martes, 22 de abril de 2014

'Los tiernos lamentos', de Yoko Ogawa. Melibro


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Ruriko huye de Tokio y de su precaria situación matrimonial para refugiarse en una antigua casa familiar rodeada de bosque y silencio. Allí entablará una particular relación con Nitta, un expianista y fabricante de clavecines y la joven Kaoru, su ayudante y pupila.
La vida transcurre sin sobresaltos en un ambiente cargado de paz que permite a Ruriko llevar a cabo su labor profesional como calígrafa, al tiempo que aumenta la frecuencia de sus visitas a la casa donde trabajan y conviven Nitta y Kaoru.
La calígrafa comenzará a sentirse atraída por el artesano de los clavecines y tratará de imponerse a la especial relación que este mantiene con su alumna. Un vínculo que va más allá de lo carnal, un entendimiento mutuo cargado de sutilezas y matices que Ruriko podrá observar desde fuera, pero en el que no podrá entrar. Porque el lazo que une a ambos es tan delicado como la música de los clavecines, un sonido que es la esencia misma del pequeño universo que habitan, en el que solo ellos conocen los secretos que el otro esconde. ¿Por qué Nitta no es capaz de tocar delante de nadie que no sea Kaoru?
Las estaciones se suceden y Ruriko parece haber recuperado la calma en la vieja casa, pero los refugios son siempre lugares donde estamos de manera provisional y nuestra protagonista deberá abandonar el chalé y enfrentarse a los retos que le plantea su nueva vida en Tokio. En el bosque, seguirá escuchándose el bello sonido de los clavecines.
Con Los tiernos lamentos, volvemos a disfrutar de la prosa de Ogawa. La escritora japonesa que, como siempre recordamos, nos conquistó con La fórmula preferida del profesor (que ha sido recientemente traducida al catalán) vuelve a ofrecernos un universo íntimo y sutil, donde las palabras tienen tanto peso como los silencios. Un ejemplo más de la capacidad de la autora para recrear las atmósferas que generan las relaciones complejas y misteriosas entre los seres humanos.

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