martes, 5 de mayo de 2015

El barón de Nicastro en Pandora Magazine

El barón de Nicastro, de Ippolito Nievo
Aunque ahora se haya puesto de moda, parece que el buenismo es tan antiguo como el mundo, lo novedoso es el palabro que, de todos modos, define muy bien lo que quiere expresar el término.
En concreto, por estos lares hay una división clara entre los que engañan, los célebres pícaros de nuestra mejor literatura y los engañados, los que van de buena fe y buscan un bien en el que creen.
Me ha parecido en este sentido muy revelador un pasaje del libro en el que el protagonista de la novela -el propio barón de Nicastro- que relata en primera persona lo que vuelven a ser unas memorias noveladas -falsas memorias, por tanto- charla con un juez que enfrenta dos realidades, la del idealismo del hombre de acción frente a la cobardía de quien prefiere una vida integrada en la realidad cotidiana que, con hipocresía evidente, se adapta a los valores reales, no a los valores que constan en leyes y manuales varios. Lleva su vida por los derroteros de la burguesía que ya se había impuesto cuando se escribió el libro.
De hecho, se me antoja que igual que Cervantes enfrentara en su día dos mundos –el de los caballeros andantes ideales y el de los pícaros malandrines por otro- Nievo contrapone, a su vez, el mundo de la aristocracia que se resiste a adaptarse a los tiempos y el de los burgueses que se han impuesto inexorablemente.
La gracia está en que los valores aristocráticos, que en otras obras están asociados al abuso de autoridad o a la utilización de las personas como animales o mera mercancía resulta, en este caso, ser el de los valores más nobles e inocentes.
Aunque se trata de un clásico, la obra que hoy recomendamos, El barón de Nicastro, de Ippolito Nievo –Editorial Funambulista- tiene ese toque arcaico que aporta el paso del tiempo que da a la obra un toque de novela histórica muy interesante.
El argumento nos presenta al barón de Nicastro en un disparatado viaje en pos del bien. En esa búsqueda viaja desde Europa a África, a América para luego buscar en Asia. De vuelta en América, donde ya le daban por más que desaparecido, llega peor que Blas de Lezo a quien llamaban medio hombre por faltarle un brazo, una pierna y un ojo. Nuestro viajero, además de estas pérdidas, vuelve sin pelo ni dientes. Aunque tradicionalmente se asocia esta obra a Cándido, de Voltaire y a El barón rampante, de Italo Calvino a mí se me viene a la cabeza otra obra, sin duda posterior –la reseñada es de finales del siglo XIX y la evocada de los años 80- que quizá no haya influido realmente en ella –la de los años 80, evidentemente- pero que a mí me resulta curioso comentar. Me refiero a En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán. Allí también se prepara un gran viaje para buscar un unicornio que solucione los problemas de lecho de Su Majestad. A la vuelta, han muerto casi todos los componentes de la expedición y el famoso cuerno del animal no sirve ya para nada puesto que el rey también ha fallecido.

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