lunes, 15 de diciembre de 2014

La Editorial Funambulista cumple 10 años y lo celebra con Fernando Pessoa

Libro del desasosiegoEditorial Funambulista celebra sus primeros diez años de vida con una edición muy especial del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. En un encuentro al que asistieron algunos de sus autores (José Ovejero, Jesús Pardo, Tomás García Yebra…), el director del sello, Max Lacruz, presentó el libro del inolvidable escritor portugués.
Este año se cumple el treinta aniversario de la publicación en España (en Seix Barral –dirigida en aquel entonces por Mario Lacruz–, con organización y traducción de Ángel Crespo) de la primera edición en castellano, que fue la primera traducción a cualquier lengua, del Libro del desasosiego. A partir de esa edición el éxito de la obra fue mundial en innumerables lenguas. Editorial Funambulista, que cumple en este mismo 2014 diez años de andadura, homenajea la efeméride con esta antología personal y traducción de Luis Morales, destinada al lector no iniciado o con prisa, y configurada en un orden original y audaz, casi transgresor, que prescinde de la numeración y disposición habituales para darle la consistencia del diario de una jornada cualquiera en la (no) vida de Bernardo Soares, alter ego de Fernando Pessoa. Prepárense para celebrar el Día Mundial del Desasosiego y salir fortalecidos de la experiencia.
Como recuerda Lacruz en el acto de presentación, coincide el cumpleaños de la editorial con el de la primera edición de la obra del escritor portugués, que hace ahora 30 años, en 1984, fue introducida en España mediante una edición a cargo de Mario Lacruz, padre de Max, que tradujo Ángel Crespo, cuya viuda, Pilar Gómez Bedate, estaba también entre los celebrantes. “Pessoa no era entonces un ‘valor seguro’, pero Ángel sí estaba seguro. Pessoa ya era un valor consolidado en el grupo que Ángel frecuentaba, para los escritores portugueses de entonces, era el indiscutible maestro, y a él le entusiasmaba la idea de difundirlo en España. Tuvo una repercusión enorme”, nos ha dicho.
Subraya Luis Morales, antólogo y traductor de esta nueva propuesta, que ésta es “una antología de fragmentos, no es la totalidad del libro. El criterio de selección ha sido muy personal, avalado por el criterio del editor, a partir de los subrayados que yo tengo en las ediciones que manejo, partiendo de esa consideración de Libro del desasosiego como un diario íntimo de Pessoa, porque creo que nunca ha sido tan él mismo como con el heterónimo de Bernardo Soares. De ahí que el filtro haya sido quedarnos con los textos que tocan directamente al interior de su alma”. Morales entiende su trabajo como una invitación, una manera de atraer “a ese lector más generalista que había oído hablar del Libro del desasosiego, que sabía que tiene cierto volumen, y no se ha atrevido con él”. Admite que esta sobredosis de Pessoa entraña riesgos, y lamenta que al institucionalizarse y convertirse en un producto cultural se registre “un cierto manoseo de su figura. Creo que muy pocas de las personas que se hacen fotos con su estatua en el Chiado saben lo oscuro y lo trágico de muchos de sus versos, de su producción”. Lo cual ‘molesta’, pero no impide: en su opinión, es el gran poeta del siglo XX.
funambulistaUn libro perfecto, pues, para celebrar estos diez años de trayectoria. “10 años después ―echa Lacruz la vista atrás― uno se da cuenta de que en realidad lo podía haber hecho de una manera distinta. Lo que hemos hecho bien es que alguna gente nos ha identificado y nos va siguiendo.” En estos tiempos difíciles, “el no haber desaparecido ya es un mérito”. Admite que, en el mundo editorial, 10 años es nada, “si ahora mismo cerráramos, caeríamos en el olvido en menos de tres años, para dejar huella una editorial necesita varias décadas”. Es Lacruz un editor que vive a caballo entre España y Luxemburgo, una ‘cercana lejanía’ que le aporta una perspectiva peculiar. “Desde allí veo mucha diversidad, lo cual me congratula mucho. Creo que en España se publica mucho y muy bien, cuando voy a una librería española lo que tengo son ganas de dejarlo, pienso que hay tanta gente que lo hace igual o mejor que yo y me digo: ‘para qué seguir’. Y sin embargo, cuando me vuelvo a ir, sigo haciendo mi trabajo…”

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