jueves, 27 de agosto de 2015

León y Europa (memorias europeas en Libertad digital)


El otro día visité León. Ciudad bellísima. Limpia. Debía una visita a mis amigos Mercedes y Paco. Nada más apearme del coche me tropiezo, en la calle Ancha, casi enfrente de la Casa de Gaudí, con Millán Salcedo, el de Martes y Treces, nos saludamos, intercambiamos unas cuantas frases y nos despedimos con "adiós, paisano" (él nació en Brazatortas, el pueblo donde parieron a Antonio Gala, en los inicios del valle más grande de Europa, y yo en Puertollano, un pueblo muy cercano al de Millán, rodeado de minas, centrales térmicas y refinerías de petróleo). Prosigo mi paseo hasta la catedral. Veo pocos turistas por la calle. La temperatura es fresca. El aire que se respira no tiene precio para los que venimos de Madrid. El tiempo es delicioso para pasear. Me recogen mis anfitriones en San Marcos y me invitan a comer en su castillo. Me abren su casa de par en par. Es sencilla y decorada con mucho gusto. Elegante. Casa clásica española, o sea, abierta, como sus moradores, a otras humanidades. Prima el orden por todas partes, incluido el jardín. Me gusta la biblioteca en la que sobresale la literatura taurina en la entrada principal y el sótano. Comemos en la terraza de la casa. La vista es maravillosa. La naturaleza no asusta sino que invita al sosiego. Como diría un cursi, esta terraza es una grandiosa sala de cine para ver un paisaje, o mejor, el paisaje de mis amigos. El paisaje en el que vivimos, como decía el filósofo del Manzanares, nos dice lo que somos: "Dime el paisaje en que vives y te diré quién eres".
Mercedes y Paco ven, viven, en realidad, disfrutan de uno de los paisajes más bellos de León. Desde allí todo es holgado, ancho, en fin, grandioso, pero sin apabullar. Desde allí, desde ese mirador particular, es imposible no tener una actitud afirmativa ante la vida. Desde allí, sí, uno está tentado a repetir las palabras de San Francisco de Asís: "Yo necesito poco, y ese poco lo necesito muy poco". Imagino que este fue el lugar donde Francisco Sosa Wagner tomó la determinación de abandonar su escaño del Parlamento Europeo y, de paso, darle puerta a todos los maquiavelos de salón de UPyD, especialmente a Rosa Díez. También en este lugar se ha escrito uno de los libros más interesantes y cultos para entender qué es hoy la Unión Europea: Memorias europeas (Editorial Funambulista). Ya habrá ocasión de hablar largo y tendido de este libro, pero creo que se convertirá en una obra de referencia para saber qué es un político, o mejor, cuáles son los límites y posibilidades de un político en la jaula de hierro de la Unión Europea. Los retratos de algunos políticos españoles que ha escrito aquí Sosa Wagner son antológicos, pero, de momento, quédense con esta escena coral:
De los populares me sorprende que no se sientan notificados por los escándalos que protagoniza su partido, con entrada de la policía para el registro de su sede y permanencia en ella durante nueve horas, con el contable en la cárcel, con las pruebas abrumadoras de financiación ilegal durante años, etc.; al parecer, nada de esto es relevante, pienso en Ortega y en su artículo sobre la vieja y nueva política, que debió escribir hace justamente un siglo, y compruebo que poco ha cambiado el panorama si lo vemos desde la perspectiva del comportamiento de estos dinosaurios que son corchos de la política y de la vida porque siempre flotan.
Las Memorias europeas de Sosa Wagner están llenas de textos tan políticamente incorrectos como el citado.

LEER MÁS

No hay comentarios: