lunes, 11 de julio de 2011

Interesante artículo sobre la literatura japonesa en el ABC Cultural

Este año, las mesas de novedades españolas se han dejado inundar por el «tsunami» de la literatura nipona, de la que Haruki Murakami es uno de sus grandes nombres. Pero hay más

















Amor puro

Recordemos que la novela de Haruki Murakami de más éxito en Japón es Tokio Blues, la más costumbrista, la más sentimental y, francamente, la más aburrida de sus novelas. Pero el éxito de Tokio Blues fue ampliamente superado hace unos pocos años por Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama, historia de amor enormemente sentimental que dio origen a un manga, una serie televisiva y una película, y se convirtió en el libro japonés más leído de todos los tiempos.

Comencemos, pues, con Katayama, nuestro recorrido, necesariamente parcial y sesgado, por lo último de la literatura japonesa. Digamos que el éxito de Un grito de amor desde el centro del mundo dio lugar a una especie de movimiento en Japón (me resisto a llamarlo movimiento «literario») llamado «amor puro». «Amor puro» quería decir historias sentimentales, delicadas, llenas de ternura, protagonizadas por seres cuasi angelicales que nos hacen recordar ese resurgimiento del «amor angelical» del que habla Philippe Ariès en su Historia de la vida privada y que tuvo lugar en Europa a mediados del siglo XIX.

En El año de Saeko (Alfaguara), su nueva novela, Katayama ha querido poner algo de acíbar en su azúcar y nos cuenta una historia más compleja y turbadora, en la que una pareja de vida prodigiosamente tediosa y rutinaria (desde la perspectiva de este lector, aunque no creo que fuera esa la impresión que quería causar el autor) llena de coladas y desayunos minuciosamente descritos, ve su idilio doméstico roto cuando la hermana de la esposa le pide que haga de madre del hijo que ella no puede tener mediante inseminación artificial. El resultado es insoportable y cursi, una desesperante sucesión de vaciedades.

Diálogos muy picados

Katayama ha querido desligarse del movimiento «amor puro», mientras que Takuji Ichikawa nos cuenta que «se vio arrastrado» por él. Después de publicar sus ficciones en internet con bastante éxito, Ichikawa escribió Separación, que se convirtió en un best seller, y a continuación Sayonara, Mio (Alfaguara), un éxito rotundo. Se preguntarán ustedes si Sayonara, Mio dio también origen a un manga, una serie de televisión y una película. La respuesta es afirmativa. Se preguntarán también si Sayonara, Mio es tan ñoña y sentimental como las ficciones de Katayama. La respuesta es que probablemente lo sea todavía más.

La novela está toda constituida por diálogos muy picados y cuenta una historia de amor en que la mujer, Mio, es un fantasma. Una literatura que quiere ser tan delicada, tan frágil y tan poética, que acaba siendo vacua e insignificante. Ichikawa declara que Sayonara, Mio se trata de una obra autobiográfica y que «nunca ha sido su intención escribir para un grupo restringido de lectores». Y uno no sabe qué es lo que le causa más estupor, si la ingenuidad del novelista (que cree que su libro es realmente muy raro y especial) o su ignorancia del aspecto que tiene la verdadera literatura.
La gran ola japonesa
ABC
Yoko Ogawa

Pero no es para ponerse trágico, porque verdadera literatura la hay en Japón en abundancia. Por ejemplo, la nueva novela de Yoko Ogawa, La niña que iba en hipopótamo a la escuela (Funambulista), un maravilloso relato de amistad y aprendizaje (la protagonista es una niña que va a pasar un año con sus tíos) en el que Ogawa, una autora dotada de todas las virtudes clásicas de la ficción japonesa (elegancia, humor, delicadeza, gusto por los detalles, imaginación, capacidad evocativa), crea para nosotros un mundo de misteriosa belleza e inolvidables imágenes alrededor de una rica familia que vive en una mansión situada en los terrenos de un antiguo parque zoológico. LEER MÁS

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