lunes, 14 de marzo de 2016

Artículo en La Razón sobre la biografía de Strindberg escrita por Jordi Guinart

El misterio detrás de la locura de Strindberg
August Strinberg fue un hombre tan complejo como brillante, aquí según la visión de Edward Munch
No hay nada más sencillo que catalogar todo lo que no se comprende del comportamiento de un hombre como locura. «¡Bah, está loco!», se exclama, y con estas pocas palabras parece que se explique todo. El caso de August Strindberg, uno de los padres del teatro moderno, autor de «La señorita Julia», es un caso paradigmático. No hay editado en español ninguna de sus obras sin que en la biología de la solapa se destaque su carácter turbulento, sus brotes psicóticos o su locura manifiesta. ¿Pero estaba loco, es así de sencillo? Por supuesto que no, su carácter tenía millones de ramificaciones, y sólo la banalidad y la pereza le ha convertido, para los ojos del mundo, en un alucinado.
En «Strindberg. Desde el Infierno», (Funambulista), la primera biografía en español del genio sueco, se descarta desde el principio esta visión simplificadora y se adentra en la psicología de uno de los personajes más fascinantes del brillante salto del siglo XIX al XX. Romper los tópicos no es sencillo, se requiere mucha documentación, dedicación y talento, algo que destaca en un libro que podría describirse como la biografía psicológica de un genio. «Karl Jaspers, en “Genio artístico y locura”, ejemplifica el trastorno de Strindberg a partir de fragmentos de sus obras autobiográficas como “Inferno”. Sin embargo, en todas las obras de Strinberg, no busca describir su biografía, sino traducir de forma impúdica sus impulsos y su imaginación. Hay tanto o más inventado que real, y por eso es un error tomarlo al pie del a letra», comenta Guinart.
Porque la base del libro es la comparativa constante entre su obra, sus cartas, los testimonios de la época, y la documentación recogida en periódicos coetáneos, para descifrar qué hay de verdad en la imagen que Strinberg quería dar de sí mismo y cuánto había de construcción de un personaje, que si pensamos que el genio sueco es uno de los dramaturgos más esenciales del teatro moderno, no parece descabellado pensar que su creación de personajes empezase en sí mismo. «Por supuesto tuvo crisis psicóticas, pero siempre duraron muy poco y en su mayoría estaban mal diagnosticadas. Hoy en día caerían en el terreno de la depresión, y que por algo así se categorice como loco es del todo injusto», dice Guinart.

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