miércoles, 14 de mayo de 2014

'Una erasmus en Bruselas' en El Placer de la Lectura

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Esta es una novela que rezuma frescura y buen humor, aunque entre líneas pone a caldo unas cuantas cosas. Cristina Vilanova, la protagonista, recuerda sus años juveniles de estudiante en Bruselas. Relaciones de amistad y amorosas, relaciones de trabajo, estudio, parafernalia y problemas típicos universitarios, etc. Todo ello demostrando un profundo conocimiento del tema, tanto estudiantil como la complicada madeja de la Unión Europea (CEE, entonces) en Bruselas, que el autor ha conocido por sus años estudiando y trabajando en la capital belga. Ambientada en el 88, antes de la caída del muro, está contada en dos líneas de discurso: el de la propia protagonista, en primera persona, y el de un narrador omnisciente que complementa lo que la joven estudiante, en su ingenuidad, no puede saber.
Cristina es una joven valenciana de 23 añitos, estudiante de Derecho y con novio en Valencia pero que, sin comerlo ni beberlo, es receptora de una beca Erasmus y sale para Bruselas chapurreando el francés y sin pajolera idea de inglés, pero bien aprovisionada de ardor juvenil y dispuesta a comerse el mundo. Y allí comienza a integrarse en la vida estudiantil universitaria, que va mucho más deprisa que la española. La vorágine  de las novedades le produce un vértigo y una especie de obnubilación. Nuevas amigas, nuevos amigos, nuevos amores…todo a la vez, casi. Encontramos muchos ecos a situaciones vistas en filmes como El diario de Bridget Jones, o Cuatro bodas y un funeral, por ejemplo. Sobre todo en cuanto a la comicidad de los temas y al ambiente juvenil. Cristina va abordando las múltiples dificultades que se le presentan, y a su vida universitaria se le añaden preocupaciones y conflictos respecto a su futuro próximo, incertidumbres que casi todos hemos tenido a esas edades cuando se pasa de la protección familiar y el ambiente festivo estudiantil a lanzarse al terrible mundo laboral, a la competencia y a la dureza que supone. Y si además, le añadimos el ingrediente del amor (o el sexo), pues la cosa se complica. Y Cristina, como todos, tiene un límite…
Pero no sólo es ese el tema de la novela, si bien es el central. Hay un macguffin, que diría Hitchcock, una excusa o motivo recurrente que, al modo de las muñecas rusas, encontramos una dentro de la otra. Y esa otra historia es más complicada, nos trae ecos de Simenon…y diría más, del propio Hitchcock. Unas joyas de familia desperdigadas a lo largo de siglos están siendo buscadas y encontradas…en manos de diversos dueños. Una de ellas la tiene Cristina, herencia de su bisabuela. Ello la sumerge en una trama de intriga en la que algunos no son lo que parecen y otros son claramente corruptos y traidores. Con esa historia, el autor nos muestra que no es oro todo lo que reluce, y que hay una trastienda en todo este mundo de la alta política y las finanzas, de los cargos de la Europa comunitaria, del mundo universitario europeo y hasta de los propios estudiantes, movidos cada uno por motivos insondables.

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