lunes, 10 de junio de 2013

"La emigración de los jóvenes es una hemorragia dañina" (Heraldo de Aragón)

Félix Teira (Belchite, 1954), uno de los escritores aragoneses más sólidos, acaba de publicar una novela coral sobre las dificultades de los jóvenes y su difícil relación con los padres: ‘Hijos y padres’ (Funambulista).

¿En qué consiste para usted ser novelista? ¿Por qué escribe? 
Ah, la pregunta temida… Todos escritores tenemos una respuesta memorizada, que no acabamos de creernos, para salir del paso. ¿Por qué escribimos? Quizá en la adolescencia, el origen de todas las quimeras, era una manera de explicarte la vida que te desbordaba; con el brío chulesco de la juventud la literatura parecía un arma para transformar la sociedad; ahora, cuando sabes que no vas a entender la vida ni a transformar la sociedad, se convierte en una forma de estar. Casi de ser…

¿Qué relación mantiene con la realidad? Parece que siempre estás ahí al pie del cañón, desvelado contra la extrema derecha de Le Pen en ‘La ciudad libre’, con la barbarie de Yugoslavia en ‘La violencia de las violetas’...
Lo de “testigo de su tiempo” queda pretencioso, pero es cierto que la realidad me ha impuesto temáticas que nunca había pensado. Novelista o no, ¿quién queda al margen de una circunstancia que zarandea su sociedad? La ferocidad de la guerra de Yugoslavia, en la “civilizada Europa”, con un nivel de vida similar al nuestro, repetía lo peor de la especie: el odio al vecino, al diferente, al otro.

Ahora también se postula contra la crisis. ¿Qué le duele exactamente?
Lo que más duele es que sea una crisis estúpida porque no obedece a una quiebra tecnológica sino a un capitalismo especulativo, ése que no crea riqueza sino que la engulle. Ahora mismo los peor parados son las clases bajas y emigrantes, pero también afecta a las clases medias, que son la columna vertebral de la democracia.

¿Con qué estado de ánimo escribe?
El cabreo, opuesto a la indiferencia, es bueno como motor de arranque. Te cabreas cuando lo que ocurre te importa. Desearía escribir desde la lucidez, claro, ¿pero quién tiene ese don?

Vayamos explícitamente con su novela. ¿Qué quería contar del vínculo entre hijos y padres?
Los personajes están en torno a los diecisiete años, probablemente la edad más crítica, pues ya se ha afirmado una parte de su personalidad y cuestionan todo, especialmente el modelo inmediato, que es el de los padres. Eran los portavoces idóneos para narrar estos tiempos confusos.

LEER EN EL HERALDO DE ARAGÓN

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