miércoles, 16 de noviembre de 2011

"El sexo impreso", artículo de Silvia Cruz sobre el "Diario secreto" de Alexander Pushkin

Alexander Pushkin retratado por Vasily Tropinin en 1830.
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La editorial Funambulista ha publicado el Diario secreto 1836-1837 de Alexander Pushkin, que vio la luz por primera vez en 1986. Este libro, que acumula anécdotas y mucha leyenda, es todavía objeto de agrios enfrentamientos entre quienes creen que se le atribuye a Pushkin para ofender al héroe de las letras rusas y quienes consideran que es una obra fundamental para entender su vida, su obra y el carácter ruso en su conjunto. El libro empieza con una nota del editor que dice lo siguiente :
  “El manuscrito del Diario secreto de Alexander Pushkin es una obra de culto cuya paternidad, atribuida al gran poeta ruso, sigue siendo objeto de controversia, como se verá en el prefacio.
Con todo, nos ha parecido interesante publicarlo en español pues si el manuscrito fuera de Pushkin, aportaría unos matices nada desdeñables a la vida y a la obra del gran autor ruso.”
Independientemente de quien sea el autor, este libro es interesante porque plantea algunas cuestiones fundamentales que trascienden a los escritores. Me explico.
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Un libro que levanta ampollas
¿Es tan escandaloso el contenido de este libro? Si usted es un lector que vive en un país donde existe cierta libertad de expresión, la respuesta es no. Es un libro donde se explican toda suerte de hazañas sexuales con pelos y señales. En el que se narran escenas de alcoba matrimonial sin ningún reparo, sin adornos ni cursilerías.
Pero si usted hace el ejercicio de situarse o simplemente vive en un lugar en el que la libertad de expresión se ve reducida a una expresión tan mínima que incluso ese pedacito resulta una farsa, la respuesta es sí. Para los patriotas que ven en Pushkin (todavía) un héroe, el sol que ilumina sus caminos y sus destinos, decirles que este libro le pertenece es una agresión frontal. No pueden entender que su héroe haya participado en una orgía donde el principal objetivo era que cinco señores dieran satisfacción a una dama de la alta sociedad y diga cosas como que sus penes se encontraron al unísono dentro del cuerpo de la bella en cuestión.
La ocultación de las cuestiones sexuales en la literatura no es un fenómeno exclusivo de Rusia. Un libro del escritor Dawn B. Save titulado Banned Books: Literature Suppressed on Sexual Grounds, deja claro que Estados Unidos, que siempre ha hecho bandera de su Bill of Rights, tiene un largo historial (Henry James, Joseph Conrad, Nathaniel Hawthorne y algunas decenas más de ilustres escritores) en eso de llevar a los tribunales a autores que se han atrevido a hablar de tetas, penes y coitos o simplemente insinuarlos en sus libros. Hay más casos conocidos del rechazo o la ocultación de escenas sexuales en obras de grandes literatos, como si ser escritor y ser un marrano en la cama fuera algo inconcebible. El empeño por convertir a los escritores en modelos de conducta ha sido un error histórico que ha dado anécdotas de todo tipo. En España, por ejemplo nos escamotearon durante años algunos fragmentos de los Epigramas venecianos de Goethe en los que confesaba sin ambages su afición por las putas, el vino y los coños, eliminando de un plumazo el verso en el que se incluyeran palabras como las citadas. (1) Y así podríamos irnos hasta Aristófanes y mucho más atrás.
Sin embargo, aunque Rusia no tiene la exclusividad en eso de prohibir, ocultar o censurar lo que tiene que ver con el sexo, sí es cierto que por sus circunstancias históricas, no ha habido en sus dominios ni un momento de respiro para el sexo impreso. Olga Vozdvizhenskaya, autora del prefacio de la versión bilingüe ruso-inglés de este diario añade una información muy valiosa al texto que nos ocupa:
“No fue el Gobierno soviético el que prohibió la discusión pública, hablada o escrita, sobre cuestiones íntimas, incluida la sensualidad y la satisfacción carnal. Por desgracia, Rusia adoptó la cristiandad en su forma bizantina, que animaba a la mortificación de la carne (durante La Cuaresma se prohibía incluso el “sexo legal”, es decir, el que practican los matrimonios). Esta dimensión de la vida humana quedó reducida, en el mejor de los casos, a “un apaciguamiento de los demonios” y en el peor, a la “fornicación”. Por ese motivo, la literatura no ha prestado atención a la necesidad humana de sexo, considerándolo algo bajo, vergonzoso e indigno.”LEER MÁS

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