lunes, 31 de agosto de 2015

"Ese amor caliente, suave y animal" (artículo de Rosa Montero en El País con referencia a "No hay dos iguales", de Judith Rich Harris)

De vacaciones en el extranjero, veo en televisión una serie de canales especializados en programas de reality. Algunos son bastante curiosos y están a medio camino del reportaje y del voyeurismo. La vida interesa. La vida de los otros nos interesa muchísimo, quizá como espejo para entender la nuestra. En el fascinante ensayo sobre la identidad No hay dos iguales, de Judith Rich Harris (Ed. Funambulista), la autora sostiene que, durante la evolución de nuestra especie, nos ha sido de suma utilidad conocer las motivaciones de los individuos, para así poder inferir si podíamos confiar en ellos o no, aparearnos o no, colaborar con ellos o temerlos. Y así, Harris propone convincentemente la teoría de que nuestro cerebro está equipado con un mecanismo especial para recoger información sobre las otras personas, como eficaz estrategia para el triunfo genético. Nuestra curiosidad incansable por el vecino provendría de ahí. El cotilleo como herramienta evolucionista.
Volviendo a los canales de reality, resulta interesante comprobar que esta temporada todos parecen cultivar el mismo filón: el de la necesidad (y la dificultad) de amar. Un programa se llama The Undateables (los no ligables), y trata de los problemas de relación de gente situada en los extremos sociales por alguna razón física o psíquica: un chico muy feo (verdaderamente feo, deforme), un autista, una discapacitada mental, un muchacho con síndrome de Tourette, que le hace soltar palabras obscenas a gritos sin poder evitarlo… Si los protagonistas de esta serie son obviamente diferentes a la mayoría, en un programa de otra cadena se habla de los que, pareciendo exactamente iguales a los demás, ocultan, sin embargo, un secreto que les avergüenza y les impide establecer relaciones íntimas. Por ejemplo, una muchacha muy atractiva, pero alopécica, totalmente calva y sin pestañas ni cejas; aunque pintada y con peluca resulta espectacular, no se atreve a mostrar su verdadero yo. O una mujer joven que padece hiperhidrosis, es decir, exceso de sudoración. En fin, esas mochilas de piedras con que nos carga la vida.


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