lunes, 29 de agosto de 2011

Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible en El placer de la lectura


Esta breve novela es una deliciosa obra epistolar: consiste en una serie de cartas –cuarenta y seis- en las que una dama abre su corazón al lector durante veinticuatro horas, en las cuales asistimos al desarrollo de una pasión febril. A través de cada carta vamos descubriendo –in crescendo- el origen de los hechos que han motivado tal pasión, aunque por el momento sólo conocemos su versión, y más adelante, la de un ferviente admirador, que, queriendo ser de ayuda, acaba por echar más leña al fuego. El broche final lo pone la versión, también por carta, del amante de la dama, desembocando todo en un final que recompone el caos pasional con el orden y la lógica de la razón.

Constance Theis de Salm, (Nantes, 1767-1845) poetisa y escritora francesa, hija del conde de Nantes, alto funcionario que le proporcionó un ambiente cultural inmejorable después princesa por matrimonio, en 1802 con el príncipe Joseph de Salm-Reifferscheidt-Dyck, -un aristócrata que goza de las simpatías de Bonaparte- tras su divorcio del cirujano Jean-Baptiste Pipelet de Leury, su primer marido, con el que se había casado en 1789 y del que tuvo a su única hija, Agathe. Alternó sus estancias entre el castillo de Renania y París, donde mantuvo un Salón Literario, al que asistían, entre otros, Lafayette, A. Dumas y Alexandre von Humboldt.

Menos conocida que Madame de Staël, pero en una línea semejante,Madame de Salm publica poemas en revistas literarias como el Almanach des Muses, es la primera mujer admitida en el Lycée des Arts, y podría encarnar perfectamente la Corinne de la Staël. Como Laura Freixas destaca en el postfacio, esta novela se inscribe en la tradición comenzada con La princesa de Clèves (1678) de Mme. de Lafayette, tradición en la que destacan otras famosas obras epistolares y en el que la pasión amorosa y los celos son tema principal, como las Cartas (1734-7) de Mme de Sevigné, o Las amistades peligrosas (1872) de Ch. Laclos, Asimismo, la obra de
Madame de Salm puede verse culminada, -según Freixas- en el mismísimo Proust, concretamente en Albertine desaparecida. LEER MÁS

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