lunes, 19 de diciembre de 2011

En Corazón y ciencia encontramos de nuevo el placer de la lectura de los clásicos, dentro de una historia de tintes románticos, peculiar y polémica gracias al punto de vista crítico del autor.

Corazón y ciencia


Wilkie Collins forma parte de esa generación decimonónica de escritores británicos vocacionales, que son referentes de una literatura seguida con devoción por innumerables lectores hasta nuestros días. Collins fue coetáneo y gran amigo de Dickens y al igual que el autor de Grandes Esperanzas, conoció el éxito durante su carrera literaria. La Piedra Lunar es quizás su obra más conocida, una excelente novela policíaca precursora del género. Tuvo más éxitos, como La Dama de Blanco, pero al final de su carrera sufrió un declive, dicen que debido a su adicción al opio
Ciencia y Corazón pertenece a esta última etapa y está considerada como una novela menor. Se trata de una historia con un arranque atractivo que va perdiendo interés según avanza el argumento, pero que sin embargo no está exenta de encanto. Bajo la manida trama de un amor explosivo y romántico entorpecido por varios obstáculos, van desfilando personajes curiosos, muchos de ellos estereotipos usados como blanco de las críticas de Collins. La ciencia citada en el título no resulta bien parada en la novela, y encuentra su máximo exponente crítico con la figura del enigmático, repulsivo e inquietante Doctor Benjulia. 
La vivisección, practicada por el siniestro personaje, es el epicentro de la crítica en la que se basa todo el relato construido por Collins. Pero Benjulia no es el único personaje vilipendiado en la obra, también la señora Gallilee, mecenas de científicos, atesora un buen puñado de defectos expuestos con crudeza y afán aleccionador. Sólo el personaje de Ovid, en el que confluyen nobleza y el ejercicio vocacional y responsable de la profesión médica, parece escapar de la afilada mirada de Collins respecto a los hombres de ciencia. La edición de Funambulista vuelve a ser impecable en cuanto a la presentación del volumen en tapa dura, excelente papel, y una esmerada maquetación, que contrasta con algún que otro despiste en la corrección de la traducción. En Corazón y ciencia encontramos de nuevo el placer de la lectura de los clásicos, dentro de una historia de tintes románticos, peculiar y polémica gracias al punto de vista crítico del autor.
Daniel Vega

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