lunes, 31 de octubre de 2011

Reseña sobre "Corazón y ciencia" de Wilkie Collins en Análisis Digital

El compañero ideal para las tardes de lluvia

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado. Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura.-

Ahora que empezamos la campaña de Navidad habrá más de uno que recupere al autor navideño por excelencia. Nos referimos, cómo no, a Charles Dickens. Mucho menos conocido por el lector medio, su gran amigo Wilkie Collins es recuperado para estas fechas con Corazón y ciencia –Editorial Funambulista-.
¿Por qué deberían nuestros lectores leer a Wilkie Collins frente a la lectura habitual de Dickens? Precisamente por eso, porque las obras del segundo están ya muy trilladas, sin embargo, Corazón y ciencia escarbará en nuestras conciencias con savia nueva y fresca. Tan fresca como el cuestionamiento de ciertas prácticas médicas habituales en el siglo XIX.
También sobre el maltrato a los animales. Nos gusten las mascotas o no, no hay ninguna justificación para que éstas sean abandonadas o maltratadas, tanto por sus amos, como por otras personas.
Pero lo que más apreciarán los lectores de nuestra novela es la preciosa y romántica historia de amor que sirve de hilo conductor a la obra.
Dos personajes inmortales que se quedarán grabados en nuestras memorias y que nos llevan a esa etapa de la literatura en la que el realismo todavía convivía con aspectos de un romanticismo enternecedor.
Por otro lado, según nos desvela Maite Roig Costa en su excelente postfacio, que recomendamos leer sin falta, Wilkie Collins es el auténtico padre de la literatura policiaca, y no Edgar Allan Poe, como se considera tradicionalmente. Un motivo más para adentrarnos en esta apasionante trama decimonónica que hará las delicias de las tardes lluviosas de té o café y manta de cuadros.
No podemos dejar de señalar la preciosa edición de tapa dura que nos presenta en la cubierta una escena cotidiana en la que un joven galán corteja a una chica mientras ésta hace su labor. A su espalda, dos niños leen atentamente un pequeño libro sobre una mesa. Solamente por la excelente presentación merece nuestra atención. Es de esos libros que encima de un mostrador nos atraerán irremisiblemente.

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