jueves, 1 de septiembre de 2011

"Metrópolis" de Ferenc Karinthy en el blog "Entre montones de libros"





"Debe de ser una ciudad grande, esto parece evidente, una de esas grandes metrópolis en las que jamás ha estado. No alcanza todavía ni siquiera a imaginar en qué parte del globo se sitúa, en qué dirección respecto de su hogar, e incluso aproximadamente a qué distancia..." 
     Esta vez voy a empezar haciendo un resumen. Nos presenta el autor a Budai, un prestigioso lingüista húngaro, que vuela a un congreso a Helsinki. Sale con prisa, sin reloj, y se duerme durante el vuelo. Cuando llega es por la noche ya y lo montan en un autobús que lo lleva al hotel. Una vez allí descubre que no está en Helsinki, así que asume que se ha equivocado de avión. Supuesto eso, trata de corregir su ruta y comprueba que, pese a hablar varios idiomas, no es capaz de entender a nadie y tampoco consigue que lo entiendan a él. Está en una ciudad enorme y desconocida en la que parece no poder comunicarse con nadie. Hay una cosa clara, tiene que salir de allí.

     Es un libro singular, no nos prepara para la trama, como tampoco lo está su protagonista. Sale con prisa, sin reloj y aterriza por la noche, cansado y es transportado en autobús a un hotel en el cual, no se entiende con la recepcionista. Y todo eso en las primeras páginas. A partir de ahí vamos evolucionando con Budai; primero le preocupa faltar a la conferencia. Necesita el pasaporte que se ha quedado la recepcionista. Y no lo entiende, y eso que habla una docena de idiomas. La escucha con atención y sólo ve un parloteo rápido interminable y por escrito tampoco es mejor, así que sale a buscar ayuda. El metro es otro caos, las líneas no parecen circulares pero tampoco se ve el final de la linea, es como si nunca terminase, algo que sabe es imposible, y la gente lo abarrota, lo mismo que las calles. Se fija entonces en ellas, grises, con casas viejas junto a nuevos y altos edificios, todo lleno de gente que parece tener prisa o hacer cola, no hay punto intermedio. Y tampoco lo entiende nadie ahí. Ni él a ellos, ni los carteles.
     Pero el protagonista resiste a estos choques brutales. Lo que le minan son las diferencias sutiles, ahí es donde empieza a sentir miedo, en las bebidas dulces que no debieran serlo, en las salchichas también dulces. Le chirrían subiéndole por la espalda, incubando el pánico y haciéndonos recodar el caso del inmigrante que retuvieron quince años en un psiquiátrico por encontrarlo sin documentación, como él, y tomarlo por loco al escuchar su jerga ininteligible. ¿Y si le pasa igual? LEER MÁS

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