jueves, 14 de mayo de 2015

Entrevista a Sosa Wagner en Todoliteratura

Francisco Sosa Wagner ha sido un político realmente original y único. Dejó su cátedra de Derecho Administrativo para sumarse a las fuerzas de la política vasca Rosa Díez. Su experiencia ha sido realmente frustrante, aunque su trabajo ha dejado huella en el Parlamento Europeo. Su experiencia europea la ha plasmado en sus “Memorias europeas”, que ahora acaba de publicar la editorial Funambulista.

Francisco Sosa Wagner (Fotos: Alfredo Merino)
Francisco Sosa Wagner (Fotos: Alfredo Merino)

Con su sempiterna pajarita, algo muy común entre los políticos del desaparecido partido de Tierno Galván, ha paseado por Europa su bonhomía y sus conocimientos académicos. Su visión, más avanzada que la del partido al que ha representado en estos últimos años, queda reflejada en su dietario con subtítulo Mi traición a UPyD. En la mejor tradición de políticos intelectuales, su libro es una delicia de leer por su agilidad, ironía y criticismo. En la entrevista nos desvela las claves de su libro.

¿Qué ha pretendido al escribir sus “Memorias europeas”?
Dejar el testimonio de quien ha seguido con ojo crítico el funcionamiento del Parlamento europeo y además se ha complacido en contemplar la vida cultural en el centro de Europa. Y disfrutarla en la medida en que es posible.

¿Por qué ha escogido el formato de dietario para escribirlo?
Me ha parecido el más cómodo. Cada sábado, cuando volvía a España, anotaba todo lo que había vivido en la semana.

Los políticos españoles no están muy acostumbrados a escribir sus memorias. ¿A qué cree que es debido?
Hay en efecto una falta de costumbre en España y no solo entre los políticos. Echo de menos este tipo de libros firmados por altos funcionarios, diplomáticos, magistrados etc. Lamentable porque soy un consumidor de este tipo de literatura. Lo mismo ocurre con las “cartas”, aunque ahora ya será imposible con los correos electrónicos, que se limitan a formular mensajes y muy raramente a contener verdaderas epístolas.

El formato que ha escogido nos recuerda a las memorias de Manuel Azaña por su minuciosidad y su ironía. ¿Le gustaría que le recordasen por este paralelismo?
Me encantaría. He leído un par de veces las Memorias de Azaña aunque mis notas son probablemente peores pero más extensas. Este tipo de documentos son muy expresivos: por lo que se hace y se cuenta, por lo que no se hace..., por las pinturas de los personajes que el autor trata, por las situaciones cómicas que se viven... Indispensables para un historiador.

Todos los intelectuales que han entrado en política han salido escaldados. ¿Está reñida la intelectualidad con la política?
El mismo Azaña murió en el empeño y Negrín, que era catedrático de Medicina, tampoco salió bien parado, por citar dos personajes de la República. Lo mismo podemos decir de Ortega, de Marañón, etc. Pero es curioso que los intelectuales han hecho casi todos sus intentos de acercarse a la política. El intelectual debe hacer política si es su gusto aunque de la política de partido debe huir. Sobre todo en la España actual donde los partidos se asemejan a veces a las partidas.

Cuando fue a buscarle Rosa Díez, ¿qué le dijo para que decidiese dar el paso de volver a la política?
Pasé un verano entero valorando con mi mujer la oferta de Rosa Díez. Al final pensamos que, para un profesor de derecho público, estar en el Parlamento Europeo es como para un médico aprovechar la estancia en un hospital gigantesco con cientos de camas y quirófanos abiertos día y noche.

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