lunes, 7 de noviembre de 2011

"Berlín como palimpsesto" por Mercedes Cebrián

Que el carismático Berlín contemporáneo aparezca como telón de fondo de una novela siempre resulta sugerente, pero más aún cuando la presencia de la ciudad es tan intensa que permite al lector conocer sus múltiples facetas como si se tratase de un personaje más de la narración. En efecto, hay muchos berlines y prácticamente todos se dejan ver en ‘El libro de las nubes', el debut narrativo de la escritora mexicana de habla inglesa Chloe Aridjis. Aparece el Berlín que tantos españoles transitan cuando deciden irse de puente a la capital alemana, aquel cuyos iconos son el skyline de la hipermoderna Postdamer Platz y las fiestas en edificios que en su día cumplieron funciones poco gratas; pero también un Berlín no menos importante y que solo conoce quien permanece en él durante varios inviernos: el que se mete discretamente entre los huesos de sus habitantes, como le ocurre a Tatiana, la protagonista y narradora de esta historia cuya misión principal es hacer hablar a esas voces que viven dentro de nosotros y que solo escucharemos cuando acallemos el rumor continuo procedente del exterior.
Tatiana, además de percibir con nitidez los ruidos que emanan de su piso de Prenzlauer Berg, presta atención a los de su propia vida de ermitaña en prácticas, y al atreverse a caminar del brazo de su soledad, consigue escuchar las historias que el Berlín del pasado esconde entre sus muchas capas. Pero tan sola no está en su tarea: la ayudan Jonas, un peculiar meteorólogo de muy buen ver, y el profesor Weiss, su jefe en un trabajo tan peculiar como solitario: transcribir viejas cintas con teorías sobre la ciudad tan sorprendentes como poéticas, que nos permiten asistir a la respiración de un Berlín cuyas dos mitades son, para la aguda y lírica mirada de Tatiana, “un par de pulmones humanos, el uno rosado y sano, y el otro teñido de gris, como el de un fumador habitual, tratando de respirar al alimón”.

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