martes, 28 de febrero de 2012

Primera reseña sobre "La fórmula preferida del profesor" en la lectura compartida organizada por Isi

LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR

A finales de enero, me recomendaron La fórmula preferida del profesor. La verdad es que en ese momento no me convenció mucho, más que nada porque al preguntar de qué iba el libro, la respuesta fue “Pueeeees… es un libro que habla de un profesor de matemáticas… Y sus alumnos de clase…”Yo solo pude pensar: “Argumentazo…”

En fin, el caso es que a los tres días, Isi propuso en su blog la lectura conjunta del libro y entonces tuve oportunidad de leer la sinopsis.

«Una historia de amor, amistad y transmisión del saber…


Auténtico fenómeno social en Japón (un millón de ejemplares vendidos en dos meses, y otro millón en formato de bolsillo, película, cómic y CD) que ha desatado un inusitado interés por las matemáticas, este novela de Yoko Ogawa la catapultó definitivamente a la fama internacional en 2004. En ella se nos cuenta delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo y huraño profesor de matemáticas que perdió en un accidente de coche la memoria (mejor dicho, la autonomía de su memoria, que sólo le dura 80 minutos). Apasionado por los números, el profesor se irá encariñando con la asistenta y su hijo de 10 años, al que bautiza «Root» («Raíz Cuadrada» en inglés) y con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del saber, no sólo matemático…Como dice en su postfacio el profesor León González Sotos, «asistimos al emocionado ajetreo, de venerable filiación platónica, entre la anónima doméstica, el también —¿innombrable?— Profesor y el pupilo Root. Entre idas y venidas, tareas caseras y cuidados piadosos a su muy especial cliente, éste va desvelando las arcanas relaciones numéricas que los datos cotidianos más anodinos pueden encerrar.»”


¡Eso es otra cosa! Así que me apunté sin pensarlo...

Para empezar, el libro no habla exclusivamente de matemáticas como uno puede llegar a pensar, no. El libro habla a través de las matemáticas. La historia sencillamente se sostiene sobre una base de números y fórmulas que uno seguramente nunca se ha planteado y las va asimilando con sorprendente tranquilidad.

En ningún momento se dan nombres. El profesor es un hombre cuya memoria sufre una triste transformación después de un accidente de coche: se detiene en ese mismo día, y a partir de ahí sólo le regresa una vez al día y durante un periodo de 80 minutos.

Es un hombre claramente inteligente, y por su mente numérica, muy práctico: para ayudarse a recordar las cosas importantes, las apunta en papelitos que se cuelga de su americana. Pero precisamente por esa y otras manías difíciles de llevar, al profesor no le dura ninguna de las asistentas que su cuñada (viuda de su hermano) se afana en contratar.
Así es como llega a la vida la coprotagonista del libro, una joven madre soltera que se dedica a la limpieza y servicio doméstico porque es lo único que ha aprendido a hacer.

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