viernes, 8 de julio de 2011

Encanto y compañía de Edith Wharton en el placerdelalectura.com


El libro que hoy comentamos agrupa una serie de siete relatos en el más puro estilo Wharton: una mirada profunda, certera y, por qué no decirlo, dramática, del alma femenina. La escritura es, como siempre, elegante, pero lo que de ella extraemos son las almas de mujeres en toda su crudeza, en su infelicidad, muy en su papel desvaído, secundario, de soporte, siempre a dos pasos por detrás del marido. Echamos en falta en esas vidas lo que Virginia Woolf llamó muy acertadamente “una habitación propia”. La propia existencia de la escritora probablemente le dio mucho tema para sus relatos. Su anodino e infeliz matrimonio y su posterior divorcio le permiten analizar su interior y poner sobre el papel sus vivencias. Los relatos están ordenados y presentados cronológicamente y seguidos por un Postfacio de Laura Gimeno.

Edith Newbold Jones Wharton (Nueva York, 1862-Saint-Brice-sous-Fôret, 1937) escritora norteamericana con vocación europea, nació y vivió en ambientes aristocráticos de alto nivel económico. Su conveniente matrimonio a los veintitrés años con E. R. Wharton, mucho mayor que ella, acabó en divorcio tras veinte desafortunados años. Empezó a publicar a los veintinueve, lo que la convertía en punto discordante en un mundo superficial y elegante, mundo que diseccionó en sus novelas, siguiendo la sugerencia de James, sobre que debía escribir de aquello que conocía: “the first hand account is precious”: Lo importante es contar aquello que hemos vivido, aquello que conocemos muy bien; hablar de lo que sabemos. Y lo que Wharton conocía perfectamente era la alta sociedad neoyorquina, que tan magistralmente plasmó en La edad de la inocencia.
El primer relato, Las vistas de la señora Manstey (1881) casi recuerda a aquella película La calle sin sol, en la que los vecinos se turnan para recibir los pocos rayos de sol que en un rincón del patio duran apenas unos minutos. La viuda Manstey sobrevive mirando por su ventana, que da a la parte trasera del edificio, y desde allí ve pasar las nubes, atisba reflejos de sol en las copas de algún árbol,…Esa ventana es su mundo, su perspectiva vital hecha de retazos, pero que aún así le sirve de tabla de salvación. Tabla que amenaza hundirse cuando las próximas obras en el edificio colindante se anuncian, y su universo se tambalea.
La plenitud de la vida (1893) es el siguiente relato, que personalmente me ha parecido más flojo, un relato que desarrolla la fantasía de una conversación -en una especie de limbo – entre una dama que acaba de morir y el Espíritu de la Vida, desarrollando una reflexión sobre su matrimonio y lo que esperaba encontrar en la vida y ahora, tras la muerte.
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