martes, 27 de septiembre de 2011

El Diario del Amazonas en El imparcial

“Si alguna vez ha habido personas indefensas sobre la faz de la tierra, son estos desnudos salvajes de la selva. No son más que unos niños grandes”. Roger Casement anotaba estas contundentes —y condescendientes— palabras al comienzo de su diario, tras ser enviado a la región amazónica del Putumayo, en septiembre de 1910, por el Foreign Office para investigar ciertas denuncias sobre las atrocidades que la empresa cauchera, de capital inglés, Peruvian Amazon Company estaba cometiendo sobre las poblaciones indias. Lo que allí se encontró el cónsul británico —nacido en Irlanda— corroboraría la corrupción, el abuso de poder, el maltrato y el asesinato de indígenas por parte de los responsables de dicha compañía.
La selección de fragmentos publicada en la presente edición procede de las anotaciones que llevó a cabo Casement en aquel viaje y que sirvieron de base para el informe oficial que elaboró después. En ellas plasmaría su entusiasmo y perseverancia en defensa de los derechos humanos, en un relato donde vemos deambular indios famélicos sin apenas comida y cargando, en interminables caminatas, pesados fardos del anhelado caucho. La primera persona aporta dramatismo al informe: el diplomático vive con horror las “correrías” —batidas para, literalmente, cazar indios que sirvan de esclavos—, y sus comparaciones con África, donde estuvo destinado varios años, son incesantes. El estilo conciso y duro de su narración, con afán continuo de exactitud, no excluye sin embargo ciertos pespuntes literarios, en especial ante la contemplación de la naturaleza amazónica.
En una línea acusatoria semejante a la de Bartolomé de las Casas, Casement aseverará, con frase lapidaria, que “cuando la casta española domina, toda decencia desaparece”. Su mirada compasiva de la población indígena está impregnada, por otra parte, del mito del “buen salvaje”: “Los indios aún conservan parte de su originalidad, la moralidad de su espíritu, la dulzura de su comportamiento y la sencillez de su alma”. Como se afirma en la Introducción, Diario del Amazonas es también una obra en la que alienta la ideología liberal e imperial dominante en aquellos años; Casement se revela en su diario como un protector de los indios pero, al mismo tiempo, "como un fiel defensor de los valores capitalistas liberales que están en la base (…) del propio imperialismo colonial”. Al igual que Conrad en El corazón de las tinieblas, Casement no pudo vislumbrar un porvenir independiente y soberano de los pueblos colonizados, sin el dominio del hombre blanco, sino una gran empresa capitalista y civilizadora que, con un trato más justo y humano, convirtiera el Amazonas en uno de los “graneros más grandes del mundo”. LEER MÁS

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