martes, 8 de noviembre de 2011

Diario secreto 1836-1837 - Alexander Pushkin en El placer de la lectura


Magnífica traducción y cuidada presentación editorial, que incluye ilustraciones del propio Pushkin, es la obra presente. Reflexiones sobre el amor, la pasión, las relaciones con las mujeres -incluida su esposa-, así como su visión general de la vida, siempre a través del cristal del sexo, son el tema del Diario Secreto. Escrito para no ser publicado hasta mucho después de su muerte, en sus páginas Pushkin se siente absolutamente libre y no pone freno a sus palabras. Abre su alma y su cuerpo al lector: desde crudas confesiones sobre su irrefrenable necesidad física de las mujeres, hasta detalladas descripciones del acto carnal que hubieran hecho sonrojar al propio Casanova, que era mucho más sugerente que explícito –quizás porque sus memorias sí estaban destinadas a publicarse en vida. Así como Tolstoi, en cuyos diarios de juventud plasma una vida turbulenta, se siente culpable ante su propio desenfreno, Pushkin, por el contrario, no sólo no se siente tal, sino que justifica su inevitable necesidad de sexo como una peculiaridad personal, alardeando de ello. Lo necesita, lo busca, lo desea: no puede evitarlo.
Unicamente le preocupa el honor, -tema recurrente en su obra, por otra parte- es decir, el honor de su matrimonio: su esposa debe serle fiel, al menos en público. De ahí que llevase adelante el duelo fatal. D’Anthés, casado unas semanas antes con su cuñada Ekaterina, le provoca constantemente tratando de seducir a su esposa, y ésta le alienta con un coqueteo constante pero sin rendirse. Natalia parecía ser una mujer de pocas luces, aunque de una belleza esplendorosa. Y jugaba sus cartas: casó con Pushkin sin amor, para escapar de una familia problemática. Y se encontró con que el escritor era un sátiro, un hipersexual que no podía vivir sin practicar el sexo constantemente y con mujeres diferentes. Acabó acostumbrándose, pero usó la baza de los celos y la coquetería, en parte como venganza, en parte porque tampoco le amaba realmente. De hecho, le dio plena libertad para encelarse con sus hermanas, así como con prostitutas. Y Pushkin no necesitó más: las poseyó a todas.
Alexandr Sergeievich Pushkin (Moscú, 1799-San Petersburgo, 1837) poeta, dramaturgo y novelista, considerado como el padre de la moderna literatura rusa; nació en el seno de una familia noble, aunque por parte de madre descendía de un príncipe abisinio, esclavizado por los otomanos y llevado posteriormente a Rusia. Estas gotas de exotismo de algún modo se advertían en sus rasgos que él consideraba poco agraciados, y quizás aumentaron el ardor de su carácter apasionado. Pushkin fue un genio, un torbellino tanto en vida y en muerte, ya que murió a los 38 años, tras recibir un balazo en un duelo por salvaguardar su honor y la libertad de su modo de vida. Envidiado y odiado por muchos, ya que desde muy pronto destacó su producción literaria, poética, dramática y prosística, tuvo que soportar exilio, en Odessa y el Caúcaso, como un héroe romántico, ya que la sociedad no le deseaba en ella.
En 1831 se casa, casi por convención, con Natalia Goncharova, dama bellísima, no muy apasionada, pero generadora de pasiones, incluido el propio Zar, que la había sentado -apenas una niña- sobre sus rodillas y gracias a una oportuna intervención se quedó sin consumar lo que podría haber acabado con su virtud. Pero la coquetería de Natalia –quizás cansada de las constantes infidelidades de su marido, finalmente le lleva al duelo con un dandi francés que pone fin a su vida.

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