lunes, 15 de junio de 2015

"Eva Losada Casanova no escribe, evoca. El lector no lee, siente." En el lado sombrío del jardín en elcotidiano.es

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“IR AL OTRO LADO”
Todos tenemos trazada una línea roja en nuestra mente y sólo unos pocos se atreven a cruzarla, la mayoría por error. Ese viaje “al otro lado” puede también hacerse por voluntad propia, aunque no es lo habitual, incluso conociendo el riesgo que supone la posibilidad de “no retorno”.
‘O Caneiro’, la quinta familiar en Sintra donde transcurre la trama de esta novela, supone esa frontera entre lo real y lo que dicen que es la realidad. A ella llega una mujer, Ana Santos, a quien imagino dejar la maleta sobre la grava de la entrada mientras con expresión ausente gira la llave de la puerta dispuesta a sanear todo el aire viciado que la casa esconde, y cruzar ese umbral que da paso a lo funesto, lo oscuro, donde los fantasmas del pasado claman por salir a la luz.

Toda historia que se precie tiene un misterio. “En el lado sombrío del jardín” lo tiene, un misterio lejano en el tiempo y enquistado en la memoria, con metástasis que se va expandiendo e invadiendo a cada uno de los personajes, todos ellos enfermos por ocultar secretos y mentiras.
Ana es una mujer carcomida por los miedos; miedo a la noche, a la soledad, al orden, a ser abrazada…., y todos y cada uno de esos miedos le hacen frágil, vulnerable y predestinada al sufrimiento. Llega para saber qué pasó de verdad con sus padres, muertos al caer su coche al mar desde una curva de la carretera de la costa. Sólo averiguándolo cree que podrá volver atrás y cruzar de nuevo su línea roja, esta vez en sentido inverso, de camino a la cordura.
No está loca, pero sale de un psiquiátrico. Es curioso, pero el tono de la novela no me hace verlo como un hospital para enfermos mentales, sino como un manicomio, que es lo mismo pero con connotaciones diferentes. Esta locura, envolvente y obsesiva, el lector la va a percibir durante todo el texto, escrito en un presente agónico a veces, asfixiante casi siempre. Uno tiene la impresión de que Ana va a peor, y eso  me afecta como lector al empatizar con ella como si fuera yo mismo.

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