jueves, 12 de noviembre de 2015

Sobre El hombre-pluma

Gustave Flaubert, distancia de escritura

El hombre-pluma
El escritor utiliza todos los medios a su disposición siendo absoluta la traición que sufre: el lenguaje le acerca las cosas sustrayéndoles previamente su ser. Por lo tanto, es difícil rebatir que quien escribe dispone del no-ser de las cosas o de aquello que no-es. La palabra escrita distancia infinitamente su referencia, la suplanta. En un diálogo, coyuntura comunicativa (acto de habla), la distancia se establece entre los interlocutores que se dirigen la palabra. La distancia acontece infranqueable si se dialoga por escrito. Entonces transcurre con la lentitud y frondosidad de una correspondencia postal. La destinación de la carta aqueja una distancia. O más bien, una ausencia. No se escribe en presencia de la persona a la que se (le) dirige la palabra. En El hombre-pluma (Selección de cartas a Louise Colet) de Flaubert es emblemática la distancia de escritura. Dice Flaubert a Colet en la carta nº14 de las diecisiete de que consta la selección: “Si nuestros cuerpos están lejos, nuestras almas se tocan”. Entendida así, la distancia une. En las cartas, la distancia (potencia que impide a las cosas ser) es el contenido de las palabras. Flaubert, durante diez años (1846-1856), se mantiene unido a la ausencia de Colet en Croisset, desde donde envía las cartas que eximen a ella de su ser. Flaubert quería escribir y sabía que la distancia funda la escritura. En la carta nº3 dice: “Soy un hombre-pluma. Siento por ella, a causa de ella, con relación a ella”. Es el escritor absoluto. La literatura absorbe su vida. La distancia de escritura aúna la literatura y una vida afectada por la sustracción del ser que instiga el lenguaje. Para no arriesgar la deseada distancia, Flaubert abandona París y la bohemia. Hay que saber separarse. Dedica todo su tiempo a escribir. Es desatinado considerarle un autor de escritura lenta. Se centró en buscar la métrica de la prosa, por ello su obra, sorprende decirlo, contradice todo realismo. Dicha búsqueda fue su experiencia más profunda de la distancia de escritura. Aconseja Flaubert: “medita antes de escribir y pégate a la palabra. El talento de escribir no consiste, después de todo, nada más que en la elección de las palabras” (carta nº6). Sus novelas son el resultado de días de corrección: “Llevo siete u ocho días con estas correcciones, tengo los nervios destrozados. Voy deprisa y habría que hacerlo despacio.

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