lunes, 9 de diciembre de 2013

"El amor imposible", de Barbey d'Aurevilly, en El Placer de la Lectura

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Novela de corte aristocrático, mezcla de romanticismo y de espíritu libertino al modo ilustrado, incluso con algunos toques que nos hacen pensar en lo que Proust escribirá después, en ella toda la trama gira alrededor de un duelo de ingenios: la seductora Bérangère, marquesa de Gesvres, mano a mano con el señor de Maulévrier, siendo la joven condesa de Anglure el arma que se lanzan uno al otro. La novela tiene un aire de familia con «Las amistades peligrosas», de Chloderlos de Laclos; esa estructura triangular, en la que dos personajes se lanzan a un peligroso juego que acabará en desdicha para una tercera persona. Tanto uno como otra carecen de sentido de la moral, incluso llegan a ser insensibles a todo sentimiento o emoción.
La marquesa está aburrida, y el aburrimiento es la madre de muchas bajezas. Entre ella y su presunto amante, que no lo será de facto, tejen una trama en la que la atrapada resulta ser la joven e ingenua condesita, prendada de amor por Raimbaud de Maulèvrier.
Primera novela de D’Aurevilly, fue publicada en 1841 y al parecer refleja una experiencia desafortunada entre el propio autor y la marquesa Armance de Vallon. Elegantemente escrita, con un lenguaje barroco y muy complejo, que a veces resulta hasta difícil de seguir, por las múltiples alusiones, sugerencias, ironías y sarcasmos, el duelo lingüístico entre los dos protagonistas les hace mantener una relación amistosa de por vida, amistad que nunca pasará de ahí, por más que lo deseen, porque son incapaces de sentir realmente y todo se limita a un juego. Un juego que tendrá consecuencias penosas para la pobre condesita de Anglure.
La vida en los salones, las distracciones aristocráticas, las murmuraciones, la cortés hipocresía, la doble vida de las damas casadas por conveniencias cuyos maridos viven ignorándolas y empujándolas a buscar amantes, crea un ambiente en el que todo es ficticio, las conversaciones son competiciones de ingenio, las normas sociales son complicadas y la simpleza e inocencia se ven penalizadas. En sociedad no se puede sino fingir: las relaciones sociales del salón son puro fingimiento, nadie puede destapar sus sentimientos…hasta el punto de que los sentimientos reales acaban por desaparecer, y sólo cabe desarrollar un inmenso teatro en el que el juego erótico y amoroso se sigue sin fundamento, sin deseo verdadero. Y cuando el deseo existe, es machacado y destrozado por los celos, el desprecio y la crueldad.
El caballero Maulèvrier parece estar loco de deseo por la marquesa; ella, a su vez, le incita y le frena. Toda la relación entre ambos es un intento de acercamiento y un alejamiento inmediato: un tira y afloja, una provocación y una frustración. Pero no nos quedemos en la superficie del proceso, porque el drama de la marquesa de Gesvres es que resulta incapaz de sentir una pasión, por más que lo intente en sus juegos con Raimbaud. Y este, que cree amar, acaba por perder el interés y sobre todo, cae en la trampa de la marquesa, siendo finalmente incapaz de amar, como ella.

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