lunes, 4 de junio de 2012

"La piscina" en Melibro

La piscina, Yoko Ogawa.
Traducción: Héctor Jiménez Ferrer.
El Hogar Hikari es un orfanato dirigido por un matrimonio en el que vive su propia hija Aya, a la que, sin embargo, no parecen dedicar más tiempo que al resto de los niños que viven en el centro.
Aya, la protagonista de la novela, es una adolescente solitaria, que encuentra pequeños momentos de felicidad observando a Jun―uno de los chicos que vive en el orfanato― realizar sus acrobacias desde el trampolín de la piscina. La joven analiza cada movimiento de su cuerpo, la tensión de los músculos y la inmersión en el agua de Jun.
A veces, me gustaría saber por qué me siento tan feliz cuando lo observo, durante esos segundos que transcurren desde que levanta las manos para agarrar un punto en el aire hasta que desaparece en el agua. Pero no soy capaz de entenderlo. Quizá sea porque cae en un valle donde el tiempo es tan silencioso que no se oyen las palabras.
Estos instantes de belleza, donde Aya muestra sus sentimientos más sinceros hacia el joven, contrastan con la actitud despiadada de la chica hacia la pequeña Rie, un bebé que sufre las malvadas ocurrencias de la protagonista.
Cuanto más saboreaba el sentimiento de crueldad, más ganas tenía de estar en la piscina. Me daba la sensación de que el brillo de las olitas que se reflejaban en el cristal del techo, el olor del agua limpia y, sobre todo, el cuerpo de Jun mojado lavarían mis crueles sentimientos. Aunque fuera por un momento, quería estar limpia como Jun.
Yoko Ogawa
Sin embargo, el secreto comportamiento de la protagonista no pasa desapercibido para su idolatrado Jun, que, tras revelarle su conocimiento abre la fisura definitiva en su relación.
Narrada con la exquisita sencillez, cargada de matices, a la que nos tiene acostumbrados Ogawa, La piscina es un relato breve, a penas cien páginas, donde hallamos por igual la hermosura de las cosas pequeñas y la crueldaden los gestos aparentemente más inocentes. La autora japonesa recrea una atmósfera, la de la piscina, desde cuyas gradas observa Aya a Jun, y nos muestra, de nuevo, su capacidad para crear imágenes de gran belleza magníficamente descritas, que contrastan con las malintencionadas acciones de Aya.

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