martes, 1 de octubre de 2013

Cartas de amor, de Pessoa, en Análisis Digital


Cartas de amor, de Fernando Pessoa[1]
Aunque la referencia sea del cine, no me resisto a citar una de las últimas referencias de Una mente maravillosa, dirigida por Ron Howard e interpretada magistralmente, según mi modesta opinión –las hay para todos los gustos- por Russell Crowe, no es literal, pero en ella, el protagonista, un eminente matemático dice al recibir el Premio Nobel, no he visto en mi vida ecuaciones más difíciles que las del amor, insisto en que la cita no es literal.
En definitiva, este exordio -o parte inicial de un discurso- tiene la finalidad de poner en valor el libro que hoy recomendamos Cartas de amor, de Fernando Pessoa –Editorial Funambulista- ya que sorprenderá a nuestros lectores el tono infantil y juguetón de dichas misivas que posiblemente esperen pasión, romanticismo y erudición.
Para desentrañar la difícil ecuación de los sentimientos amorosos de Pessoa no hay mejor guía que la propuesta en el postfacio, esta vez sí, he hecho caso y lo he leído al final, escrito por Isabel Lacruz. Se nos aclaran aquí múltiples cuestiones relativas al único amor conocido de Fernando Pessoa. La primera que se nos aclara es que su propia familia desconocía esta relación durante la vida del poeta.
También es muy interesante la aportación de un estudio psiquiátrico de la personalidad del autor sacado a la luz en esta edición según el cual hay aspectos muy importantes en lo relativo al amor imposible entre Ophélia Queiroz y el propio Fernando Pessoa. Aspectos que están presentes en las cartas y de los que tanto ella como él serían conscientes. Por ejemplo, la prioridad absoluta que el autor dio a su obra frente a todo lo demás o los problemas del autor con la bebida que acabarían causándole la muerte, otro, que se antoja decisivo es el que se refiere al escaso dinero del que disponía el poeta al trabajar dos días a la semana, derivado este problema del primero y más importante, el de dar prioridad absoluta a su labor literaria.
Sorprende que Ophélia Queiroz estuviera dispuesta a transigir con todo esto a la hora de casarse con Pessoa y que, pasados los años, confesara que pese al respeto que le profesaba a quien a la postre fuera su marido, el gran amor de su vida fue el de Pessoa, un amor lleno de idas y venidas, de reproches, de resfriados provocados por la espera de una amada, o de un amado, que nunca llegaban a tiempo y que al final nunca terminaría en matrimonio.

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