martes, 24 de julio de 2012

Una lectura fresca, con un toque de humor e ironía, con un lenguaje directo y sin florituras (Atención al cliente en Paperblog)

Atención al cliente. Benoit Duteurtre

Publicado el 23 julio 2012 por Carmina
Atención al cliente. Benoit DuteurtreDe vuelta y con una reseña de un libro que recomiendo muy vivamente, por cuanto la situación que plantea no nos es a nadie ajena y el tono de sátira e ironía en el que está escrito nos puede hacer pasar un buen rato.Nuestra sociedad gira inevitablemente alrededor de aparatos tecnológicos, el móvil, el ipad, el e-reader, el portátil… y podríamos seguir y la lista sería infinita. Pero sobretodo hay un aparato del que dependemos casi en exclusiva porque concentra muchas modernidades en una, el móvil, en el que tenemos todos nuestros contactos, nuestras alertas, navegamos por internet… ¿Qué pasaría si un día nos dejamos el móvil olvidado en un taxi? ¿Qué pasaría si allí dentro tuviéramos todo nuestro medio de vida? Pues esta y no otra es la hipótesis que plantea Benoit Duteurtre en Atención al cliente.


El autor
He de reconocer que este autor me resultaba desconocido, tampoco soy muy dada a leer libros que provengan de allende los Pirineos, a pesar de dominar bastante bien la lengua y poderlos leer en versión original, supongo que se debe más a la vagancia que a otra cosa, pero mis lecturas son más bien anglosajonas, y habrá que remediarlo porque de vez en cuando del país vecino llega alguna joyita que hay que tener en cuenta.
Atención al cliente. Benoit DuteurtreBenoit Duteurtre nació en Sainte Adresse , Francia, en 1960, es novelista, ensayista, y crítico musical, escribió su primer texto en 1982 en la revista Minuit, y desde entonces ha publicado dieciséis novelas entre las que destacan:
Sommeil perdu (1985)Tout doit diparaitre (1989)Les malenentendus (1999)Ballets roses (2009)Viaje a Francia (2001), obra por la que recibió el premio Medicis.
Su escritura clara sin preciosismos y su visión irónica de la sociedad contemporánea han despertado tanta polémica como admiración. La niña y el cigarrillo que aparece por primera vez publicada en castellano  ha sido traducida a más de una docena de lenguas.
Argumento
El narrador_cuarentón y periodista free-lance_ olvida den el taxi el teléfono móvil de última generación que le acaban de regalar sus padres, junto con un abono de “cliente privilegiado”. Este percance hace que pierda todos sus contactos personales y profesionales y empiece para él un sinfín de episodios relacionados con su conexión a internet y su tarjeta de crédito, una autentica odisea que le llevará a tener que pasar por diferentes servicios de atención al cliente.
Con esta inteligente sátira, Benoit Duteurtre hace un retrato en el que reconocerán sus propias desventuras como consumidores numerosos abonados y clientes.
Por una vez he preferido copiar la sinopsis de la editorial, por miedo a desvelar alguna cosa que pueda romper el encanto de la lectura a quien movido por la curiosidad decida adentrarse en las páginas de este libro.
Impresiones personales
Cuando vi el titulo de este libro no pude menos que esbozar una sonrisa, porque como usuaria de distintos servicios me las he tenido que ver con los ordenadores previos a la señorita o caballero que tienen pocas respuestas para las preguntas y cuestiones que les planteas. Con los que después de lidiar con  maquinas y no pocas respuestas maquinales tiendes a pagar tu descontento, siendo en la mayoría de los casos descortés, aunque sepas que en el fondo no son más que cabezas de turco de las multinacionales  que minimizan los costes con un capital humano más bien escaso.
Sí, sin duda me he visto reflejada en el protagonista, porque yo también he entrado en la década de los 40, porque soy periodista aunque no ejerza y venza mi mono de escritura de otra forma, porque tampoco me llevo muy bien con la tecnología y cualquier avance me das más miedo que otra cosa, porque también soy cabezona y cuando me propongo solucionar algún desaguisado llego hasta el final caiga quien caiga.
Pero reconozco que lo que encontramos aquí es un cumulo de situaciones que es difícil que se le den a una persona en un corto espacio de tiempo, y que por lo tanto el hecho de reunirlas no es más que un sátira de este tiempo moderno en el que funcionamos a golpe de contraseñas, pin y amén de otras claves que no hacen más que complicarnos un poco más la vida, y sin las que no sabríamos vivir.
El autor hace un alegato a tiempos pasados donde la tecnología no tenía tanta importancia en nuestra vida, en los que perder un simple móvil no desencadenaba ninguna catástrofe, y sin embargo en este alegato a tiempos pasados introduce un personaje que aúna antigüedad por llamarlo de algún modo y modernidad. Y este personaje no es más que un cura con sotana, que parece haber salido de la edad media y que sin embargo entre sus faldones esconde los últimos artefactos de la modernidad, como un llavero electrónico para el coche, un teléfono de última generación, y habla de informática con la misma naturalidad que de su oficio sagrado.
Del personaje principal no sabemos más que lo que él nos cuenta, que es cuarentón, que trabaja de free- lance, que se gana bien la vida y no tiene problemas económicos y que es muy poco manitas con la tecnología que termina poniéndolo de los nervios, e intuimos por su forma de actuar muchas otras, como que es cabezón, que intenta salirse siempre con la suya y que  muchas veces no reflexiona y actúa al tun. Pero lo que nunca llegamos a saber de este desventurado es el nombre, y creo que con ello el autor busca que cualquier lector pueda identificarse con él.
Y es que quien no ha tenido que lidiar en su vida con un servicio de atención al cliente, quien no ha tenido que hablar con maquinas hasta llegar a un operador descontento que no tiene respuestas y se convierte en el blanco de las iras de un cliente que harto de no encontrar soluciones la toma con él. ¿Y qué nos encontramos detrás de estos servicios?, gente mal pagada, que no puede solucionar nada porque no tiene poder de decisión, gente preparada para otros trabajos que ha recalado como último recurso en un servicio que no le llena ni le satisface.

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