lunes, 27 de febrero de 2012

Corazón y ciencia en Andalán.es


Wilkie Collins (1824-1889) es de sobra conocido por alguna de sus más famosas obras como “La Dama de Blanco” y “La piedra lunar”. Con ellas consiguió un gran éxito en su momento y se convirtió en uno de los precedentes de la futura novela policíaca, al mismo tiempo que utilizaba los recursos propios de la época como los elementos góticos que incorporaba a sus narraciones. Fue íntimo amigo de Charles Dickens de quien se cumple  bicentenario este 2012. Colaboraron juntos en muchas obras y trabajaron codo a codo durante largos años; la muerte de Dickens rompió este lazo y hubo quien insinuó que  Collins ya no volvió a tener la misma altura narrativa tras su fallecimiento, ignorando otras causas, más probables, de su decaimiento.
En esta ocasión hablamos de un texto muy poco conocido ya que es la primera vez que se publica en España. “Corazón y Ciencia”, muy hermosamente editado por los Grandes Clásicos de Editorial Funambulista, es un largo texto, según su costumbre, en el que plantea alguno de los problemas que preocupaban a la sociedad de la época. Collins, junto con su amigo Dickens, pertenece a esos escritores de no dan la espalda al momento en el que viven y que siempre hablan en sus textos de asuntos de su tiempo: la pobreza, la desigualdad social, el papel de las mujeres o la avaricia son algunos de sus temas más frecuentes.
En “Corazón y Ciencia” el tema central es el aprecio hacia los animales y, en concreto,  la crítica de la vivisección, un método habitual en el momento del autor. Será este tema el que se desarrolla en medio de la clásica historia de amor entre un joven médico y una influenciable dama. Lógicamente, el seguidor de la práctica clínica en vivo (Benjulia) es un personaje absolutamente oscuro y tenebroso frente a la limpia apariencia de la pareja protagonista. La aparición de determinados secundarios de lujo como el padre y la madre del médico nos acercan al buen Collins que conocemos: tanto la bondad del primero como la avaricia y soberbia de la segunda responden a unos buenos retratos del ambiente familiar. La aparición de una institutriz de pomposo nombre -Minerva-, que evoluciona desde una postura negativa, a causa de un amor no correspondido, hacia otra mucho más generosa, completa el cuadro. Falta por nombrar a la pequeña hermana del doctor, quizá la mejor retratada y el personaje que, desde su disminuida capacidad mental, desencadena la trama y a la que el autor trata con una especial sensibilidad, aprecio y comprensión.

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