martes, 24 de noviembre de 2015

Aventuras y desventuras en Bruselas


Lo primero que verán cuando sostengan el libro de Francisco Sosa Wagner Memorias europeas será un paisaje como de pintura clásica renacentista, con una torre de agujas posiblemente góticas, que respalda a un caballero correctamente vestido, con coqueta pajarita, auriculares de conferenciante y un folio en una mano y un estupendo pepino en la otra. Y con esto tienen un resumen visual de lo que les espera dentro. Efectivamente, Francisco Sosa Wagner y su circunstancia es lo que ven en la portada: un intelectual profunda y convencidamente europeo, de afianzadas raíces en la mejor cultura humanista, con una personalidad un punto excéntrica, tan capaz de blandir una hortaliza para reivindicar un agravio nacional como un folio lleno de datos demoledores.
Nacido en Alhucemas, en el Marruecos español, en 1946, vivió sucesivamente en Melilla y luego en Valencia, donde se doctoró en Derecho, para desplazarse más tarde a Madrid, Bilbao y Oviedo ya por motivos profesionales. Desde 1980 es catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de León y ha ostentado diversos cargos en organismos públicos de forma circunstancial que en nada le hacían prever que acabaría siendo cabeza de lista en las elecciones europeas del 2009 por Unión, Progreso y Democracia. Su fecundidad en la literatura jurídica es ampliamente conocida, así como la biográfica, la ensayística, e incluso en el ámbito novelístico: como narrador ha obtenido, por ejemplo, el premio Miguel Delibes. Y además de todo este trajín ha conseguido ser un colaborador habitual de la prensa escrita, donde publica numerosos artículos y mantiene alguna que otra columna.
Como vemos, el autor tiene un prestigio indiscutido y por ello se permite expresarse, en palabras de su prologuista, la periodista Victoria Prego, «con un candor sin menoscabo de su autoridad». Candor que sólo engañaría a un bobo, porque estas memorias no tienen nada parecido a la candidez y sí de descarada incorrección política. Y éste es su mérito principal: estamos ante alguien que nos va a hablar sin tapujos y con un sentido del humor a prueba de bombas, lo que hará que sus Memorias europeas sean cualquier cosa menos el típico tocho árido lleno de personajes sin chispa, de discursos arcanos o relatos de burocracias insufribles. Sosa Wagner conseguirá que las 768 páginas de su vida en Bruselas fluyan ligeras, interesantes, intrigantes y, sobre todo, muy divertidas.
Del mismo modo que Nigel Barley, en su libro El antropólogo inocente, desveló la verdadera tramoya de un trabajo de campo, la irreverencia culta y documentada de Sosa nos introducirá en una aventura que empezó con la llamada de Rosa Díez cuando, según él, ejercía «de forma pacífica su oficio de catedrático», continuó con una vorágine de actos y presentaciones cuya «primera actuación» fue en el Teatro Circo Price de Madrid (lugar en que el autor admite no recordar qué «tonterías» dijo, pero sí que invocó a su admirado Ramón Gómez de la Serna, que había dado allí una conferencia a lomos de un elefante) , le llevó a asentar «su trasero» en un escaño «ganado a golpe de mítines, declaraciones y viajes» y culminó, por desgracia, con el abandono de su escaño tras una segunda candidatura por graves discrepancias con la dirección del partido.

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