martes, 25 de septiembre de 2012

Entrevista a José Antonio Fortuny en Punto de Libro

Entrevista a José Antonio Fortuny,

autor de Alehop

James NavaEn José Antonio Fortuny, junto con sus paisanos, puede ver salir el sol antes que cualquier otro español. Nuestro entrevistado nació hace cuarenta años en Maó, el municipio de Menorca que cuenta con el punto más oriental del estado. Una grave enfermedad -atrofia muscular espinal- se convirtió en su compañera no deseada desde muy joven. Él eligió otra mucho más agradable, la lectura, para combatir en lo posible los efectos de aquella. Hasta que de lector compulsivo dio el paso a autor con su primer libro Diálogos con Áxel, en el que narró de manera directa y exenta de todo sentimentalismo superfluo los pormenores de su enfermedad y su propias experiencias. Ahora ha dado el salto a la ficción con Alehop, una comedia negra que noquea las conciencias de todo aquel que la lee.
Os invitamos a conocer con nosotros a este autor que con tan breve carrera a sus espaldas ha cosechado ya elogiosas críticas por parte de los medios y, lo que es más importante, de los lectores.

José Antonio, ¿es cierto que, como dice José María Mendiluce en el prólogo a tu primera obra, besas las tapas de los libros que te han gustado al terminar de leerlos, a modo de agradecimiento?
Si, es cierto que lo hacía. Ahora ya no puedo hacerlo porque no puedo mover las manos, pero si un libro me ha gustado continúo cerrando los ojos y musitando las gracias por haber tenido la suerte de que ese libro se haya cruzado en mi camino.
La obra a que hacíamos referencia y que prologó Mendiluce, Diálogos con Áxel, está basada en tu propia experiencia. Y es muy difícil de enmarcar en un género concreto. Ayúdanos tú: divulgación, autoayuda, testimonio...
Es difícil de clasificar, una mezcla de libro testimonio y algo de novela. Traté de explicar la evolución psicológica de una persona aquejada por una enfermedad que le va paralizando, su manera de percibir el mundo, el combate entre la mente y el cuerpo. El libro ahora mismo está totalmente agotado en papel, pero disponible en formato digital en Amazon.
La mayoría de nosotros se sentiría abrumado ante la tarea de escribir un libro. En tu caso, y con los problemas añadidos por la enfermedad, ¿cómo se llega un día a tomar esa determinación?
A mí escribir me da vida. Escribo fundamentalmente como un extraordinario ejercicio para mantenerme mentalmente en forma: escribir me hace pensar, buscar, reflexionar, y además me permite comunicarme con los demás. Mi primer libro lo escribí motivado por una imperiosa necesidad de dejar algo; de la misma manera que mis amigos tienen hijos, yo quería dejar mi huella de mi paso por la Tierra.
Tras el éxito de tu primer libro, te lanzas a la aventura de la ficción, y estás cinco años preparando Alehop, que finalmente se publicó este año. ¿Por qué ese salto a la ficción?
Cada historia que quieres contar te pide un enfoque diferente. También tuve claro que no quería repetirme, sino probar, indagar, jugar con otros géneros.
Para Alehop has elegido una peligrosa combinación: una temática dramática por su realismo, y un tratamiento lleno de humor, ironía y sarcasmo. El resultado es tremendo: reímos sin parar mientras asistimos horrorizados a las injusticias y tropelías que se narran. ¿Era ese tu objetivo, hacer reflexionar profundamente a través del humor?
Exactamente, has hecho una descripción muy buena. Ése fue mi objetivo. Tengo claro que el humor a veces es la manera más acertada para explicar según qué cosas sin que la gente salga huyendo.
En la novela cuidas mucho que no se infiltre el victimismo, el sentimentalismo barato ni la lágrima fácil. Sin embargo, la pareja de ancianos protagonistas se gana el afecto y la ternura del lector durante buena parte de la novela. ¿Cómo se logra esto? ¿Acaso nos vemos proyectados en ellos?
Probablemente esto se deba a que he conseguido mostrar a los ancianos como seres humanos, con una serie de necesidades que todos sabemos, en nuestro interior, que tarde o temprano pueden ser las nuestras. Creo que por aquí es donde se establece ese sentimiento de empatía hacia los protagonistas.
Los ancianos simbolizan nuestra fragilidad. Todos, en mayor o menor medida, iremos perdiendo facultades. Esto no es malo, sino que forma parte de nuestra condición humana. Lo denunciable es que la sociedad margine y te dé la espalda.

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