jueves, 22 de marzo de 2018

"Luz brillante" en el blog El Peso del Aire

La editorial Funambulista es conocido por haber publicado casi toda la obra de una de las autoras más importantes de la literatura japonesa: Yoko Ogawa. Obras como El museo del silencio, Hotel Iris, Bailando con elefante y gatoLa fórmula preferida del profesor caracterizan el catálogo de Funambulista, por ello celebramos que una autora tan conocida en Japón como Kaori Ekuni se una a la lista. Luz brillante (きらきらひかる) está publicado bajo la colección de LiteraDura, con autoras como la ya mencionada Yoko Ogawa. Ekuni vive en Tokio y es una de las escritoras japonesas en activo más celebradas, ha ganado diversos premios como el Premio Femina, el Premio Kawabata, el Premio Tanizaki o el prestigioso Premio Murasaki Shikibu por Luz brillante.
En esta novela protagonizada por Shoko y Mutsuki se cuestiona un término universal que además solemos ver a menudo en obras japonesas (en mi caso lo he leído en algunas de mis recientes lecturas, como en Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta, o en Lagartija, de Banana Yoshimoto) como es la definición de “normalidad” en una sociedad tan anclada en tradiciones y esquemas sociales y culturales. Los dos personajes principales son pareja, ella es traductora y él es doctor, y aparentemente (y aunque esto suene a tópico, me ha recordado a esas parejas adultas de las novelas de Haruki Murakami) viven una vida normal y sana de pareja. La autora, a través de los relatos de los personajes, va deconstruyendo esta relación y arranca capa a capa el escudo superficial de los personajes para que comencemos a conocer la verdad que se encierra dentro de todo ser humano. ¿Es un matrimonio de conveniencia? ¿Por qué? Al poco de comenzar la novela descubrimos que Mutsuki es homosexual y que, de hecho, tiene un amante llamado Kon. Le llamo amante pero es su pareja real. Por otro lado Shoko sufre de una depresión brutal que la ha lanzado al alcoholismo más destructivo. Por ello entre ambos parece que han establecido este acuerdo para, a ojos de una sociedad demoledora, aparentar la normalidad social que necesitan para sobrevivir. Pero el peso que esto carga sobre cada uno deja huella, cicatrices y es difícil de sobrellevar.

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