martes, 28 de octubre de 2014

La historia de Marga Gil Roësset en El Mundo

Inquilina en un amor desaforado


Cuando nace en Las Rozas Margarita Gil Roësset era 1908 y Juan Ramón Jiménez ya destacaba entre los poetas que venían zumbando por las cuatro esquinas del Modernismo. El alumbramiento de aquella muchachita fue complicado. La madre pasó meses con la niña en brazos, como asestándole un aliento extra al escaso aliento con el que había llegado. Los médicos le auguraron una estancia muy corta en esta vida, pero las previsiones fallaron. Marga burló tan malos augurios y comenzó a tirar hacia arriba con una salud para la que no había sido convocada, mostrando ya a los siete años una extraordinaria capacidad para el dibujo.
Hasta aquí todo está en línea con los modales recobrados de una familia feliz. Los padres, acomodados y cultos. Los hermanos, delicados y atentos. Margarita, guapa, distinta, políglota. Una párvula recién salida de sus nubes y con los ojos grises. Pronto empezó a despuntar por el lado del arte, impulsada por el entusiasmo de casa, tan tonificante para quien decide viajar en dirección contraria a las convenciones.
Margarita dibuja, ilustra cuentos. A los 12 años publica sus primeras piezas. Viñetas que acompañan la historia de El niño de oro, un cuento de su hermana. Es 1920. Pero la prometedora Marga va escorándose del lado de la escultura con una vocación notable. A los 15 años está claro: es escultora. Y ante una decisión así la llevan de urgencia al taller del maestro Victorio Macho para que reciba las primeras nociones de volúmenes y los trucos esenciales para desbastar piedras, pero Macho no quiere adulterar con tácticas de manual el sofisticado talento de una damita con ramalazos de genialidad sin amarre.
Todo iba bien. Todo parecía estar del lado de la felicidad. Marga levantaba lascas con el cincel y daba forma a piezas prometedoras. Tiene ya 20 años y remata 'Maternidad' (1929), que es una de sus obras más notables de su primera y corta etapa. Es una chica sensible, atractiva, confeccionada para el éxito. Pero dentro de esa alegría motivada por un oficio de perfección empezaban a asomar algunas vetas de exceso emocional y otros oficios inestables.
Marga Gil Roësset es una mujer de cuello fuerte, de mirada dulce, de brazos bravos. Hermosa con su disfraz de cantera. En 1930 presenta su escultura 'Adán y Eva' al Premio Nacional de Escultura. Calza ya 22 años. En los periódicos aparece su nombre junto a notas de asombro. Marga mueve un esqueleto tierno aún, pero deja ver una mano ya recia movida desde una cabeza gobernada por muchos vientos.

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