viernes, 8 de junio de 2012

“Atención al cliente” Benoît Duteurtre en Melibro

 Hace unos años, durante uno de los cursos de doctorado, un profesor nos encargó un trabajo sobre la función del teléfono móvil en la sociedad. Después de semanas de investigación y lecturas de artículos, llegamos a la conclusión de que el móvil se había convertido para millones de personas en un elemento más imprescindible que el aire. Hoy en día, el teléfono condiciona nuestras vidas, nuestras relaciones sociales. Agrupa y cataloga a nuestras amistades; es el elemento de geolocalización más perfecto que existe y nos facilita las transacciones electrónicas. Sin embargo, ¿qué ocurre si un día tomamos un taxi y al bajarnos olvidamos nuestro móvil adquirido hace apenas un mes y lo perdemos para siempre?
Esa pregunta es la que se plantea Benoît Duteurtre en la novela Atención al cliente, una sátira sobre las últimas innovaciones tecnológicas en la sociedad. La pérdida de un bien tan preciado implica llamadas, tiempos de espera y más llamadas a la compañía telefónica con el consiguiente coste para nuestros bolsillos. Porque cuando uno firma un contrato con alguna de estas operadoras hay infinidad de cláusulas en letra pequeña que se escapan a nuestros ojos. Existen compromisos de permanencia, cesión de nuestros datos personales (que seguramente la empresa utilizará para otros fines: envío de publicidad, programas de puntos, ofertas y promociones  o incluso cesión de datos a terceros) y condiciones surrealistas.
A veces, cuando una teleoperadora nos tiene que solucionar algún problema somos maleducados; pensamos que en vez de personas quienes están al otro lado de la línea son máquinas perfectamente adiestradas, instruidas para remediar cualquier contingencia. Pero no es cierto porque, al final, nos terminamos quedando con más dudas y la cuestión que nos preocupa continúa sin resolverse. Aun así, ellas no tienen la culpa; los verdaderos culpables son los dueños de esas grandes corporaciones de telefonía que quieren forrarse, invirtiendo lo mínimo en capital humano.
Y en esa situación se encuentra el periodista free lance protagonista de Atención al cliente después de perder su móvil. Tras infinidad de llamadas, reclamaciones y tras haber hablado con casi la totalidad de los departamentos, no tendrá más opción que abonar los once meses que le restaban de contrato y adquirir una nueva línea. Atención al cliente es una crítica a las nuevas tecnologías, una sátira sobre el progreso tecnológico y sus consecuencias. La novela refleja la yuxtaposición entre un mundo absolutamente moderno y otro en el que el narrador reivindica lo antiguo. En uno de los pasajes del libro destaca la figura del cura que parece extraído de la Edad Media y, que de pronto, saca de su sotana su flamante llavero electrónico para montarse en un vehículo último modelo.
El narrador de Atención al cliente se lleva fatal con los instrumentos tecnológicos. Se le cuelgan constantemente los ordenadores, le salen pop ups mientras escribe sus artículos periodísticos y el ordenador navega solo a través de páginas porno. Y es que con esto de las nuevas tecnologías uno se puede volver idiota y termina calentando la leche del desayuno en el tambor de la lavadora. Que si el password del correo electrónico, que si el pin del teléfono, que si la clave de la tarjeta Premier Visa, que si el código de la puerta principal para entrar en el edificio, que si… Y así podríamos continuar hasta el infinito.


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