lunes, 18 de noviembre de 2013

Reseña sobre "La confesión de Claude", la primera novela de Émile Zola


La confesión de Claude, de Émile ZolaNuestros lectores encontrarán en la obra que hoy recomendamos tres momentos literarios distintos que confluyen en una obra de transición. Por un lado, el Romanticismo que, poco a poco, se va superando con la entrada del Realismo naturalista; por otro, el propio Realismo del que Zola será un exponente destacado; por último, como bien apunta Sergio Torremocha en su postfacio, encontramos latente aquí el Decadentismo posterior al Realismo, con sus correspondientes ramificaciones en el Simbolismo y Parnasianismo. Torremocha cita a Charles Baudelaire, pero también se me ocurren nombres como Joris-Karl Huysmans o Isidore Lucien Ducasse -Conde de Lautréamont- por poner dos ejemplos más. Todos ellos, escritores que retratan la juventud con mayor o menor frivolidad y apasionamiento.
Si tomamos la novela como objeto de entretenimiento, y no de estudio, tendremos la ocasión de presenciar un aviso referente al error de enamorarse apasionadamente de quien no se debe.
Y es que, en La confesión de Claude, de Émile Zola –Editorial Funambulista- encontraremos todos los errores propios de la inexperiencia que, en mayor o menor medida, hemos cometido todos.
Son errores narrados y vividos ya que se trata de la primera novela del escritor francés, y aunque Sergio Torremocha menciona errores de principiante en la redacción, que los hay, ya quisiéramos más de uno escribir una “Opera Prima” como esta. El argumento nos presenta a un muchacho que emigra del campo a París, una ciudad idealizada que pronto mostrará todos sus inconvenientes. Pobreza, frío, suciedad, hambre.
El único consuelo en ese contexto es la aparición de una prostituta de la que el protagonista -Claude- se enamorará perdida e irresponsablemente, ya que estos amores le conducirán a la más absoluta demencia y al sufrimiento. Para completar este universo mencionaremos a otra pareja vecina en la que es el amigo de Claude quien ejerce el rol déspota, y ella, Marie -su correspondiente “chica del río”- la víctima sufridora.
Cerrando el grupo encontramos a una alcahueta llamada Pâquerette que enreda a su antojo a unos y otros, sacando, como siempre que aparece un personaje así, buen beneficio de todos sus servicios. Se trata de una novela epistolar, escrita desde la experiencia personal que nos hace ver que la fama, en algunos casos, viene precedida de sacrificios y sufrimientos.

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