y sobre la otra como si fueran a echar a volar. El suelo, sin embargo, es su casa y ven todo lo que hay en él. Encuentran cosas insólitas entre baldosas. Brincan y cantan al mismo tiempo. Nunca más volverán a hacerlo.
Algunos ciudadanos carecemos de recuerdos infantiles. Otros tienen la suerte de llevar consigo aquel paraíso toda la vida. Mi amigo Miguel Sáenz, por ejemplo, recuerda con detalle una infancia feliz en África. Hasta los 11 años vivió en un lugar mítico que ya solo existe en la literatura, Sidi Ifni. Los mayores recordamos entre brumas aquella guerra fingida que mantuvimos con Marruecos por la posesión de un lugar inútil, desértico y que apenas daba de comer a sus lugareños. No obstante, para el niño Miguel aquello fue el paraíso. La infancia sólo vive en lugares expresamente inventados para los niños.

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Juan López-Herrera nos habla de "La ínsula inefable" en El Rincón Literario de Paco en Cartagena Actualidad.

Entre trabajo y mudanza… nos atiende Juan, gracias…

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace La ínsula inefable?

R.- Comencé a escribir el libro poco después de mi llegada a Lima en 2011 y lo acabé justo antes de mi partida en 2014. La novela se nutre de experiencias vividas en varios de los países donde he residido (el propio Perú, Cuba, Brasil…), pero nace sobre todo de una historia que comenzó a gestarse mientras vivía en La Habana entre 2007 y 2009 -aunque entonces no era consciente de sus implicaciones- y que tuvo su desenlace un tiempo después de dejar yo la isla. Una lectura concreta me ayudó a dar una estructura coherente a la trama: el libro “The File”, de Timothy Garton Ash.

P.- ¿Por qué comenzó a escribir?

R.- Como todos empecé a hacer mis pinitos literarios escribiendo poesía en mi época universitaria. Algunos de esos poemas están publicados en la edición de 1984 de los premios de poesía de la Facultad de Filología de la Hispalense. Entre 1996 y 1998, durante un periodo de excedencia en el que regresé a mi Sevilla natal, escribí mi primera novela, La Cream Coneshion, que fue el resultado del encontronazo con una realidad andaluza muy “gatopardiana”: aparentemente todo había cambiado desde que yo había dejado la ciudad en 1985, pero en el fondo todo seguía igual, tanto en Sevilla como en Andalucía. Decidí utilizar el humor, que es la subversión no violenta del ciudadano oprimido.

P.- No me resulta fácil encuadrar la novela en un género concreto…es divertida, misteriosa, santería incluida, con un desfile de personajes variados…Willy Toledo, Nino Bravo, Julio Iglesias…¿su clasificación?

R.- Creo que sigue la estela de mi primer libro, que era una novela negra bastante sui generis, con un humor quiero pensar que muy español, mezcla de astracanada, surrealismo y sátira de trazo grueso.

P.- ¿Se ha encontrado de frente con santones? ¿cree en sus prácticas?

R.- Sí que me he encontrado con esas prácticas muchas veces, en Brasil, Sudáfrica, Cuba o Perú, pero también en Galicia o en Andalucía (las llamadas “sabias” del campo andaluz). Creer no creo, “pero haberlas haylas.”

P.- Usted, como diplomático, ha ejercido en países tan distintos como: Brasil, Sudáfrica, Bélgica, Cuba, Perú, Reino Unido… ¿cuál de ellos le ha sorprendido más y por qué?

R.- Todos son sorprendentes a su manera. Incluso países tan desarrollados y aparentemente convencionales como Bélgica o el Reino Unido pueden ser una caja de sorpresas. El Reino Unido, por ejemplo, es en ciertos aspectos una ínsula aún más inefable que la de la novela. Y no hay que olvidar que la normalidad aparente bajo la que se esconden secretos inconfesables es la base de gran parte de la novela negra contemporánea.

P.- En las embajadas ¿se espían unos a otros y otros a unos?

R.- No, por supuesto que no…salvo en la Ínsula Inefable, claro está.

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jueves, 2 de marzo de 2017

"La ínsula inefable" en Pandora Magazine

la-insula-inefable

La novela que hoy presentamos tiene evidentes guiños intertextuales. El primero, sin duda, cervantino. Se nos presenta una ínsula utópica que recuerda al inicio del libro a esa ínsula prometida al bueno de Sancho Panza. Ese lugar perfecto en el que sería feliz.
Al igual que con Sancho Panza, o que con la Vetusta, de “La Regenta”; se trata de un lugar imaginario que puede sonar a muchos lugares, como bien explica el autor en el prefacio pero no es ninguno en concreto. Al menos, en teoría. Si avanzan la lectura sacarán sus propias conclusiones.
Dicho esto, también tiene mucho el relato de tragicomedia o de ya que arranca siendo ese lugar propicio a las copas, la diversión y la frivolidad y acaba siendo un en el que el miedo, el sufrimiento y la contrariedad están a la orden del día.
En definitiva, el libro, al igual que la “Tragicomedia de Calixto y Melibea> nos pone en aviso sobre los peligros del loco amor, sobre lo fácil que es picar un anzuelo y no hacer caso a los avisos de la gente sensata en el sentido del abuso de la diversión, la frivolidad, el sexo y las malas compañías.
Cómo hace todo eso queda pendiente de la lectura ya que si se desvela el misterio se pierde el encanto y se trata de un libro divertido, didáctico e interesante que no pierde la tensión en ningún momento.

lunes, 20 de febrero de 2017

"El hombre-pluma", de Flaubert, en Kilómetro 0

¿Que si soñé algo anoche?, quieres decir. Soñé con la muerte y grité con los ojos. Me incorporé en la cama, cortando la madrugada con los dientes y me froté los párpados en busca de respuestas. Había sido una noche tranquila. “¿Por qué un triciclo?”, me preguntaba en sudores.
Pero había conversado con el hombre-pluma, así que en sueños sentí por él, a causa de él, con relación a él y mucho más con él. Pues me había colado en la intimidad de su correspondencia amorosa. Allí estaba yo, todo un intruso en pijama, a medio camino del cruce de miradas entre un hombre y una mujer que se hablaban con el corazón en la mano. ¿Qué hacía yo allí husmeando en una pasión que no era la mía? Me sentía culpable y a la vez afanoso por saber más y más. El hombre-pluma, que bregó toda su vida con las palabras, tuvo su máxima ambición en borrar de una vez por todas su huella en las historias que contaba; ahora estaba ante mí desnudo. Yo le conocía, de verdad, por primera vez. Yo le conocía a él, al muerto.
Y me quedé dormido entre sus confesiones a Louise Colet, cuando aún las paredes eran de color cobre y él la besaba en los ojos y bajo el cuello. Suyo. Me quedé dormido con el libro en la mano y la trompeta de Chet Baker en el estómago.
Por eso, en el otro mundo, yo conocía todo de él. Pensaba en él como un viejo amigo o, mejor, como un pariente. Sabía de su sufrimiento y de cuánto le costaba escribir. Siempre pensé en el agujero que se le formaría a la altura del ombligo con cada punto y final que trazó en su vida. En parte admiraba su genio de manera ferviente y, por otro lado, me transmitía el pesar del penitente en su torre de marfil. Flagelándose con una fusta de palabras para modelar a “su Bovary”, leía y releía los párrafos consumidos en su pluma, en busca de un resbalón. No sé si consiguió finalmente la perfección que él tenía en mente, pero yo le conozco y le quiero. Le leo. Le persigo a él y a su Frédéric por el Jardín de las Tullerías el día de la Revolución. Le leo y le releo, y no soy capaz de encontrar ningún resbalón.

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martes, 14 de febrero de 2017

Cuando Fidel Castro llamó a Dios

Por su toque de originalidad, por esa mezcla tragicómica en la que la sátira se convierte casi en un protagonista más, por el juego de las letras con la historia, por su profunda reflexión de fondo y por la gran edición de Funambulista con un formato muy coqueto, por todos estos motivos te aconsejamos una parada en La tragedia de Fidel Castro, una novela divertida y de lo más peculiar obra de João Cerqueira.

¿Es posible que una misma novela se encuentren Fidel Castro, John Fitzgerald Kennedy, Dios, Cristo y Fátima para hablar sobre las relaciones de amor y odio de Estados Unidos y Cuba? Aunque el autor se encarga al inicio de la novela de dejar claro que todo forma parte de la ficción y que los personajes principales no tienen nada que ver con sus homónimos, hay muchos guiños durante el relato que acarician la realidad. 

Por el estilo narrativo, por el uso constante de metáforas, por esa sátira política y social realizada, no es un libro fácil para leer. Pero para nada juega en contra de La tragedia de Fidel Castro. Con los argumentos expuestos, Cerqueira firma un atractivo libro donde destaca su manejo de la ironía y la forma de llevar a un terreno más cómodo los grandes problemas de la humanidad. 

Aunque está claro que el libro es una crítica aguda al comunismo, el autor no abusa de la cuestión política. La historia comienza con una llamada de Fátima a Dios para que trate de evitar la guerra entre Cuba y Estados Unidos. Dios, que nada tiene que ver con el creador del hombre, acaba mandando a su hijo para que intente resolver el conflicto. 

lunes, 30 de enero de 2017

Se llama usted Michelle Martin en el suplemento del Diario Sur de Málaga


"El último sol" en Sonograma Magazine

Félix Teira Cubel, nacido en Belchite en 1954, es un zaragozano de corazón y de trayectoria vital maestro, narrador crítico de su tiempo, profesor y batallador de las palabras. Publicó su primera obra, Brisa de asfalto de la mano de Mario Muchnik. Se le ha alabado la madurez crítica de su obra. Al mismo tiempo ha publicado una trilogía para adolescentes que ha triunfado también entre el público adulto.
Su último libro, publicado en noviembre de 2016, El último sol, nos muestra los últimos días de la vida de un pintor de fama internacional, Pablo Monfort, que sabedor de la grave enfermedad que padece, decideabandonar su vida cotidiana en la ciudad y pasar el tiempo que le queda en el pueblo de su infancia, Manafría.

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"Madera de Cela" en El Naviero

Si el medio es a veces el mensaje, el título de una obra es en ocasiones una jaula donde el autor intenta encerrar su texto. Otras veces, no: ni el medio es el mensaje ni el título de una obra consigue retener el vuelo propio de su contenido.
Es muy arriesgado, en un país en el que un escritor como Camilo José Cela logró atesorar odios y antipatías en un buen sector de la población, titular un libro con referencia al apellido del gallego. Tampoco había mucha alternativa, atendido el hecho de que la obra en cuestión versa específicamente sobre el premio Nobel, todo hay que decirlo, de modo que a Tomás García Yebra los astros no le eran propicios y a la editorial Funambulista, con toda probabilidad, no le hubiera parecido buena idea sacar a Cela del título en el tiempo de su centenario.
No escondo que Cela desde siempre me ha producido un rechazo importante. No conocí a la persona, pero el personaje me resultó siempre excesivo, soberbio y mal encarado. Me detengo tanto en el título porque a mí me ha confundido. Esperaba una cosa y he encontrado otra, y eso que el subtítulo (“Cartografía de un país llamado España”) tiende un puente entre lo que anuncia el título y lo que en realidad contiene el libro, si bien ese puente se adentra en la niebla siendo imposible ver el otro lado.
Tomás García Yebra, que del de Padrón sabe un rato (en 2002 publicó “Desmontando a Cela” con la editorial Libertarias) quizás inició y desarrolló el libro que hoy comentamos con la idea de tratar con cierto desparpajo las aventuras de Cela y su entorno literario y empresarial, y más concretamente el episodio extraño del premio Planeta que aquél ganara. Además, me imagino, quería contextualizar la figura del Nobel en su tiempo y su circunstancia social y política, y de ahí (probablemente, de nuevo) el subtítulo cartográfico. Hasta aquí, todo bien, de momento.
Pero al poco de adentrarme en la lectura del volumen (objeto, por cierto, muy agradable al tacto y con un gramaje de agradecer) comencé a descubrir una parte humana en las descripciones que García Yebra hace de Cela que son más creíbles cuanto más queda en evidencia que, a la hora de arrearle mamporros personales y literarios, no se retiene un ápice, es decir, que no estamos ante un panegírico. Curiosamente, al enfrentarme a la pasta humana de Cela (en modo tan limitado como obliga el hacerlo solo a través de descripciones de quien le conoció poco y que respecto de muchos hechos reseñables habla por referencias) el grado de antipatía que sentía de siempre por el personaje se ha ido atemperando.
¿Me ha descubierto el libro que Cela era una buena persona?¿O que lo era su personaje? Quiá. Lo que he encontrado es un acomodo de muchos de los descritos comportamientos y peculiaridades de Cela en el esquema (cada uno tiene el suyo) de lo que considero humano, con sus miserias y sus grandezas, con sus gestos inaceptables y sus reacciones comprensibles aunque no fueran justificables. García Yebra insiste en contextualizar a la persona y al actor en su época y en sus relaciones y parece buscar un correlato entre Cela y el carácter español, o al menos un cierto carácter español. La soberbia, la envidia encauzada en el afán de superarse, la falsedad utilitarista, el cainismo y un maniqueísmo que, muerto ya el gallego, produce hilaridad (“Cela dividía el mundo en dos mitades: <>”).
Y ahí está, descubro, el elemento desasosegante que me llevó a la confusión. García Yebra describe al escritor-actor como producto de una sociedad como la española del siglo XX, pero el resultado, por una suerte de ósmosis literario-psicológica, acaba siendo un divertido (nunca en detrimento de lo profundo) análisis de la naturaleza humana que trasciende países y tiempos, clases sociales y entornos educativos.

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miércoles, 25 de enero de 2017

La ventana de los libros: Se llama usted Michelle Martin


Los monstruos sí hablan, si no que se lo pregunten a Nicole Malinconi, la periodista que accedió a reunirse con una madre de familia, acusada (y condenada) de ser cómplice de asesinato, violación y tortura a varias menores de edad. ¿Con qué propósito? Con el de escuchar su versión e intentar entender sus motivaciones (criminales). Por darles sólo un dato terrible, esta mujer dejó morir de hambre en el sótano de su casa a dos niñas de ocho años que su marido había secuestrado. Usted se llama Michelle Martin es el resultado periodístico-literario de esos encuentros entre la periodista y la condenada que ahora publica la Editorial Funambulista y que se convierte en un ensayo sobre la maldad, sobre el perdón y sobre la crueldad. Aquí a España, las noticias del caso, que cumple casi veinte años, llegaron de refilón, pero en Bélgica, esta condenada y su marido aterrorizaron a todo un país, que se echó a la calle en la manifestación de repulsa más multitudinaria desde la Segunda Guerra Mundial.
            Sí, los monstruos sí hablan. Michelle Martin, que hace llamar a esa periodista para proponerle escribir un libro a medias que recoja su historia en la cárcel, toma la palabra para reivindicar su versión, para defender su ‘inocencia’. Dice que ella estaba anulada por su marido -ejecutor de los crímenes-, que no tenía juicio crítico, que no se atrevía a denunciarlo, que sí conocía que él secuestraba, violaba y torturaba a menores, pero que no tenía fuerzas para llevare la contraria. “¿Por qué?”, le pregunta la autora. “No lo entiendo, nadie lo entiende”. Y ella insiste en que eso ya pasó, en que no es la misma persona de entonces, en que eso no debería marcar su vida. La pregunta recae también en el lector a raíz de un dato: Michelle Martin, acusada a treinta años de cárcel, decide pedir la libertad condicional a los diez años de su encierro. La consigue en 2012 y nadie, absolutamente nadie, quiere hacerse cargo de ella: nadie le da cobijo, ni trabajo. Es un juez el que decide acogerla porque cree que esta sociedad debe reintegrar a los que se han arrepentido. 

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martes, 17 de enero de 2017

Pequeña mención a "La verdadera historia del Camello Xiangzi"

En Babelia, en la sección "Sillón de orejas" de Manuel Rodríguez Rivero, pequeña mención a "La verdadera historia del Camello Xiangzi":

"En 2017 pasan a dominio público las obras de, entre otros, el novelista H. G. Wells, el economista John Maynard Keynes, el filósofo Hermann von Keyserling, el dramaturgo (y premio Nobel) Gerhart Hauptmann, el narrador Lao She (recomiendo La verdadera historia del camello Xiangzi, publicado por Funambulista)..."

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viernes, 13 de enero de 2017

Jimena de la Almena: RESEÑA: El enemigo en el espejo.

Jimena de la Almena: RESEÑA: El enemigo en el espejo.: EL ENEMIGO EN EL ESPEJO Título: El enemigo en el Espejo. Autor: Leif Davidsen (Isla de Fionia 1950), ha viajado por todo e...