martes, 30 de agosto de 2011

"La niña que iba en hipopótamo a la escuela" en Aceprensa de agosto



Después de la muerte de su padre, como su madre ha de ausentarse, Tomoko, de doce años, va a vivir con unos tíos a los que no conoce. Cuando llega, todo le sorprende: los escenarios y las personas. Le fascinan la enorme casa con aire occidental, pues su tía-abuela es alemana, y el jardín, que fue un pequeño zoo en el que todavía vive Pochiko, una hembra de hipopótamo enano que trajo su tío-abuelo de Liberia.
Sobre todo, entabla una relación muy estrecha con su lista prima Mina, más pequeña que ella, asmática, por lo que suele ir al colegio a lomos de Pochiko; y queda fascinada por su tío, un hombre muy atractivo y amable, pero que, sorprendentemente, a veces desaparece de casa durante varios días.
La misma Tomoko cuenta la historia, pero cuando han pasado ya varias décadas. La narración desprende buen humor, una cordial ironía y una fuerte nostalgia. Los personajes resultan amables y las situaciones más curiosas acaban pareciendo normales. El lector queda enganchado por algunos enigmas que, poco a poco, van aclarándose.
Esta novela no tiene tanto encanto como otra de la misma autora japonesa, La fórmula preferida del profesor (ver Aceprensa, 29-10-2008), tal vez porque ya no sorprende de igual modo al lector; pero también desborda originalidad y calidez. Ciertamente, con otros criterios novelísticos se podría de cir que sobran páginas, como las de algunas historias que Mina inventa tomando pie de las cajas de cerillas que colecciona, o las que contienen descripciones de voleibol –tan precisas y tan poéticas que suenan impropias– cuando las chicas se entusiasman con que Japón gane la medalla de oro de voleibol en los Juegos Olímpicos de Munich.
En cualquier caso, ni eso ni alguna exageración lírica preocupará mucho al lector enganchado por una narración tan bu na y unos personajes tan atractivos.
Luis Daniel González.

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