Entrevista a Loreto Urraca en Cazarabet



-Loreto, la pregunta es, quizás, muy previsible, pero muy frecuentemente nos gusta empezar nuestros Conversas preguntando qué es lo que te llevó a escribirlo, nos referimos al libro… Cuéntanos un poco, por favor, la génesis de la historia.


-Hace diez años, ojeando El País, me topé con un artículo en el que aparecía una foto de un abuelo al que apenas había conocido. El titular era demoledor: El Cazador de rojos. La sorpresa me empujó a leerlo. Era una extensa reseña de una tesis doctoral de la Universidad de Barcelona sobre la persecución del exilio republicano (Jordi Guixé, La persecución franquista en Francia). Me extrañó que ese abuelo despertara tanto interés, pero leyendo lo que había hecho, comprendí que era el rostro de la represión. Descubrí que Pedro Urraca Rendueles fue un policía franquista destinado en Francia a partir de noviembre de 1939, con la misión de perseguir y capturar a los líderes republicanos exiliados. Uno de ellos fue el presidente de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys. Sentí rabia y vergüenza, y tuve el presentimiento de que tarde o temprano, alguien me vincularía con ese Pedro Urraca, por llevar este apellido tan poco común y fácil de recordar. Pero en aquel momento, opté por no hacer nada, solo tratar de pasar página y olvidarme del tema.
Algún tiempo después, me llamó una periodista, Gemma Aguilera, que estaba redactando un reportaje sobre Companys, en conmemoración del 70 aniversario de su fusilamiento. El vínculo ya estaba hecho. La periodista me solicitó una descripción de mi abuelo, que le contara mis recuerdos de pequeña. Comprendí que los descendientes de las víctimas del régimen franquista estaban ávidos de información, y como era inútil negar la evidencia de ser su nieta, sentí la necesidad de desafiliarme públicamente de ese abuelo, al que solo había visto en ocasiones esporádicas. Quería dejar constancia pública de que, a pesar del parentesco, yo no tenía nada que ver con él, que no me había educado, ni influido en mi personalidad. Pero yo no sabía nada de él. Tenía primero que saber realmente quién había sido y qué había hecho, y me decidí a investigar todo lo que pudiera sobre ese abuelo desconocido, para luego poder rechazarlo.
Fue entonces cuando me decidí a ir a Barcelona, a leer la tesis, y según iba leyendo, fui recopilando todas las fuentes documentales que se referían más a Pedro Urraca. A partir de esa lista, empecé a consultar los archivos, para comprobar con documentos todas las acusaciones que se le imputaban.
En cinco años visité varios archivos en Francia y en España, y descubrí cómo los franquistas perseguían a los exiliados gracias a la colaboración con los nazis y con la policía del régimen de Vichy durante la ocupación de Francia. Pensé que era una parte de la historia de España poco conocida y que había que divulgarla, y las historias personales ofrecían materia de sobra para novelar.

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